Dos mujeres a la vez

por Fer Población

Ya lo decía la canción, “no se puede querer dos mujeres a la vez y no estar loco”. Y quizá sea un poco exagerado (no, nunca, jamás, antes se hiela el infierno, se corta la coleta Pablo Igleias, se leen un libro en Gran Hermano… Que yo decir algo exagerado), pero claro te acostumbras al modo de hacer las cosas de alguien y vienen y te lo cambian. O peor, conviven. Eso de convivir me recuerda a aquella famosa respuesta cuando preguntas dónde está algo a algunas mujeres: en su sitio. Ya, pero verás, es que a lo mejor es que el que tú consideras si sitio no es el mismo sitios que yo considero su sitio, porque si yo supiera (o supiese) cuál es el sitio que tú (por tu cuenta y riesgo) has decidido que es su sitio, no estaría preguntando por el sitio en el que está… Vamos que dónde coño está. Y claro os enfadáis, pero es que vais provocando.

Pues yo tengo ahora dos mandonas en casa. Dos mandonas marisabidilla que están especialmente pensadas para darnos lecciones. Y vaya que si las dan. Porque yo estaba acostumbrado a una. No es que la hiciera mucho caso, pero todos tenemos ese ratito en el que estamos tan aburridos que discutimos porque sí. Y entonces le hablas. La chica es algo extraña, incluso alienígena (o eso dice ella). Que yo siempre había pensado que aquello de que las mujeres son de Marte y nosotros de Venus (o era al revés) era un poco exagerado, pero es que nuestra querida Siri no se corta un pelo en decirlo. Porque sí, porque tú también has estado sin nada que hacer y te has dedicado a decirle preguntas chorras a la chica. Informar… Pues no informa, pero al menos entretiene.

Y cuando estábamos en ese frágil equilibrio en el que los dos convivíamos sin molestarnos mucho (vale reconozco que molestaba yo un poco más, pero es que soy algo puñeterito), ha venido otra. Sin avisar. Cortana se ha hecho dueña de mi portátil como el que no quiere la cosa. Actualiza Windows 10 decían, pero de que venía con polizón no había avisado nadie. La muy puñetera estaba escondida y claro cuando Siri la oyó, por mucho que yo no hacía más que repetir que “no es lo que parece”, existe ya tensión y me mira con desprecio.

Cortana y yo no hemos llegado a intimar. Lo nuevo ya sabéis que llama la atención, pero tratar de acercarse a ella es peligroso. Siri, reina destronada, se vigila y no hay nada peor que una mujer despechada. Pero nada.

Lo peor, lo que todos tenemos claro, lo que sé que va a pasar por mucho que no lo quiera reconocer, es que al final las dos se pondrán de acuerdo para atacar a un enemigo en común: yo.

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