Tú a lo tuyo

por Fer Población

Hay gente que quiere contarte su película, su historia. Les da igual si te interesa o no, ellos llegan, lo sueltan, y se quedan tan contentos y tan campantes. Es algo que en los últimos días me ha pasado dos veces. Bueno me pasa muchas, pero ha habido dos que me han llamado la atención.

La primera ha sido en un supermercado, se supone que no se deben decir marcas, pero como este blog es mío, pues yo las digo, era un Carrefour Exprés. El caso es que estaba yo ahí tan tranquilo comprando cosas esenciales para la vida moderna (patatas fritas y papel higiénico) y de repente se fue la luz. Bueno, teniendo en cuenta que eran las siete de la tarde en principio podéis pensar que no es un gran problema… Pues sí. Os lo explico en dos palabras: puerta automática. Vamos que sin electricidad pues la puerta no se abría. Y claro la chica de la caja, que estaba bastante apurada, empezó a comentarme que claro, que es que tenían un problema con un congelador que hacía saltar los plomos, y al saltar los plomos se iba la luz en toda la tienda, y ellos ya se lo habían dicho un montón de veces al jefe, pero no les hacía caso, y claro ellos de electricidad no sabían nada, y estaban esperando a que llegara el técnico y…

Son de esos momentos en los que yo tengo algo, pero sólo algo, de lucidez, y pensé ¿cuando venga el técnico cómo va a entrar? Porque claro la puerta si no se abre, no se abre. La chica me miró despacio cuando le lancé mi duda y me respondió: pues es verdad. Y se dedicó a empujar la puerta hasta que se abrió algo más de la mitad y pude salir por ahí. Toda la explicación anterior, sobraba bastante, pero como digo hay veces que la gente se siente en la necesidad de contarte su historia, quieras o no.

El domingo me volvió a pasar algo parecido. Me subí en un taxi (yo me paré un taxi) y el señor taxista, bueno más bien el taxista, le quitamos lo de señor porque era más joven que yo, aunque muchas veces he pensado que la edad no es un buen motivo para considerar o no a alguien un señor. Bueno, el caso, que según entré me empezó a hablar de Juego de Tronos. Lo siento, soy un bicho raro, soy una excepción a la regla, pero no he visto ningún capítulo de esa serie. Ninguno, cero, nada. Y se lo dije, pues nada, él a lo suyo. Que si no sé qué de un enano, que si un bastardo, que si una bruja y unos zombies… Yo con mi cerebro en off iba pensando a ver si llegábamos ya de una vez, que se me estaba haciendo eterno. Era la versión taxi de aquellas clases que el profesor se lanzaba a soltar su rollo y tú te pasabas una hora pensando en los mundos de Yupi.

Lo dicho, que a más de uno me gustaría decir eso de tú a lo tuyo, aunque me temo que no me iban a hacer ningún caso.

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