Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: junio, 2015

El cerebro recalentado

No lo entiendo, no entiendo eso que dicen de estar muy caliente y lo asimilan con ganas de “cositas malas”, de “triki triki”, vamos lo que es de mantener relaciones sexuales. Con el calor que hace, por dios, si lo único que me dan ganas a míes de comerme un helado, poner el aire acondicionado o vivir dentro de una bañera como si fuera la sirena de Splash.

Que ya lo decía un amigo, hace más calor que follando debajo de un plástico, el chico muy fino no era, pero gráfico un rato porque se le entendía la mar de bien.

Lo malo, lo muy malo, lo malísimo, es que justo ahora que nos atacan estos calores, empezamos con la retahíla de fotos en todas las redes sociales, pero todas, de playas, piscinas, pies y refrescos. Cabrones, gente sin piedad ni corazón, seres del inframundo que disfrutáis con el mal ajeno. Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y a mí en bañador con una cañita fría, espero.

Con este calor, con el cerebro en pausa, es cuando se nos ocurren las mejores peores ideas del mundo. Las chanclas con calcetines, las gorras con ventiladores, las neveras de playa, los cartones para el parabrisas de los coches… todo eso ha surgido de un golpe de calor seguro. Ideas absurdas que no valen para nada, pero que nos empeñamos en decidir que sí. Lo bonito que es autoengañarse eh, como aquello de no me ha dejado ella, lo hemos dejado los dos, aquello de el mes que viene me apunto al gimnasio, o eso de un capítulo más y me voy a dormir. Somos simples, pero felices.

El calor nos da pereza, nos hace reptar por las sombras como si fuéramos vampiros, nos lleva a caer de bar en bar como de oca en oca y sin ganas de tirárnos a nadie. El calor adormece y aletarga y las siestas invernales que eran de sofá y mantita, pasan a maratones de pijama y orinal.

Hace mucho calor para seguir escribiendo, me da pereza.

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Con la maldad por delante

Somos malos, somos el eje del mal, somos crueles, perversos, nos reímos de los defectos ajenos, de los propios, de los que están por venir y de los que ya han pasado. Somos así, qué le vamos a hacer. Pero nos gusta, porque ser malos es más divertido. Los malos nos lo pasamos mejor, tenemos más imaginación y pensamos más rápido. Los malos somos el futuro. Ponga un malo en su vida, le irá mejor seguro.

No todo el mundo puede ser malo. El malo ¿nace o se hace? Nace señores, nace. La maldad viene por genética y no se puede aprender. Hay gente que no le sale, gente que lo más cruel que te dice es “ojalá que te regalen una taza de Mr Wonderfull y se te rompa”, como la nueva becaria de nuestra oficina. Alias: Candy Candy, creo que los motivos son más que evidentes.

Es la niña piruleta, el oso amoroso, la vida en tutú. Y si en medio del eje del mal metes cuarto y mitad de azúcar el resultado es, cuando menos, curioso. Estilo nueva cocina de esa que hacen las nuevas divas del mundo, los que de toda la vida de dios eran cocineros, y ahora se auto llaman chefs.

Pero las mezclas hay veces que funcionan. Como el melón con jamón. el salmorejo con jamón… bueno es que cualquier cosa con jamón funciona. Esto viene por mi parte declarada y firme de mi jamonianismo activo y confeso (me he tomado un bocadillo hoy en la oficina y tengo el maravilloso recuerdo en la mente).

Lo dicho que tenemos chica nueva en la oficina y está llenando nuestras mañanas (por la tarde ella, ELLA libra, los demás no) de ovejas, de momentos cuquis y de tuppers especiales para no aplastar el sándwich. Os tendré informados de sus aventuras y desventuras.

Hace tiempo

Hace tiempo que no salto en los charcos, que no me río hasta que me duela la tripa, que no vivo sin más y no persigo los pájaros que me salen de la cabeza. Hace tiempo que soy mi sombra, o mi susurro, o mi fotocopia en blanco y negro. Hace tiempo que veo los toros desde la barrera, que busco soluciones creando problemas y que me pongo un velo con el alma en vilo.

Hace meses que busco un por qué, un cuándo, un dónde, un cómo. Hace tiempo que no como con ganas, que bebo a sorbos, aunque sean muchos y que la montera del mundo la he brindado al público por aquello del qué dirán.

Hace años que mi dni está borroso y dudo de mis datos y mis dotes. Porque yo no puedo ser yo si tú no me dices quién soy. Yo soy yo contigo. Si yo no te tengo a ti para qué seguir.

Las risas que pasan pesan, los hojas del calendario se acumulan listas para reciclar y buscar un uso útil que se estire o aparte de la mueca que viene a ser mi vida. Día tras día, gota tras gota, momentos acumulados a fuerza de cincel que no dejan sino meros recuerdos ajenos y cicatrices en mi alma.

Porque hace tiempo que me miro y no me veo, que aspiro a ser y espero serlo, que juego al escondite conmigo, pero me he olvidado de contar. Hace tiempo que sé que no sé nada y no hago nada por remediarlo.

Y el tiempo es bien escaso y yo, que soy un caso, pierdo el tiempo en contártelo.

La camisa rancia

Mi asistenta y yo jugamos al escondite. A veces pienso que puede que sea Eurastio, pero él jura y perjura que no. Pensemos que es la asistenta. Porque ella ordena las cosas a su manera, y yo a la mía. Puede que para un ojo poco entrenado lo que yo hago no parezca orden, pero os aseguro que hay un perfecto sistema donde todo cuadra dentro del aparente caos reinante (¿ha colado?).

Y normalmente cuando busco una cosa encuentro otra. Esto creo que nos pasa a muchos. En mi caso buscaba un pantalón de pijama. Porque veréis, ése es otro tema, muchas veces he dicho eso de que a los chicos nos gusta ponernos el pantalón de pijama y una camiseta para dormir. Bien. Pues las marcas de pijama (me sigue haciendo mucha gracia tener pijamas de marca Nocturnia, soy así de tonto) deben haber hecho un riguroso estudio de este mercado y, conscientes de este fenómeno, sacan una nueva línea de productos que consisten en pantalón de pijama y camiseta.

Pues oye, conmigo ni por esas. Porque me gusta usar mis camisetas. Lo agusto que te sientes al dormir es directamente proporcional a los años de dicha camiseta. En fin, que me voy por las ramas. El caso es que buscando el pantalón del pijama, abrí el cajón de abajo. El cajón de abajo es parecido al trastero, van cayendo ahí cosas que puede que no vuelvan a ver la luz del sol. Pero, sorpresa, ahí había cuatro camisas.

¿Por qué todas mis camisas están colgadas en el armario y hay cuatro dobladas en el cajón de abajo? Eso que lo responda mi asistenta. Pero ye, que yo tan feliz. Mis camisas… Como si fueran nuevas. Encontrar algo que habías olvidado que tenías es como retomar la amistad con un viejo amigo.

Total que esta mañana he ido a ese cajón para ponerme una de esas camisas. Yo feliz y contento y cuando me la he puesto… Olía a rancio, a cerrado, como cuando llegas a una casa de veraneo que lleva todo el año sin usarse. Y tienes que abrir todas las ventanas y dejar que entre el aire.

Con las camisas pasa como con las amistades, que si las retomas tiempo después hay que airearlas. Mi camisa está ahora pendiente de lavado, planchado y colgado con las demás. Como una más.

Yo, el Gremlin

Aacabo de leer, por aquello de que en internet te encuentras de todo, que hoy hace 31 años que se estrenó la película los Gremlins. ¿No había otra que eran los Critters? ¿Los Critters son los Gremlins de mercadillo? Bueno, pues eso, que hoy hace 31 años que se estrenó esa peli. No la he visto. Como muchas películas que se suponen que todos tenemos que ver, pues yo no. Me da pereza la verdad. Y sí he visto la segunda parte, y si me preguntáis que por qué la segunda parte sí y la primera no… Pues es sencillo, porque la segunda fuimos el grupo de amigos cuando teníamos unos 14 años al cine. Con 14 años no puedes excluirte de esos planes o puedes quedarte fuera del grupo. Quedarse fuera del grupo en verano supone terminar más de un día dando paseos sólo por la playa y que las madres te vean como un “chico especial”.

Pues eso, que fui al vine a ver la segunda parte. Y me llamaron la atención las normal para cuidar del bichito. Bueno, lo primero que me llamó la atención es ése enorme problema que tienen los padres americanos con los regalos. En serio, no es tan complicado. Todos tienen que salir en el último segundo a por algo y acaban en gasolineras, Seven Eleven´s (versión yanki de las tiendas de los chinos) o similares comprando lo primero que pillan al módico precio de 9,99 (dólares, claro). Aquí, de toda la vida, ha habido dos recursos para despistados. A saber: el sobre con dinero y el “dime qué quieres”. Y punto, nada de regalar mascotas compradas con nocturnidad que pueden acabar con la raza humana.

Porque el regalito tenía tela. Como las madres que ven al pequeñín jugando con algo caro y empiezan… Lo vas a romper… Lo vas a romper… Lo vas a romper… ¡Hala ya lo has roto! Señora le han sobrado tres lo vas a romper, pero claro es más sencillo criticar desde el sofá y por eso en España, en general, cada vez tenemos el culo más gordo y las piernas más débiles. Pues lo mismo con la mascotita, tenía menos peligro haber nombrado a Pocholo en sus buenos tiempos ministro de defensa.

El caso es que viendo esas tres normas básicas de cuidado, esos tres mandamientos (que diez eran muchos), pues oye que me siento algo identificado. Porque el primero era nada de Sol. Lo comparto, vaya que si lo comparto, Sol malo. Primero porque siempre he sido más nocturno que diurno, lo sabéis. Vale, últimamente me van gustando más los planes de día, pero eso es fruto de mi avanzada edad y de que poco a poco estoy perdiendo la forma. Como los futbolistas, si no estás para Champions, pues tee vas a Qatar. Y el Sol de día pues tampoco es que me siente muy bien. Primero porque por el despeje de mi azotea si me da el sol puedo parecer una cerilla, e incluso puedo llegar a arder. Aparte porque con lo blanquito que soy el sol no es que me ponga moreno, es que me deja un maravilloso tono rosado tipo cerdita Peggy que se transforma en hombre lagarto a los dos días al perder la piel. Vamos que Sol no.

Segunda norma: Nada de agua. Bueno, vamos a ver. Esto con matices eh, que yo soy muy limpito. Es más recuerdo un tiempo en unos torneos de debate que un profesor se me acercó y me dijo que creía que tenía un trastorno con el tema de las duchas porque me duchaba cinco veces al día. Lo hacía, sí, pero es que era el único rato en el que me dejaban en paz. Pero beber agua… Es una pena. Si el hombre desde el principio de los tiempos se ha empeñado en fabricar otras bebidas. Años de trabajo, de sacrificio, de ardua investigación, de sudor… ¿les vamos a hacer ese feo? No, hombre no. El agua es para ducharse, o bañarse, para lo demás tenemos de todo… Desde alguna rarita que come con manzanilla (infusión), hasta los que no paran de brindar con vodka (Gaumaryos), pasando por las clásicas cervecitas o vino.

Tercera pero no menas importante: no dar de comer después de las doce. Esa norma siempre me ha sonado a los camareros bordes de las cafeterías. Pero de España eh, que en España parece que nos gusta que nos maltraten en los bares, vamos que les llamamos jefe a los camareros simplemente porque mandan ellos y nos jodemos. Esa mítica frase de “es que acabo de apagar la plancha”, pues eso, enciéndela otra vez que fijo que aún está caliente. No, no se puede. Y a Gizmo le pasa igual, si le das de comer después de las doce se pilla tal cabreo que brota, que le dan los cuatro malos, que saca su mal interior. Vamos como el camarero.

Y yo, en mi caso, no es que saque mi lado maligno a las doce, es que si a las doce estoy por ahí es que ya lo he sacado, me he aliado con el indio Cacique y lo máximo que puedo llegar es a cenar en vaso (y no hablo de gazpacho).

Algo de Gremlin sí que tengo…

Los perros en los dibujos animados

Hace tiempo que llevo pensando que los guionistas de los dibujos animados tienen algo raro en la cabeza, o puede que se hayan tomado, o las dos cosas, o qué sé yo. Pero claro, que si estos hombre o mujeres (y viceversa) son los que tienen que dar las primeras lecciones de la vida a los hijos de otros (que yo estoy más cerca a ganar un Nobel que ha tener un hijo), si eso es así, entonces tenemos un problema. Pero un problema serio, de los más gordos, un problema tipo Falete después de zamparse la paellada de Villa Enmedio, y es que los de Fairy, hartos de ver discutir a los dos pueblos por ver quién fregaba mejor (que podrían haber discutido por algo con más gracia, digo yo), pues juntó los dos pueblos en uno, que ya se sabe que el roce hace el caariño.

Pero bueno, a parte de muchas cosas, que si las pensamos nos plantearemos si no es más sano poner a los pequeños a ver telediarios, redes o hasta cifras y letras, uno de los temas que más me impactan son los perros. Sí, los perros. Y es que entiendo que los niños estén hechos un lío. Los pobres ya no sabe a qué atenerse. Ya no les queda claro ni el color de los perros. Porque es verdad que perros hay de muchos colores, sí, de muchos sí, pero ¿de todos? Porque en pleno alarde de cromatismo hace años ya nos soltaron a Foufur que era azul. Vamos que si le sueltas a alguien de mi edad (o similar) eso de eres más raro que un perro verde, salimos por la tangente pensando que nosotros hemos visto a un perro azul y no pasaba nada.

Si es que ni en los básicos se aclaran. ¿Dos o cuatro patas? Pues depende, de todo tipo hay. Porque el ya antes citado perro azul iba a cuatro patas, pero Honk Kong Fui (gran perro karateka) iba en dos patas. Y pensarás… bueno, si va en dos patas irá vestido… Pues no tiene porqué, la coherencia brilla por su ausencia. Porque Sultan, perro del inspector Gadget iba desnudo y en dos patas (aunque a veces iba a cuatro patas, y a veces se disfrazaba… Qué lío). En realidad no era el perro del inspector, sino de su sobrina, pero es que de ella no recuerdo el nombre.

Ahora que los que lo bordan son los de Disney. Ya con ellos los niños salen tocados de la cabeza. Pobres. Porque tenemos a Goofy y a Pluto. Los dos son perros. Goofy habla (o lo intenta), Pluto no, Goofy se viste (vamos que hasta lleva pantalones, cosa que no le dejan hacer a Donald, aunque eso es otro tema), Pluto no, Goofy va a dos patas, Pluto no. Está claro que el representante de Goofy negoció mucho mejor las condiciones que el de Pluto. El representante de Goofy debe ser en Mendes de los representantes de dibujos animados, puede que sea incluso el propio Mendes, que este hombre está metido en todos los fregados.

En fin, que los niños no saben a qué atenerse. Que los traemos locos. Los perros no hablan, o sí. Los perros van a cuatro patas, o no. Los perros no llevan ropa… Bueno esto última sería digno de discutir que más de una dueña de chihuahuas y similares que he visto por la calle.