El cerebro recalentado

por Fer Población

No lo entiendo, no entiendo eso que dicen de estar muy caliente y lo asimilan con ganas de “cositas malas”, de “triki triki”, vamos lo que es de mantener relaciones sexuales. Con el calor que hace, por dios, si lo único que me dan ganas a míes de comerme un helado, poner el aire acondicionado o vivir dentro de una bañera como si fuera la sirena de Splash.

Que ya lo decía un amigo, hace más calor que follando debajo de un plástico, el chico muy fino no era, pero gráfico un rato porque se le entendía la mar de bien.

Lo malo, lo muy malo, lo malísimo, es que justo ahora que nos atacan estos calores, empezamos con la retahíla de fotos en todas las redes sociales, pero todas, de playas, piscinas, pies y refrescos. Cabrones, gente sin piedad ni corazón, seres del inframundo que disfrutáis con el mal ajeno. Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y a mí en bañador con una cañita fría, espero.

Con este calor, con el cerebro en pausa, es cuando se nos ocurren las mejores peores ideas del mundo. Las chanclas con calcetines, las gorras con ventiladores, las neveras de playa, los cartones para el parabrisas de los coches… todo eso ha surgido de un golpe de calor seguro. Ideas absurdas que no valen para nada, pero que nos empeñamos en decidir que sí. Lo bonito que es autoengañarse eh, como aquello de no me ha dejado ella, lo hemos dejado los dos, aquello de el mes que viene me apunto al gimnasio, o eso de un capítulo más y me voy a dormir. Somos simples, pero felices.

El calor nos da pereza, nos hace reptar por las sombras como si fuéramos vampiros, nos lleva a caer de bar en bar como de oca en oca y sin ganas de tirárnos a nadie. El calor adormece y aletarga y las siestas invernales que eran de sofá y mantita, pasan a maratones de pijama y orinal.

Hace mucho calor para seguir escribiendo, me da pereza.

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