No te vayas todavía

por Fer Población

A veces somos un poco egoístas, o mucho, depende del momento, de la forma de verlo. Quizá no nos damos cuenta al serlo, quizá pensamos que buscamos lo mejor para la otra persona, cuando en el fondo lo que queremos es aquello que nos cueste menos a nosotros, que nos sea más sencillo de asimilar. Porque no nos engañemos, los cambios cuestan, aunque sean cambios a mejor necesitamos unos días (u horas, puede que meses, depende de cada cuál) para asimilar lo que nos está pasando.

¿Quién no ha dicho u oído la frase de “déjame un rato que tengo que asimilar lo que ha pasado”? Y es verdad. Porque muchas veces, cuando nuestros esquemas se rompen, nos quedamos en jaque sin saber qué ficha mover para defender nuestro rey. En algunas ocasiones, no muchas, al romper estos esquemas que llevamos prefabricados, dejamos que se escape nuestra verdadera forma de ser. Y eso es bueno. Yo no soy quien tú crees, escondo muchas cosas por el miedo a qué dirás o porque ni a mí mismo me gusta lo que llevo. Pero no me regañes, porque tú haces lo mismo conmigo. Somos las sombras de nosotros mismos que bailan a media luz para no verse tan feos.

Y sí, a veces somos egoístas. No queremos que nadie nos deje, que nadie se vaya. Y más cuando es un alguien con mayúsculas, una persona con todas las letras, que las personas son las que forman el mundo, pero no todos los hombres son personas. Siempre he sido de decir hasta luego, pero ahora me ha tocado decir adiós, y no me gusta, y me enfado, y pataleo, y me lanzo a la noche como la sombra que ya he dicho que soy como mi peor enemigo y la mala influencia que soy para conmigo. Porque soy egoísta, porque no quería decir adiós a pesar de que sabía que el final es la mejor opción para el que no soy yo.

Porque seguimos pensado, igual que cuando éramos niños, que los monstruos no pueden colarse debajo de nuestars sábanas, y nos tapamos con ellas tratando de no escuchar, no oír, no sentir… Ni siquiera estar. Pero el mundo sigue dando pasos ahí afuera y se cuela por las rendijas de la persiana para recordarte que tu egoísmo y tú os teneis que mirar al espejo, aunque sólo sea para lavarte los dientes.

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