Cantando, me paso el día cantando

por Fer Población

No lo puedo evitar… Mi mente salta de canción en canción. Oigo una frase, una palabra y ya se me mete una canción en la cabeza. Y no sale eh, voy andando, o estoy en la oficina, o en mi casa, tarareando la cancioncita. Tarareando si hay suerte, sino me puede dar por cantar tan tranquilo. Es curioso, muchas veces pensamos que porque nadie nos ve, nadie nos oye. Y no es así. Yo puedo ir en el bus todo feliz cantando, dando un concierto entregado, y de repente darme cuenta de que mi público me mira con una mezcla de sorpresa, descojone y lástima. Y lo notas, y te pones rojo, pero la canción no se va. La sigues cantando, mentalmente vale, pero la sigues cantando.

Y no tiene que ser una gran canción, de hecho suelen ser las canciones más absurdas, las más sencillas, las de los dibujos animados, o los anuncios o algo así… Las que suelen colarse por una rendija y hacer acto de presencia. Sin que nos enteremos. De repente alguien, no tú, alguien, te mira y te dice… ¿Qué haces cantando la abeja Maya? Pues no sé, me ha dado por ahí.

Lo más divertido es cuando contagias tu locura, cuando ves que alguien tiene la misma tara mental que tú, que la enfermedad mental compartida se disfruta más. Y lo mejor es cuando tú, con tu canción entre dientes, miras hacia el lado y ves que alguien te sigue. Os sonreís e incluso muchas veces lo mejor que puedes hacer es encogerte de hombros. Sí, estamos fatal de la cabeza ¿qué le vamos a hacer?

A veces te pasa con desconocidos, a veces con conocidos. Lo segundo es mejor, porque creas precedente y si ves que estás dando un concierto tiendes a mirar a ver si la otra persona se sube al carro. Y suele hacerlo, y te ríes, y tienes esos tres segundos de felicidad que tanto me gustan. Yo tengo esa suerte, tengo una gran cantante a mi izquierda. Estamos fatal, pero ¿qué le vamos a hacer?

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