Tonto, pero obediente

por Fer Población

Hoy me he dado cuenta de hasta qué punto soy obediente, o hasta qué punto soy tonto, o las dos cosas. Hoy a eso de las cuatro de la mañana, cuando me he despertado para mi habitual parada en boxes (lo que viene a ser baño y agua), me he dado cuenta de que estaba empapado en sudor. Que vale, que es normal por el caloret (je je je) que hace estos días, pero normalmente no sudo tanto.

Ya sabéis que me encantan los enigmas tontos, así que me he puesto a pensar. Llegué a casa y puse el aire, a 23 grados, a lo Beckam, a lo Jordan, como los buenos. Me puse a cenar en lo que se enfriaba la casa. Nada agresivo eh, no os penséis mal, no me lancé a la panceta, a la hamburguesa… no no, me limité a un yogur, un yogur griego. El yogur me miró muy serio y me gritó ¡no! y yo, por más que intentaba explicarle que tenía que abrirse y darme lo que yo había pagado, él se cerraba en banda. Incluso vi la sombra de una coleta que me miraba desafiante desde detrás del sofá. La verdad es que me dio algo de miedo, que vivo sólo y soy algo cagón. Vamos que cuando me metí a dormir cerré mi cuarto con pestillo, por si acaso.

Bueno, pues eso que la casa ya estaba fresquita, vi un rato la tele. De esas cosas que me gustan a mí, de las de no pensar, de las que si me quedo dormido, o me pongo a jugar con el móvil, no pasa nada. Que lo mismo mezclo Masterchef con El Hormiguero, La que se Avecina con una películo o el telediario con los Lunis. Me da igual, no me importa.

Siguiente paso: Me puse mi pijama (lo que viene a ser ninguno) y me metí en la cama. Con la radio, por supuesto. La sintonía de El Partido de las Doce tiene en mí un efecto mucho mayor que el “duérmete niño” e incluso que Rajoy contando chistes (este punto viene sacado de mi amplia imaginación, no he podido observar ese fenómeno).

Pues parece que todo ha sido normal, o bueno, al menos todo ha sido como siempre. Entonces… ¿por qué he sudado tanto?

Nota para el lector (vamos, para ti): Todo este razonamiento se produjo mientras yo estaba sentado en la cama y hablaba en voz alta con Eurastio (lo sé, estoy así de mal).

Y por fin, tras minutos de silencio, de darle vueltas, de pensar en los matices… por fin lo vi. Ahí estaba, había estado delante de mis ojos. Muchas veces nos pasa eso, tenemos la solución delante de nuestras narices y no nos damos cuenta. También nos pasa con las personas, que muchas veces damos poco valor a los que están (y siempre han estado) muy cerca nuestro.

Pues eso, que lo vi. Ahí estaba el edredón. A 35 grados por la noche y yo sigo durmiendo con el edredón. Mi asistenta no lo ha quitado y yo, que soy obediente, sigo durmiendo con él. Tonto, pero obediente.

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