La sonrisa hipotecada

por Fer Población

Hace tiempo que invertí mi sonrisa a plazo fijo. Busqué las opciones que más me convencían y lancé un órdago al mercado pensando en el éxito seguro y en, más adelante, recoger mis beneficios. Pero el mercado, la prima de riesgo, o vaya usted a saber qué, me dejaron en bancarrota y sin más activo que yo mismo y pocas ganas de reconstruir (me).

Porque la vida es así, confías, apuestas, inviertes tiempo, ilusión y ganas y no siempre vas a recibir nada a cambio. En el mundo de la inversión vital los valores fluctúan más que en bolsa y suben y bajan como una montaña rusa pilotada por Fernando Alonso. Bueno, mejor Fernando Alonso no, por razones evidentes.

Yo he hecho muchas apuestas, en muchas personas, en muchos proyectos, en muchos momentos de mi vida. He apostado a camas, que la vida ya me ha llevado por once. He apostado a echar raíces y me he mutado en planta rodante. Las apuestas son eso, apuestas. Con su factor de riesgo disparado que nos acerca más a la ruleta rusa, que es como la montaña, pero con final más drástico. Más espectacular también.

Quizá he apostado poco por mí, quizá he debido hacerlo más, quizá es el momento adecuado para hacerlo, quizá deba pensar en recoger mis fondos y replantear mis operaciones. Escasa liquidez para tantas ganas de comprar, pocos activos para sueños tan altos.

Puede que dé un giro de tuerca y lance un brindis al sol, porque, como alguien mucho más listo que yo (como casi todos) me dijo ayer: si alguien piensa en irse, es que ya se ha ido.

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