Los rumores

por Fer Población

Me acuerdo de pequeño cuando jugábamos al teléfono escacharrado. No era de mis juegos favoritos, siempre nos apetecía más eso de jugar al conejo de la suerte, o la botella, o beso, verdad o atrevimiento… Vamos esas cosas que el cóctel de hormonas que llevas a eso de los 14 años llevas encima y que de alguna manera tienes que sacar. Muchas veces era la forma de poder acercarte a esa chica que realmente te gustaba, pero que sabía que no te iba a hacer ningún caso.

Porque la vida de un niño de 14 años en esa época era muy dura. Más en lo que a chicas se refería, porque ahora es sencillo con facebook, whatsapp… Pero antes no, antes si querías hablar con la chica es cuestión no tenías más remedio que echarle narices (por no decir pelotas), lanzarte a los medios y tratar de hablar con ella.

Y el teléfono escacharrado sigue presente en nuestras vidas, muy presente. Lo vemos a diario con los rumores, las leyendas urbanas. Todos tenemos un amigo que conoce a alguien que nos ha contado algo. Y eso es así, es prueba irrefutable de que es cierto. Las leyendas urbanas son las que han llegado más lejos, pero los cotilleos diarios no desmerecen en absoluto.

De siempre se ha dicho que lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien, pues en este santo país no hay nadie que se prive de lanzar su punto de vista, aunque la conversación vaya sobre astrofísica y la persona en cuestión sea peluquera canina. El caso es hablar.

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