Un cerebro prófugo

por Fer Población

Hay días que tu trabajo merece toda la atención, que cinco sentidos no te bastan y te duele la cabeza te mirar intensamente a la pantalla. Como si tuvieras super poderes, como si fueras capaz de mirar dentro del ordenador, ver todas esas filas de números verdes que Matrix nos ha asegurado que existen y poner algo de orden para que todo salga bien. Hay días de esos.

Pero hay días que son todo lo contrario, días en los que tienes que hacer un trabajo mecánico, repetitivo, como el padre de Charlie que se pasaba horas poniendo el tapón a los tubos de pasta de dientes. Al menos en mi trabajo tengo diferentes tipos de días. Puede que tú no, pero yo sí. Hoy es de los segundos, de los que soy más robot que persona y por más que empuje las agujas del reloj el tiempo su tumba a la Bartola y no le da la gana de moverse.

Y estos días son los que, a veces, mi cerebro se va de viaje. Pone el piloto automático y se pega una vuelta por un país multicolor con su abeja bajo el sol y todo. Salta de un lado a otro sin prisa ni sentigo. Mi cerebro hace zapping. En algunos momentos me acuerdo de personas, de lugares, de cosas que hice, de las que no debí hacer, recuerdo canciones y olores. Los olores, qué fuerza tienen los olores para hacernos recordar. Un día una chica me dijo “hueles como mi ex”, pues no, él olía como yo, porque el que está aquí, delante tuyo soy yo. El pasado hay que guardarlo, pero el presente a vivirlo.

Mi cerebro corre por las azoteas y huye de los baños de realidad. Esquiva las líneas rectas y me recorta en seco cuando le llamo al orden y trato de traerlo de vuelta. Porque mi cerebro no es alemán, es español, español, español… Aunque eso ya lo decimos mucho menos.

Porque sí, yo sí puedo. Yo sí puedo soltar a mi cerebro a que se dé unas carreras y seguir trabajando, yo sí puedo hacer dos cosas a la vez. Y sé que es raro, pero nunca he dicho que no lo sea, es más muchas veces me he mostrado orgulloso de ello.

Mi cerebro ahora va de plato en plato y mi cuerpo, porque el cuerpo suele quedarse atrás cuando el cerebro huye, nota las consecuencias y gruñe de envidia. Hoy es un día para sacar el cerebro a pasear, si lo veis por ahí saludadle de mi parte y decidle que vuelta, si puede ser antes de Navidad mejor que mejor.