Piquetes informativos

por Fer Población

Esta mañana al llegar a la oficina me han comentado que mañana hay huelga de Metro en Madrid. Vamos que mañana estaremos todos más juntitos, con más amor, con más roce… dicen que el roce hace el cariño, pues yo debo ser más raro que un perro verde (eso me lo dijeron cuando tenía 14 años y creo que no me he mejorado, aunque no sé si me duele más lo de perro o lo de verde. Quizá lo de verde, porque a fin de cuentas el perro es el mejor amigo del hombre) porque cuando me siento como como una loncha de queso en un sandwich (no digo fundido y cremoso, si no bien apretado) me suelo poner de mal humor.

Que no soy yo mucho de tocamientos, me gustan más las personas que son capaces de tocarme el alma (comentario cursi de la mañana). En fin, el caso que al pensar en la huelga de mañana, me ha venido a la cabeza uno de mis miedos de cuando era pequeño, porque los que somos más raros que un perro verde (recuerdo que eso me lo dijo una niña que se llamaba Sandra en un campamento en Irlanda ¿qué habrá sido de ella?) tenemos miedos para dar y tomar. Hasta me daba miedo miedo pedir un vaso de agua en un bar (también se puede llamar vergüenza), pero eso es otra historia.

Pues eso que cuando era pequeño siempre que había huelga, pero siempre, mi madre me mandaba al colegio. Debo decir que era un día que no me importaba ir, porque al final en clase éramos cuatro gatos y nos pasábamos la mañana haciendo nada. Era como un recreo, pero en sala VIP. Aunque sí que había algo que me preocupaba, vamos, que me daba miedo: los piquetes informativos.

Porque yo oía hablar de ellos, de que rompían cosas, de que daban miedo… Y yo, que estaba en época de David el Gnomo (aunque nunca he sido siete veces más fuerte que nadie) pues me los imaginaba como los trolls de la serie. Con cachiporra en mano y moco colgando (el moco era esencial). Mientras estaba en el colegio no había problema, que los muros de mi colegio eran dignos de Topas (para los no iniciados en salmantinismo, una prisión), pero cuando bajaba del autobús iba corriendo desde la parada a casa por si venían los malvados piquetes.

En fin… Uno de mis muchos defectos, o de mis muchas tonterías.

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