Cuando menos te lo esperas, alguien dice la verdad

por Fer Población

No estamos acostumbrados a ella. Ya no. Si alguien dice la verdad así en seco, a pelo, sin avisar, nos da un susto que nos pone patas arriba y nos deja con cara de tontos. Sí, más cara de tontos que lo habitual. Porque oír una verdad hoy en día es casi tan complicado como ver un lince, o como encontrar pareja a partir de los 35, o como comer marisco sin mancharse, o como aparcar por el centro de Madrid, o como conseguir mesa en DiverXO, o como conseguir que mi sobrino duerma ocho horas… vamos que pilláis la idea.

Porque una verdad es una verdad sin maquillaje. Todo lo que le pongas encima, lo que le añadas, quites o matices, le hace ser menos verdad. Ahora hablan de cocina de producto, de dar protagonismo a la materia prima sin enmascararla. Pues habría que hacer lo mismo con la verdad. Hay riesgo de enfados, bofetadas y cabreos. Lo sé, lo reconozco. Si tu pareja te pregunta cómo le sienta el vestido, quizá el comentario de “mal” no va a ser aplaudido. Pero es la verdad. Y os digo algo, a base de decir varias veces que eso le sienta mal, el día que digas que está muy guapa sabrá que es verdad, y se sentirá muy guapa.

Y puede que algunos o algunas tiendan a pensar (y suban a tender) que yo no digo la verdad. Que yo siempre hablo en positivo. Lo que pasa es que yo siempre busco la parte buena y la hago saber, la proclamo, la exalto, la envío…

Para mí que la verdad es tímida, que está tan harta de ver cómo por ella se mete la pata que se esconde detrás de lo políticamente correcto. Y está mucho más fea, y aporta mucho menos… pero ella se queda ahí chupando banquillo y esperando que el mister no la saque a jugar. La verdad es algo vaga también.

Lo curioso es que hay días, o más bien momentos, en los que hay verdades que sientan cátedra y realmente te sorprenden. Te dejan con la boca abierta, te sientes como si tu hubiera pasado un camión por encima. Esas verdades suelen ser de quien menos te lo esperas, de quien no tiene nada que perder, pero sí mucho que aportar.

Hay verdades y verdades. Algunas pasan sin pena ni gloria. Hoy es martes, pues sí, es verdad. Yo te quiero, gran verdad. Porque las verdades pesan, pero como las personas, no todas pesan lo mismo. Y, también como la personas, no por pesar más o menos, son más o menos bonitas. Bueno al menos eso debería ser así, pero es verdad que no siempre.

Quiero verdades, las quiero, las amo, las necesito. Las quiero a todas horas. No quiero tu verdad, quiero la verdad, pero de verdad que la quiero y es que, cuando menos te lo esperas, alguien dice la verdad.

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