Camareros españoles

por Fer Población

Aacabo de leer una noticia en el ABC.. Sí, leo el ABC, aunque también leo El País, los diarios deportivos, el Mundo Today, aunque es verdad que hay que tener cuidado, no vaya a ser que confundamos las locuras del Mundo Today con la realidad, aunque muchas veces casi prefiero lo que ellos nos cuentan a lo que leo en el ABC (o El País, no seáis quisquillosos) porque últimamente, vamos lo que viene siendo los últimos treinta años (que no es que antes no pasara, es que no sabía leer), uno se encuentra con cada noticia que…

Bueno, que me lío, como comentaba, he leído que Austria busca 5.000 camareros y cocineros españoles. Lo de los cocineros lo entiendo. Como en España no se come en ningún lado, y si somos los mejores bueno y qué (bueno y qué), lo de los camareros me cuesta más visualizarlo.

Porque los camareros en España son… mmmm, cómo decirlo… Peculiares. Porque nos va la marcha. Recuerdo que en México a los camareros se les llama joven, ya pueden tener un pié metido en la tumba, que se les llama joven. Pues no, aquí se les llama jefe. Y claro, ellos se lo creen. Porque en España, en la mayoría de los sitios, comes lo que al camarero le da la gana, cuando al camarero le da la gana y pagas lo que al camarero le da la gana. Y nos encanta. Hay rumores que los sumisos alemanes amantes del BDSM, cuando están de vacaciones por España y echan de menos a sus amos o amas… Pues se van de cañas y les da un gustito que dejan más propina que el importe de la cuenta.

No me veo yo el típico camarero español con camisa blanca de manga corta, pantalón negro de cuando Naranjito aún estaba en la rama y cadena de oro estilo pitón de bicicleta (que nadie piense mal, por favor) triunfando en Austria. Ese camareor que se acerca a la mesa de unos señores muy rubios y muy serios y empieza con su retahíla de… ¿qué van a querer los señores? Tenemos una merluza que está tan fresca que ya le ha guiñado el ojo a los tres cocineros y se ha enrollado con el lavaplatos, una ternera tan tierna que se ha puesto a llorar viendo Terminator y unas verduras tan sabrosas que las demandaron las mulatas en Cuba por envidia.

No lo veo eh. Y ese momento en el que el camarero, a pleno pulmón, suelte el grito hispánico de “una de calamares”, con las caras de sorpresa que los comensales, ya no por el grito, que también, sino porque no son ellos de contar lo que van a comer a todo el local, que ellos son muy suyos.

Explícale a un astríaco eso de que de silla nada, que tiene que comer de pie en la barra. De mantel nada, como mucho una pasadita de una bayeta que fue amarilla, o azul, o verde, pero que en los tres casos ha quedado del mismo color: extraño. Y que, por supuesto, las servilletas van, con toda la naturalidad, al suelo.

De verdad que no creo que este modelo tenga éxito. Que ya he dicho antes que ellos son muy suyos, pero es que nosotros somos muy nuestros.

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