Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: abril, 2015

Y van 500

Pues sí. Éste que estáis leyendo es mi post número 500. Se dice pronto eh. No voy a colgarme medallas, ni decir que ha sido a base de trabajo, esfuerzo, sacrificio… no os voy a decir que ha sido un golpe de riñón constante, porque, simplemente, no es verdad. Ha sido un placer (casi siempre, claro), creo que he disfrutado más yo de vosotros que vosotros de mí. Ha sido una cura a mi escasa salud mental, una forma de abrirme al mundo, de sacar las cosas que llevo dentro. Y lo curioso es que nadie se ha asustado, al menos no demasiado.

Una de las cosas más curiosas que me viene pasando desde hace tiempo es que, poco a poco, vas tejiendo una pequeña red de contactos en este particular mundo de los blogs. Nos leemos, nos hablamos, nos cuidamos, nos envidiamos, pero de forma sana. Es una familia sin cara, pero con mucha voz.

Tengo por costumbre ceder estos números tan redondos a personas que significan algo, que creo que tienen algo especial. Bueno más que creerlo lo sé. Cuando llegué al post número 200 cedí la palabra a mi amiga Aina, culpable de todo esto. la única persona capaz de conseguir que me sintiera retado y me pusiera las pilas. Lo reconozco, al principio lo hice por llevarle la contraria, luego me enganché. En el 300 pasaron a saludaros dos buenas amigas, Geno y Helena, bueno, para ser sinceros más Geno que Helena, pero buenas amigas son ambas. En el 400 dejé que al que le apeteciese me mandara algo, y tuve la suerte de que Cristina y Valeria recogieran el guante (hubo alguien más, pero eso es otra historia).

Hemos llegado al 500. En este caso os dejo con una persona de esa familia sin cara que os comentaba antes. Alguien que desde que empecé a leerla me llamó la atención. Una persona que no grita, susurra, que no da un portazo, se cuela por un resquicio. Livia ha tenido a bien dejarme unas líneas y yo encantado de que las leáis. Tenéis más cosas suyas en http://liviadeandres.com os lo recomiendo.

Os dejo con ella, Livia, gallega de pro como vais a poder comprobar ahora mismo. Gracias a todos, gracias por todo.


Confundida

Si no fuera jueves, sería martes

Todos los días me confundo con otra

Creo que no soy yo

Me miro detenidamente en el espejo

No he sido así toda mi vida

En relidad, soy otras

Soy muchas versiones de mí misma

Puedo ser jueves o martes

O cualquier día de la semana

Pero nunca soy absolutamente yo

No es nada gracioso ser otras por ahí

Confundo a la gente

Porque me confunden con otras

Hasta yo misma me confundo

Porque los jueves soy una y los martes otra

Pero nunca soy yo

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Se masca la tragedia

Hay expresiones que guardamos en la misma caja que las sonrisas a extraños y los lunes festivos. En la caja de todo lo escaso que está en peligro de extinción. Quizá de todas ellas la reina sea la palabra “próspero”. En una época de invernaderos donde todo el año disfrutamos de lo que nos da la gana, ésta es una expresión de temporada. Vamos de navidad. Y es que quitar del próspero el año nuevo, es como quitarle el pan a los huevos fritos, quitarle a Mortadelo su Filemón o vestir a Wally sin camiseta de rayas. Queda raro.

Pero aún siendo ésa la reina hay más. Muchas más. Como eso de “se masca la tragedia” porque de verdad que creo que es el único momento en el que empleamos ese verbo. Recuerdo hace años (soy algo mayor, lo sé) que en los chicles ponía eso de “goma de mascar”, a mí me hacía gracia. Para mí las gomas de mascar era esas de Milán (como el hijo de Shakira), las de nata. Era provocar ¿quién no le ha dado un bocado a una? Hacer una goma para niños con olor a nata tiene el mismo sentido que diseñar aire acondicionado para esquimales. Para mí que es el mismo tío que diseña los abre fáciles. Seguro que nació en lunes.

¿Y el can Cerbero? Estoy convencido que muchos campeones de esos de trono y tupé creen que es una palabra, todo junto, cancerbero, sinónimo de porteto y ya, y punto. Qué perro ni qué niño muerto hombre.

Dios mediante, sólo se dice en las invitaciones de bodas, pero de esas que vienen en papel gordito, con letras chulas y mapita adjunto para que no nos perdamos (aún así yo me puedo perder sin ningún problema). ¿Alguien se imagina poniendo Dios mediante por watsapp? No sé, me hace gracia pensarlo, imagino que eso es más propio del clero, aunque desde que salió la peli de sister act el personal se ha revolucionado y ya hemos visto una monja en La Voz en Italia y en cura aquí. Y eso que la monja de la peli no era monja de verdad. La realidad supera con creces la ficción.

Seguro que se os pasan mil expresiones más por la cabeza, yo, de pensar en mascar, voy a por un paquete de chicles.

El camino de las excusas

Normalmente hace un tiempo, cuando empecé todas las mañanas a contaros mis cosas, usaba el ratito que tenía que anda de casa al trabajo para pensar qué iba a escribir. A veces era muy sencillo, a veces desde el día anterior ya lo tenía muy claro y, mentalmente, por el camino lo iba armando. Otras veces no, otras por la calle me fijaba en alguna cosa absurda. Alguna de esas cosas que suelen pasar inadvertidas, que casi nadie se da cuenta y que simplemente no le prestan atención. No es que yo tenga una capacidad especial para fijarme en las cosas, ni que sea más listo que nadie. Lo que pasa es que el aburrimiento te hace estar más atento. Cuando el demonio no sabe qué hacer mata moscas con el rabo, o eso dicen.

Otras veces me costaba mucho pensar en qué os iba a contar. Llevo bastantes más de 400 posts, casi 500, cuando mi compañera, y cada vez más amiga, de la oficina se enteró de la cifra me dijo algo así como “qué cansino eres ¿no?”. Ella es así de cariñosa, pero en el fondo tiene algo de razón. No es fácil sacar adelante esto tan a menudo, no siempre uno tiene el ingenio, las ganas, las palabras… pero bueno se intenta. He de reconocer que a veces simplemente lo hago por coger soltura. Al final yo, que soy periodista, si quiero tener soltura escribiendo, lo que tengo que hacer es escribir. Es una verdad que supongo que alguno de los que me leéis sabéis ya.

Hace poco alguien me preguntó qué podía hacer para escribir bien. Pues escribe mucho, de muchas formas, en muchos momentos… Y poco a poco vete buscando tu propio estilo.

Ahora suelo ir oyendo la radio por la calle. Lo malo de poner la radio es que te vuelves un ser pasivo. No piensas, sino que te limitas a recibir la información y, si acaso, a sonreír si es que el comentario que has oído lo merece. La que sí me aporta la radio es que me meto en mi mundo y el camino se me pasa más rápido. El camino al trabajo un lunes por la mañana podría equipararse al “walk of shame” de un domingo.

Pero como un desastre, creo que a estas alturas ya nadie duda de ello, hay días en los que me dejo los cascos. Y no puedo oír la radio. Me he dado cuenta de que ya no voy fijándome en las cosas que me rodean. Me he acostumbrado a meterme en mi mundo y sin radio, mi mente empieza a pensar en todo lo que podría pasar para no tener que ir a la oficina.

Lo primero que a todos se nos pasa por la cabeza es estar enfermo. Tarde, ya estoy en la calle y no lo estoy. ¿Estar enfermo compensa por el hecho de quedarse en casa? Pues no lo creo la verdad. Ay aquellos tiempos de “me duele la tripa”, de termómetro en la bombilla, de la cara de risa de tu madre si veía que tenías 45 de fiebre (lógica de niño, más fiebre, más malito, menos cole), de poner la tele bajita en el cuarto y apagarla corriendo y hacerte el dormido si oías pasos…

Pues no, no estamos enfermos, descartamos esa opción. Poder ir andando al trabajo es un lujo, es calidad de vida, es comodidad, pero para lo que nos importa nos quita muchas posibilidades. No hay atascos, no hay cortes de carreteras ni retrasos en el transporte. “Lo siento, voy a llegar la tarde a la oficina porque ya han pasado los zapatos de las 8:30”. Queda un poco raro ¿no?

También he pensado en un aviso de bomba, bueno, para ser sincero lo pensaba. Porque ya ha pasado y el resultado no me gustó. Porque al final me mandaron a casa (como vives cerca) a trabajar desde mi ordenador mientras ellos… ellos desayunaban. “¿Cómo va el informe Fer? Pasame la mantequilla”. Pobre de mí (se buscan abrazos).

Entonces pensé ¿y si hay algún gas tóxico? Pues… Más o menos… También ha pasado. Estuvieron barnizando el piso de al lado. ¿Alguien ha pasado ocho horas al día oliendo el barniz? Si los obreros van con mascarilla una de dos, o son todos chinos, o es que respirar eso no es sano. Tiendo a pensar en la segunda opción. Fue un día productivo de trabajo con nuestros nuevos compañeros, el elefante rosa, el dragón que escupía flores, la abeja Maya haciendo calceta…

En fin, que a base de ir pensando excusas me veo en la puerta de la oficina. Y se me pasa por la mente la última. Mi última oportunidad. ¿Y si llamo y nadie me abre? Nunca ha sucedido.

Juanito

Por si no lo sabéis, que seguro que sí porque he sido bastante pesado con el tema, desde hace algo más de un mes ya tenemos a mi ahijado entre nosotros. La familia Población tiene nuevo actor protagonista, en nuestro equipo ya hay una nueva figura y los demás nos limitamos a trabajar para que se luzca. Y tan felices y tan contentos.

Los que tenemos las mismas probabilidades de ser padres que de ganar un nobel (pocas) el ser padrino es nuestro punto cumbre. Tenía ganas, me apetecía y me hace ilusión. Y Juanito no es el bebé que mejor se porta, no os voy a engañar, es algo llorica. Mi padre dice que es igual que yo de pequeño, mucho llanto, mucho mimo y nada de cuna. Pues mira desde sus primeros pasos va marcando hoja de ruta hacia su padrino. Cacique tiene otro futuro consumidor.

Ahora es muy pequeño, estoy deseando que pasen un par de años para poder empezar a jugar, a ir al parque, a llevarlo al cine, al campo… Tengo guardados en cajas los juguetes de cuando yo era pequeño y estoy deseando sacarlos de nuevo. Vale, puede que lo esté usando como excusa y no sé cuál de los dos se lo va a pasar mejor, pero ya me conocéis, tengo mi complejo de Peter Pan.

En la casa Población las cosas han cambiado, los roles han cambiado, las prioridades han cambiado. El próximo verano el cochecito será nuestro centro de atención y pasearemos orgullos presumiendo del nuevo fichaje del clan. Illa illa illa Juanito Maravilla.

Se rumorea que en el mercado de invierno tendremos un nuevo fichaje, yo quiero chico para tener la versión familiar de Zipi y Zape. Sea lo que sea será bienvenido. Venga Juanito, ánimo crece y no llores.

Me vendo barato

De verdad, pero muy barato, vamos que casi me regalo, que si me apuras pago yo. Que me da lo mismo ocho que ochenta y salga el sol por Antequera. Que como te digo una co te digo la o. De verdad, o de mentira, o yo qué sé y qué sé yo. Que vivo a media tinta, a medio gas, a media luz, a media luz los dos.

Soy objetor de ir a misa, paciente intranquilo, capitalista generoso, borracho sobrio y político honrado. Qué es lo que tengo, que tengo de to. Y de nada. O a medias, pero de una en una, que la otra es la versión extendida de los calcetines prófugos. ¿Cuáles se escapan más los del pie derecho o los del derecho? Solución, usar calcetines con dedos y hacer estadística. Estadística, la mejor forma de explicar lo que no se puede entender y justificar lo que no tiene vuelta de hoja.

Me vendo, o me subasto, o me regalo, o me expropio, o me escracheo, o me pongo en cuarentena me subo el ego y voy a la guerra con diez cañones por banda y el manco de Lepanto por timonel. Donde te lleva el destino no te trae la vida.

Entre venta y venta remato en las Ventas y pido el indulto al torero esperando que el toro no se corte la coleta y apriete en varas. O irse de varas. Lo mismo no es, pero me da lo mismo.

Tanta venta me ha dejado sin precio, por exceso o por defecto, pregunten a mi abogada que juega a dos bandas y remata planchando a propios y ajenos. Un rato barato de ventas que siempre, o nunca, lamentas.

La una… mala hora

La una es muy mala hora. Lo es, lo eso porque muchos ya estamos con el estómago pegando gritos, con el cerebro de camino a casa, restaurante o táper y el cuerpo tratando de perseguirlo, pero atado por el reloj. La una es esa hora en la que vas aparcando cosas que ya harás por la tarde y empiezas a pensar en tu soltura usando el verdadero trío mágico: tenedor, cuchillo y cuchara. Los tres tenores, la BBC, la MSN… principiantes. El único trío que se puede comparar con estos tres magníficos serían los Reyes Magos. Yo los veo más como complementarios que como enemigos, que un año Sus Majestades me trajeron un jamón.

La una es la hora de esa entrañable tradición que yo creo que los jóvenes (sí, me he puesto como joven, nada de risitas) estamos perdiendo: el aperitivo. Porque el aperitivo implica que luego vas a comer, el aperitivo exige parón y vuelta a empezar y vamos siendo cada vez más fans de un todo junto. En mi caso el todo junto cambia a vaso, cuando el tenedor se queda en paro.

Sí, lo que estáis sospechando es cierto, tengo hambre. Hambre de comer y de antojos, que no es lo mismo. Que con el hambre de comer cualquier cosa te vale, el caso es masticar, deglutir, introducir en el estómago… Pero con el hambre de antojos es diferente… Son los me apetece. Rollo embarazada ¿estaré embarazado? Porque mis antojos son comentados y no siempre aplaudidos, porque Murphy conmigo se parte y cada vez que se me antoja algo o no hay o el sitio está cerrado. Por cierto nunca he entendido que un restaurante cierre los domingos, justo el día que todos (bueno casi) podemos salir a comer. No lo entiendo.

En fin, que la una es una mala hora, la una un lunes es peor y mis martes son mis nuevos lunes. Cuidado que ahora muerdo.

Cuando piensas que nadie te ve

Cuando piensas que nadie te ve, que nadie te siente, que nadie se para para tenderte una mano y que el mundo en general es poco pródigo en cariño. Cuando piensas que el mañana es el ayer sin la mayoría de edad cumplida, que en tu laberinto el minotauro tiene familia numerosa y la brújula juega a cara a cruz con tu destino. Cuando tus labios permanecen tan hieráticos que sonreír te duele.

Entonces, sólo entonces te recuerdo. Dibujo con mi mente la imagen de tu cara. Despacio, con detalle, tratando de no deslumbrarme con tu luz, de ser justo con tu recuerdo. Entono tus frases, tus risas, tus consejos. Busco cada pieza de recuerdos que tengo y las pongo sobre la mesa para montar el enorme puzzle que eres. Tan sencillo y tan complejo.

El recuerdo de lo que pudo haber sido, lo que pudimos haber sido ¿de lo que seremos? Pasan los días como nazarenos en Semana Santa. Despacio, iguales, sentidos… con el sentimiento a flor de piel, pero con la lenta cadencia de penar cada paso. Y avanzo hacia ningún lugar sin más meta que volverte ni más ganas que de ti.

León come gamba

Lo siento, pero no me puedo resistir. Necesito sacarlo, decirlo, que lo sepáis… yo quiero un león come gamba. Es más, no pienso morirme sin probar ese plato. Animo a los restaurantes, tascas, bares y demás de España a que incluyan el plato en su carta. Que se forran, pero fijo. Que no digo yo que vaya a repetir, que haya que ponerlo en el menú del estilo los lunes paella, los martes león come gamba, pero probarlo hay que probarlo ya mismo.

La curiosidad mató al gato, dicen, aunque también dicen que los gatos tienen siete vidas, luego ya tienen que ser curiosos los gatos para morirse siete veces. En fin, que aunque sólo sea por curiosidad ese plato debería estar a disposición del gran público. De las entrañas del mundo Masterchef a lo cotidiano de la tasca Manolo, con mis respetos para Manolo por supuesto.

Lo malo es con la carita de bueno que tiene el león da hasta penita comérselo, pasa como con aquella mortadela que había cuando yo era pequeño que tenía la silueta de Michey Mouse. Bueno eso, más que pena, daba un poco de asco… aunque eso es otro tema porque me da la sensación que es mejor no saber todo lo que nos hemos comido de pequeños.

Ese plato sublime, ese ejercicio de alto nivel culinario, esa… esa patata con bigotes y dos pimientas rosas vamos. Yo lo pongo al nivel de la tortilla deconstruída, de los aires, las espumas… Manolete si no sabes torear pa qué te metes. Que los hay que los dominan y nos sorprenden, los demás vayamos a lo de siempre.

Pero el león… ay mi león, el león se quedó en cachorrito y corrió a esconderse en las faldas de Eva González. Bien hecho león, de esconderme en algún lado ése sería gran sitio. Lo dicho ¿quién me invita a un león come gamba?

No era excusa, era necesidad

Los lunes son malos, son caca, son feos (como ya le he dicho a una persona especial). Los lunes es la caja de Pandora abierta de par de par. La crisis empezó un lunes, a mi ex la conocí un lunes, un lunes empecé a trabajar y un lunes nació Belén Esteban. Lunes caca vamos.

Si al lunes, mala gente de por sí, le sumas inicio de primavera con su maravilloso polen, la cosa se complica. Por que entre estornudos la conversaciones no fluyen igual. Pues hoy doy más. Porque el polen, que seguro que se inventó un lunes, no contento con los estragos que causa en mi nariz, que me tiene goteando al ritmo que Alaya imputa, ha decidido atacar en versión “hard” (ya sabéis para ser “in” y “cool” hay que hablar “this way” OMG que te cagas).

Profe, profe, el polen malo se me ha metido en el ojo y no me deja ver. Sería genial… Pero ¿a quién me chivo yo? ¿A quién se lo cuento? ¿A quién le digo que llevo dos horas con algo dentro del ojo que me escuece, me irrita, se me cierra, llora y veo fatal? Que estoy aquí escribiendo como si Fuera Popeye y no veáis lo que me está costando.

Pues nada, haciendo uso de mis facultades mentales (no usarlas no quiere decir que no las tenga) se me ha ocurrido la idea de bajar a la farmacia. Allí llego yo, lloroso, que no triste y enrojecido, que no enfurecido. Con la lágrima surcando mi mejilla huérfana de pareja porque su afín más cercano no es partícipe de sus sentimientos. Vamos que entré llorando de un ojo y con el mismo rojo como la rosa del PSOE, aunque esa rosa está algo marchita ahora… en fin que me voy del tema.

El caso es que llego a la farmacia y me tienda una joven y bella manceba. O eso me he supuesto yo, porque con un ojo medio cerrado y el otro lloroso podía ser Soraya Sáenz de Santa María y no me habría enterado. El caso es que le indico mi mal. Me mira, hace una pausa de dos segundos, me entrega una caja de veinte ampollas de suero y me despide agilmente con un “son dos con treinta y cinco”. Sin rimas, eso sí.

Que yo no buscaba alardes, que no ando tan falto de cariño, que no era excusa, era necesidad. Y aquí sigo, con el ojo rojo, lloroso, medio tuerto y con 19 ampollas de suero. Lunes caca.

Pasarlo bien en la oficina

Ay Eva la que nos has liado. Y por una manzana, por una puta manzana. Que si fuera por un jamón ibérico pase, pero ¿una manzana? ¿de verdad que valía la pena? Pues nada que a la niña le dio por hacer el gamberro y lanzarse a comer la manzanita de marras, y desde ese día a los seres humanos nos toca trabajar.

Bueno… todos tenemos que trabajar menos los ricos, los funcionarios, los políticos, los trepas, los jubilados, los ni nis… uff vale, está claro que los que trabajamos somos los pringados. Por tu culpa Eva, por tu gran culpa.

Trabajo: llamase trabajo a algo que haces ocho horas al día para que al final de cada mes (o muy entrado el siguiente) entre en tu cuenta una cantidad de dinero para que puedas comer, beber (a veces más de la cuenta) y vivir.

Y está bien, está montado así y no voy a ser yo quien ponga patas arriba el chiringuito, pero que me engañen no, que traten de colarmela no. Seamos serios.

Porque hoy escuchando la radio van y me dicen que hoy en España celebramos el día de pasarlo bien en el trabajo. Sí, me has leído bien, el día de pasarlo bien en el trabajo. Pasarlo bien y trabajo son conceptos que no pegan, son ideas que no se pueden unir, como gato y simpático, como lluvia y bikini, como Madrid y playa, como agosto y cocido (aunque esto último lo he practicado, pero os tengo dicho que tenéis que hacer lo que os diga no lo que yo haga)… señores, que lo primero que hacemos para pasarlo bien es no trabajar.

Venga vamos a pasarlo bien en el trabajo, las chicas que disfruten su depilación, nosotros de nuestro tacto rectal, seamos felices en el dentista, gocemos como locos pagando los impuestos y lleguemos al orgasmo metiendo los dedos en la Thermomix… que nos va el sado, lo duro, que nos peguen, pero a base de bien.

Día de pasarlo bien en el trabajo podría compararse con el día internacional del váter (que también existe), lo que viene a ser un día de mierda.