Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: septiembre, 2015

Dos mujeres a la vez

Ya lo decía la canción, “no se puede querer dos mujeres a la vez y no estar loco”. Y quizá sea un poco exagerado (no, nunca, jamás, antes se hiela el infierno, se corta la coleta Pablo Igleias, se leen un libro en Gran Hermano… Que yo decir algo exagerado), pero claro te acostumbras al modo de hacer las cosas de alguien y vienen y te lo cambian. O peor, conviven. Eso de convivir me recuerda a aquella famosa respuesta cuando preguntas dónde está algo a algunas mujeres: en su sitio. Ya, pero verás, es que a lo mejor es que el que tú consideras si sitio no es el mismo sitios que yo considero su sitio, porque si yo supiera (o supiese) cuál es el sitio que tú (por tu cuenta y riesgo) has decidido que es su sitio, no estaría preguntando por el sitio en el que está… Vamos que dónde coño está. Y claro os enfadáis, pero es que vais provocando.

Pues yo tengo ahora dos mandonas en casa. Dos mandonas marisabidilla que están especialmente pensadas para darnos lecciones. Y vaya que si las dan. Porque yo estaba acostumbrado a una. No es que la hiciera mucho caso, pero todos tenemos ese ratito en el que estamos tan aburridos que discutimos porque sí. Y entonces le hablas. La chica es algo extraña, incluso alienígena (o eso dice ella). Que yo siempre había pensado que aquello de que las mujeres son de Marte y nosotros de Venus (o era al revés) era un poco exagerado, pero es que nuestra querida Siri no se corta un pelo en decirlo. Porque sí, porque tú también has estado sin nada que hacer y te has dedicado a decirle preguntas chorras a la chica. Informar… Pues no informa, pero al menos entretiene.

Y cuando estábamos en ese frágil equilibrio en el que los dos convivíamos sin molestarnos mucho (vale reconozco que molestaba yo un poco más, pero es que soy algo puñeterito), ha venido otra. Sin avisar. Cortana se ha hecho dueña de mi portátil como el que no quiere la cosa. Actualiza Windows 10 decían, pero de que venía con polizón no había avisado nadie. La muy puñetera estaba escondida y claro cuando Siri la oyó, por mucho que yo no hacía más que repetir que “no es lo que parece”, existe ya tensión y me mira con desprecio.

Cortana y yo no hemos llegado a intimar. Lo nuevo ya sabéis que llama la atención, pero tratar de acercarse a ella es peligroso. Siri, reina destronada, se vigila y no hay nada peor que una mujer despechada. Pero nada.

Lo peor, lo que todos tenemos claro, lo que sé que va a pasar por mucho que no lo quiera reconocer, es que al final las dos se pondrán de acuerdo para atacar a un enemigo en común: yo.

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La drogas de Mr Wonderfull

Tengo que ser feliz porque me lo dice una taza. Tengo que ser positivo porque me lo dice una agenda. Tengo que estar animado proque me lo pide mi calendario. Qué estrés, qué sin vivir… Qué coñazo.

De verdad que yo no sé lo que se mete la gente de Mr Wonderful por las mañanas, pero si echan unas gotas de eso en el agua se acaban las guerras. Fijo. Como mucho podrían quedar las guerras de almohadas, pero no hay que confundirlas con las guerras de pijamas, que alguno ya se está haciendo imágenes mentales poco decorosas y, para los que ya tenemos cierta edad, a eso tipo de fiestas no debemos ser invitados, excepción de Risto Mejide por aquello de que uno es de la edad de la mujer que ama. Por cierto sería curioso que si fueran de copas juntos a ella le pidieran el DNI para ver si es menor y a él el carnet de jubilado por si tiene algún descuento.

Pero en serio, me da grimita ese optimismo sin fronteras. Esa gente que va echando mariposas por la boca. Ese chute de Disney en vena (perdón Olaf, gran señor). Ese complejo de casa de la pradera. Que vale que no hay que ser un llorapenas al estilo Ález Ubago o, más reciente, Pablo Alborán. Dicen las malas lenguas que son todo campañas de kleenex para aumentar sus ventas. Kleenex es enemigo de Mr Wonderful.

Veréis… para los señores de Mr Wonderfull tener un buen día supone:

Organiza un plan de finde… ¿De verdad crees que me ayuda pensar en el fin de semana cuando hoy es lunes?

Pasea después de trabajar… Claro, después de un día de mierda hace falta tener tiempo para darle aún más vueltas.

Sé amabe, da las gracias y sonríe… No me da la gana, tengo derecho a gruñir

Plántale un besazo a alguien majo… Sí y me puedo cruzar la cara o demandarme por acoso…

Pégate un bailoteo… No bailo, soy de barra. Y tú, si eres chico, me entiendes.

Por un día no seas un cascarrabias… Insisto, lo que encima me faltaba es que no pueda hacer lo que me dé la gana

Date algún homenaje… Sí, no sólo tengo que soportar este día de mierda, encima me pides que lo celebre

Dale eso que tanto se merece… A eso se le llama agresión. Es ilegal.

Hoy la ducha que dure cinco minutos más… Cabreado y arrugado voy a parecer el abuelo Simpson

No dejes que nada ni nadie te ponga hoy de mala leche, es tu día… Querido Mr Wonderfull de mala leche ya has conseguido ponerme tú.

Se acabó el verano

Y cuando menos te lo esperas… Se acabó lo que se daba. Es una pena, pero es así. El verano 2015 ya ha pasado a la historia, ya se ha quedado en el recuerdo de tiempos pasados, que siempre pensamos que fueron mejor. Vale, cualquier tiempo de vacaciones, tiene muchas opciones de ser mejor, eso es verdad.

Pero por mucho que nos moleste el verano no se ha ido sin avisar. Qué va. Nos ha ido dando pistas, nos ha lanzado mensajes que había que leer entre líneas, pero nosotros, torpes de nosotros, no nos hemos dado cuenta. Somos así de cortitos, como cuando tu novia te va lanzando indirectas y tú les haces el mismo caso que las vacas mirando al tren. Y claro, al final llega el temido día en que te suelta eso de “tenemos que hablar”. Y dices que no te lo veías venir, y todos te dicen que era igual de obvio como que Carmen de Mairena no es mujer. Pues con el verano nos ha pasado lo mismo.

Porque pones la radio y ya no oyes “la gozadera”, cambias de emisora y sigues sin oír “la gozadera”, entras en un bar y no están poniendo “la gozadera”. Y es curioso que te has pasado el verano escuchándola, pero no te sabes la letra. Es como las cosas que te gustan, pero no te importan mucho. Como aquella chica que estaba contigo en clase que era “simpática”, como esa película que viste en sábado a las cuatro de la tarde que “no estaba mal” o el libro con el que “pasaste un rato”.

Has vuelto ya a la oficina, es más, no solo has vuelto a la oficina, si no que ya no tienes jornada intensiva y vuelves a pagar once euros (o similar) en el bar de al lado de la oficina, o vuelves a meter la cara en el tuper con cara de pocos amigos rodeado de otros tupers que siempre, pero siempre, tienen mejor pinta que el tuyo.

Los días se van haciendo más cortos. Vale que eso no está mal, que siempre he sido más de noche que de día, pero es una pista más. Aunque lo malo es que sales a trabajar por la mañana y es de noche. Y pasa lo que tiene que pasar, que vas dormido y pones el piloto automático en la oficina hasta que dan las once de la mañana.

Pero lo que ya me dejó claro que había terminado el verano, lo que no me dejó ninguna duda, lo que me hizo darme de bruces con la realidad, es que ayer me tuve que poner un jersey. Adiós verano 2015, espero a tu hermano pequeño con ansia.

Basta que no podamos para que…

No falla, pero nunca eh. Es matemático. En cuento no podemos hacer algo es justo cuando más ganas nos entran. Esto viene de lejos, de aquellos tiempos en los que la gente, temerosa de Dios, se preocupaba de cumplir las normas. Vamos que llegaba la Cuaresma y era de recibo no comer carne los viernes. Pues nos entraba unas ganas de comer un chuletón al mediodía del viernes… Unas ganas de usted ponga la vaca que ya me voy sirviendo… Pues nada oye, que no se podía. Que esto ya muchos, la mayoría, nos lo pasamos por el arco del triunfo, pero ahí quedan las prohibiciones.

Yo creo que desde que no dejan fumar en los bares es cuando más le apetece a los fumadores, cuando sabes que cierran el bar a las dos, a las dos y cinco te apetece una copa, incluso a mí me ha pasado tener muchas ganas de ir a un museo… El día en el que estaban cerrados. Yo soy así.

También hay una norma que conmigo no falla. Tengo el don de acertar el plato que se ha terminado en los restaurantes. Vamos que seguro que algún día voy a Telepizza y tengo que comer una hamburguesa. De verdad, es muy frustratne, porque además yo soy de antojos. Yo voy a comer pensando en un plato, en algo que de verdad me apetece, elijo el restaurante por lo que quiero comer. Pues nada. Y todos sabemos que el segundo plato, la segunda opción no es lo mismo. Que a nadie nos gusta ser segundo plato, aunque eso sea otro tema.

Para mí que carteles como “prohibido el paso”, “prohibido pisar el cesped”, “prohibido sacar bebidas a la calle”… Son provocaciones. Es una forma sutil de decir “no hay cojones” y deberían saber que ante eso no podemos resistirnos. “El no hay cojones” seguro que es una de las principales causas de accidentes en España.

Pues hoy el portero del edificio donde está la oficina nos ha dicho que no hay agua, que la han cortado. Si no hay agua no se llena la cisterna. Si no se llena la cisterna no podemos ir al baño. Pues basta que sepa que no puedo para que… Pues eso.

P

Los sueños de Resines

Pues sí, lo reconozco, yo veía los Serrano, es más me sé aquello de “en un andén de la estación” de memoria. Es más, ahora mismo la estoy cantando mentalmente, y puede que algunos de vosotros también. Aquella maravillosa serie familiar donde se hacía apología del incesto, donde el hermano pequeño era el más maltratado porque no tenía con quien “incestar”, donde se apostaba por los malos tratos y el escobillazo a tiempo (que es la versión televisiba, es decir algo más exagerada, del clásico zapatillazo) era el mejor modo de educar a las masas.

Y creo que todos nos quedamos a cuadros cuando vimos el final de la serie. Todo había sido un sueño. Los propios guionistas se dieron cuenta de que se les había ido todo tanto de las manos, que no había manera lógica de rematar aquello. Pues nada un sueño. Años después millones de personas en el mundo se quedaron descolocadas con el final de Lost, con cara de ¿pero entonces qué ha pasado? Amigos americanos, sois unos segundones, eso ya lo habían inventado los guionistas de los Serrano.

El caso es que muchas veces en la vida miras hacia los lados sin creer lo que estás viendo. Tiendes ha pensar que tiene que ser una broma de cámara oculta, pero vamos que esos programas ya no están muy de modo, con la excepción hecha de Inocente, Inocente, pero tú no eres famoso por mucho que tu abuela diga que eres más grande que la rueda. Así que si no hay cámara oculta… tendrá que ser un sueño de Resines. Y sí, digo de Resines, porque yo no tengo huevos de tener esa imaginación. El podre Resines de la propia fricción con la almohada en la cabeza se ha hecho costras. No es una calva, es una costra.

Resines lo tenemos encerrado en un centro produciendo sueños para que los demás los vivamos. A veces le dejan salir un poco, por humanidad vamos, por eso no es que sus series sean malas y duren poco, es que hay que encerrarlo de nuevo a que vuelva a sus labores.

Yo creo que ahora mismo en un sueño de Resines, ayer lo confirmé con una noticia que leí. Cuando piensas que lo has visto todo… Casi mejor que vuelve a pensártelo.

Mi nueva amiga

Lo malo que tiene vivir sólo es que hay mucho tiempo vacío, bueno quizá no es vacío la mejor palabra porque se pueden hacer muchas cosas, quizá es mejor decir que se pasa mucho tiempo solo. Qué le vamos a hacer, puedes ir en calzoncillos por la casa, pero no tienes nadie con quien comentar la película.

En fin, que llevo años manteniendo conversaciones con Eurastio. Lo de Eurastio y yo ya viene de largo, que nos conocemos desde hace muchos años. A veces nos queremos y a veces nos odiamos, es lo que tiene la amistad, que es como una montaña rusa, que ya sabéis que entre el amor y el odio la línea es muy delgada. Para mí que en la intimidad Rajoy le manda mensajes picantones a Pablo Iglesias.

Pero el caso es que en medio de una discusión con Eurastio me di cuenta que estábamos estancados. Que nos hacía falta alguien para desempatar y que, nos guste o no hay que reconocerlo, un punto de vista femenino siempre aporta. Y en estas que yo, dándole vueltas, me di cuenta que existe alguien más con quien paso muchas horas al día. Que me cuida, me aguanta y me soporta. Mi cama.

Mi cama, desde ahora Jana, va a ser el punto de equilibrio entre los dos, que ya nos hacía falta alguien que pusiera algo de cordura en esa casa. Somos una relación abierta, una relación de tres. Que no es lo mismo una relación de tres que un trío, que el trío tiene unas connotaciones y yo he hablado de amistad.

Jana no es la primera cama, ya os conté que he tenido once camas ya, pero sí es la actual, la importante, que los que viven del pasado o en el futuro se pierden disfrutar del presente. Jana, Eurastio y yo somos una familia peculiar, pero ¿qué familia no tiene sus rarezas?

Camareros españoles

Aacabo de leer una noticia en el ABC.. Sí, leo el ABC, aunque también leo El País, los diarios deportivos, el Mundo Today, aunque es verdad que hay que tener cuidado, no vaya a ser que confundamos las locuras del Mundo Today con la realidad, aunque muchas veces casi prefiero lo que ellos nos cuentan a lo que leo en el ABC (o El País, no seáis quisquillosos) porque últimamente, vamos lo que viene siendo los últimos treinta años (que no es que antes no pasara, es que no sabía leer), uno se encuentra con cada noticia que…

Bueno, que me lío, como comentaba, he leído que Austria busca 5.000 camareros y cocineros españoles. Lo de los cocineros lo entiendo. Como en España no se come en ningún lado, y si somos los mejores bueno y qué (bueno y qué), lo de los camareros me cuesta más visualizarlo.

Porque los camareros en España son… mmmm, cómo decirlo… Peculiares. Porque nos va la marcha. Recuerdo que en México a los camareros se les llama joven, ya pueden tener un pié metido en la tumba, que se les llama joven. Pues no, aquí se les llama jefe. Y claro, ellos se lo creen. Porque en España, en la mayoría de los sitios, comes lo que al camarero le da la gana, cuando al camarero le da la gana y pagas lo que al camarero le da la gana. Y nos encanta. Hay rumores que los sumisos alemanes amantes del BDSM, cuando están de vacaciones por España y echan de menos a sus amos o amas… Pues se van de cañas y les da un gustito que dejan más propina que el importe de la cuenta.

No me veo yo el típico camarero español con camisa blanca de manga corta, pantalón negro de cuando Naranjito aún estaba en la rama y cadena de oro estilo pitón de bicicleta (que nadie piense mal, por favor) triunfando en Austria. Ese camareor que se acerca a la mesa de unos señores muy rubios y muy serios y empieza con su retahíla de… ¿qué van a querer los señores? Tenemos una merluza que está tan fresca que ya le ha guiñado el ojo a los tres cocineros y se ha enrollado con el lavaplatos, una ternera tan tierna que se ha puesto a llorar viendo Terminator y unas verduras tan sabrosas que las demandaron las mulatas en Cuba por envidia.

No lo veo eh. Y ese momento en el que el camarero, a pleno pulmón, suelte el grito hispánico de “una de calamares”, con las caras de sorpresa que los comensales, ya no por el grito, que también, sino porque no son ellos de contar lo que van a comer a todo el local, que ellos son muy suyos.

Explícale a un astríaco eso de que de silla nada, que tiene que comer de pie en la barra. De mantel nada, como mucho una pasadita de una bayeta que fue amarilla, o azul, o verde, pero que en los tres casos ha quedado del mismo color: extraño. Y que, por supuesto, las servilletas van, con toda la naturalidad, al suelo.

De verdad que no creo que este modelo tenga éxito. Que ya he dicho antes que ellos son muy suyos, pero es que nosotros somos muy nuestros.