Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: octubre, 2015

Tímido corregido

Ahora que ya somos amigos, que llevo años contándote mis cosas, mis locuras, mis anécdotas. Que te he contado menos de lo que mereces, pero más de lo que me habría gustado. Ahora que ya nos conocemos, o más bien que ya me conoces me voy a permitir el lujo de confesarte algo. Soy tímido. Pero mucho eh. Soy una persona muy tímida, me salen los colores en seguida, no me gusta nada ser centro de atención y lo paso mal si alguien dice algo bueno de mí. Soy así.

Lo curioso es que muchas veces cuando digo esto la gente tiende a no creerme. Pero es verdad. Lo que ocurre es que soy un tímido corregido. Quizá alguno conozca alguna persona mayor que son zurdos corregidos. Personas que, pese a que son zurdos, de pequeño les han forzado a escribir con la derecha, porque eso de ser zurdo estaba mal visto, vamos al revés que ahora que eso de ser de izquierdas es lo que se lleva.

Pues a mí me ha pasado un poco igual. Yo soy tímido, pero yo mismo me he forzado para tratar de no serlo o, al menos, para no aparentarlo.Porque lo mío era enfermizo, llegaba al punto de no poder pedir un vaso de agua en un bar, vamos que, o lo pedía mi hermana, o me quedaba con sed.Y eso no podía ser, así que me fui forzando, me fui haciendo putadas a mí mismo para conseguir que la cosa se fuera pasando. Aprendí a esconder el rojo de mis mejillas y los temblores de mi voz, pero con esas cosas pasa como con las pelusas, puede que no se vena, puede que las hayas metido debajo de la cama, pero si alguien busca bien al final las va a encontrar.

Pues eso, que soy un tímido, pero corregido.

Anuncios

De los creadores del pijama de arriba…

Pues sí, ya os conté en su día el maltrato al que muchos hombres sometemos al pijama de arriba, de arriba del cajón claro. Muchos hombres menos Pose, que ahora que le ha dado por poner sábanas con tonos otoñales, capaz es de usar el pijama a juego. El pobre pijama de arriba es una prenda explotada, maltratada, sometida al desgaste del uso, que no del tiempo, que el pijama de abajo está tan fresco y feliz dobladito en su cajón.

El caso es que ayer, o antes de ayer, o el otro… Bueno, un día de estos, me di cuenta de que el pijama de arriba no es el único explotado en las casas. No, no lo es. Sí que es cierto que en este caso el perfil del maltratador/a se reduce de manera considerable porque si bien es cierto que casi todos los hombres (menos Pose) maltratamos al pijama de arriba, los que maltratamos a mi nuevo sujeto de estudio somos los hombres y mujeres que vivimos solos.

Mi nuevo sujeto de estudio no es otro que (tachán tachán) ¡el plato de arriba! Porque es verdad, porque ya el pobre no puede más… Le pinchamos, frotamos, arañamos, movemos, metemos con agua casi hirviendo… Un día tras otro. El pobre mira hacia abajo pensando ¡cabrones! ¿por qué yo? Y sólo se oyen risitas de los otros platos.

Porque el plato de arriba lo pasa mucho peor que el pijama de arriba. El pijama de arriba da síntomas de su agotamiento y malestar. Ese momento en el que eres capaz de verte el ombligo a través de él no significa que el pijama sea de lino, sino que tiene la edad de Lina Morgan, vamos que es el momento de darle una merecida retirada. Esta retirada en lenguaje masculino significa tirarlo a la basura, en lenguaje femenino antiguo-rancio (también llamado maruja) se llama hacer trapos.

¿Pero qué pasa con el plato de arriba? Porque él se mantiene incorrupto haciendo dura competencia con la mano de Santa Teresa. Él mantiene su mejor cara pese al paso del tiempo, vamos que si vendiera su secreto no tendríamos que ver esperpentos como la Esteban (si no tiene buen gusto vistiéndose, cómo iba a tenerlo operándose). Sufre en silencio, aguanta carros y carretas y espera los dulces, salados, carnes, pescados y demás viandas que quieran caer sobre él.

El plato de arriba tiene un fiel amigo en el vaso de adelante. Buenos más bien en los vasos de adelante, que ellos son más, que ellos se turnan. El plato de arriba (llano) adora que llegue el invierno para que, de vez en cuando, sea el planto hondo el que tenga que salir al ruedo a que la señora cuchara se frote con él.

Aunque hay un día en el que el plato de arriba es feliz. Un día en el que el  cielo es más azul, las flores huelen mejor, los pájaros cantan a coro… Un día perfecto para nuestro amigo: el día que tienes visitas, bueno, visitas a comer. Los platos de arriba cuyos dueños suelen cocinar tienen un atisbo de esperanza en sus duras vidas. Porque puede que llegue el día en el que varios de sus amigos salgan de su comodidad y puede, o en eso confía, que tras la comida y su lavado, no vuelva a quedar situado como el plato de arriba. La vida del plato de arriba es muy dura.