Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: abril, 2015

Cuando menos te lo esperas, alguien dice la verdad

No estamos acostumbrados a ella. Ya no. Si alguien dice la verdad así en seco, a pelo, sin avisar, nos da un susto que nos pone patas arriba y nos deja con cara de tontos. Sí, más cara de tontos que lo habitual. Porque oír una verdad hoy en día es casi tan complicado como ver un lince, o como encontrar pareja a partir de los 35, o como comer marisco sin mancharse, o como aparcar por el centro de Madrid, o como conseguir mesa en DiverXO, o como conseguir que mi sobrino duerma ocho horas… vamos que pilláis la idea.

Porque una verdad es una verdad sin maquillaje. Todo lo que le pongas encima, lo que le añadas, quites o matices, le hace ser menos verdad. Ahora hablan de cocina de producto, de dar protagonismo a la materia prima sin enmascararla. Pues habría que hacer lo mismo con la verdad. Hay riesgo de enfados, bofetadas y cabreos. Lo sé, lo reconozco. Si tu pareja te pregunta cómo le sienta el vestido, quizá el comentario de “mal” no va a ser aplaudido. Pero es la verdad. Y os digo algo, a base de decir varias veces que eso le sienta mal, el día que digas que está muy guapa sabrá que es verdad, y se sentirá muy guapa.

Y puede que algunos o algunas tiendan a pensar (y suban a tender) que yo no digo la verdad. Que yo siempre hablo en positivo. Lo que pasa es que yo siempre busco la parte buena y la hago saber, la proclamo, la exalto, la envío…

Para mí que la verdad es tímida, que está tan harta de ver cómo por ella se mete la pata que se esconde detrás de lo políticamente correcto. Y está mucho más fea, y aporta mucho menos… pero ella se queda ahí chupando banquillo y esperando que el mister no la saque a jugar. La verdad es algo vaga también.

Lo curioso es que hay días, o más bien momentos, en los que hay verdades que sientan cátedra y realmente te sorprenden. Te dejan con la boca abierta, te sientes como si tu hubiera pasado un camión por encima. Esas verdades suelen ser de quien menos te lo esperas, de quien no tiene nada que perder, pero sí mucho que aportar.

Hay verdades y verdades. Algunas pasan sin pena ni gloria. Hoy es martes, pues sí, es verdad. Yo te quiero, gran verdad. Porque las verdades pesan, pero como las personas, no todas pesan lo mismo. Y, también como la personas, no por pesar más o menos, son más o menos bonitas. Bueno al menos eso debería ser así, pero es verdad que no siempre.

Quiero verdades, las quiero, las amo, las necesito. Las quiero a todas horas. No quiero tu verdad, quiero la verdad, pero de verdad que la quiero y es que, cuando menos te lo esperas, alguien dice la verdad.

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¡Viva México cabrones!

Pues sí, ya he vuelto de allende los mares y retomo mis locuras por escrito, que sé que os he abandonado mucho. Perdón, perdón, perdón… ¿si me pongo de rodillas y lloro y pataleo me perdonáis? Por fi!

Uys, creo que estoy peor de lo que pensaba… en fin, como os iba diciendo, que acabo de volver de México. De una boda. Gran boda. Creo que aún tengo la mezcla en el cuerpo entre alegría y emoción, o puede que simplemente sea el jet lag, yo qué sé, nunca he sido muy listo.

El caso es que se ha casado mi amigo Carlos, y bien casado, y yo que me alegro, porque lo mejor que se les puede decir a unos novios es que se merecen mutuamente. Esta es la segunda vez que yo lo digo, aunque realmente espero que esta vez la cosa funcione mejor que la primera, pero mucho mejor, aunque no tengo dudas de ello. Qué gran pareja hacéis Carlos y Pelanchis. Enorme, de esas que siempre quieres a tu lado. Juntos o por separado, pero los dos sois grandes, muy grandes.

A mi calendario de bodas de este año aún le quedan tres fechas en rojo. Que puede que para muchos os parezca algo sencillo, que me sé de parejas que hacen la ola el fin de semana que no tienen que ir a prensenciar un Sí quiero, pero a mi personalmente, que para eso soy el que escribe, me parece que voy servido. es más, tengo la suerte de poder decir que me apetecen las tres. Cada una por sus motivos y razones claro.

Y cuando pensaba que ya era game over, que la partida había terminado, que las cartas estaban sobre la mesa y se oía el no va más… en ese momento la vida, que se descojona conmigo, me tenía una sorpresa más. Pero esta vez la vida y yo nos reímos juntos, y eso es mucho mejor.

Cuando menos te lo esperas pasa algo, mucho de algo, muchas horas de algo y muchos kilómetros de lo mismo. Porque la vida es así, tan pronto te raciona las sensaciones como que te hace atragantarte de ellas. La vida es como yo, que no tengo medida, que las cosas se me suelen ir de las manos y entono con alegría el no vuelvo a… En el fondo tiene sentido que mi vida sea como yo, o quizá es que yo soy como mi vida… qué sé yo.

No sé qué o cómo va a pasar. Sea lo que sea aquí estoy para disfrutarlo, y ¡encima hace sol!