Al pan, pan

por Fer Población

Este fin de semana me he subido… Por cierto ¿os habéis dado cuenta de que para lo que algunos decimos subir otros dicen bajar? Me explico, por ejemplo yo en unos días me subiré a Santander de vacacione. Que sé que está mal dicho, porque realmente lo que estoy haciendo es bajar desde la meseta hasta el nivel del maro. ¿Mi criterio? Pues que en el mapa de España Santander queda más arriba que Madrid. Pues eso, que yo suele decir que subo a Villanueva de la Cañada y mis amigos siempre me preguntan que a ver cuándo bajo a Villanueva.

Bueno, pues como decía este fin de semana me he subido a Villanueva y el domingo, cuando ya me bajaba a Madrid (y no voy a volver a lo mismo, que entramos en bucle), el bus paró a eso de las siete en el Aquópolis. Madre mía, había más gente que en la guerra, parecía que regalaban oro por ir ahí. Lo estamos dando, lo estamos regalando, le toca la chochona, le toca el payasete. El caso es que te la marea de gente que entraron en el bus, que no pudieron entrar todos los que había (qué faena ver el bus pasar y quedarte en tierra), me tocó al rededor un grupo de niños de 20 años (la frase joder colega que ya tenemos 20 tacos a mí me hace gracia). Aparte de tener que gruñirles un poco por mis pocas ganas de oír reggaeton de móvil durante una hora, me di cuenta de algo.

Hace años, en todo grupo, clase, pandilla… Siempre había tres personajes, era como aquello de que para considerar a una ciudad como tal tiene que tener un restaurate chino, un italiano y una taberna irlandesa, eso es así y punto. Pues bien para que una pandilla fuera pandilla tenía alguien tenía que ser el chino, alguien el moro y alguien el negro.

Lo que pasa es que nuestros chinos, negros y moros eran falsos, cutres, de mercadillo. Nuestros personajes daban más el cante que las zapatillas Kike, las sudaderas Fuma o las gafas Taly Ban. De pequeño a alguno le caía en san benito de tener que llevar el mote y era imposible resistirse.

Pero la cosa ha cambiado. Desde mi punto de vista para bien. Porque ayer también había un negro y una mora (el chino debía de haberse quedado en casa). Y al negro le llamaban negro y a la mora la llamaban mora. Igual que otro era el pelos, otro el paella (entiendo que por los granos) y a otro le llamaban rata. Y el moro llamaba al rata y el rata llamaba al moro. Porque no se trata de las palabras que usemos, si no del sentido que les demos.

La mora contaba cómo había pasado el Ramadán, y me sorprendió. No porque no sepa de qué va el tema, porque lo he leído, lo he visto en las noticias… Pero no lo he vivido. No de ese modo, no en el tú a tú. Pero este grupo sí. A esto lo llamamos globalización y sinceramente que estos chicos, con sus 20 años y sus alardes de jim (que no gym), están haciendo un master en ella, aunque no se den cuenta.

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