Derecho al horterismo ocasional

por Fer Población

Ayer iba yo andando por la calle tranquilamente de camino a mi casa. Vale, seamos sinceros, iba encogido como un periódico de hace un mes porque mi cerebro de mosquito había elegido el abrigo más fino y nada de bufanda. Y claro, a finales de noviembre hace frío, y sí, hasta hace nada estábamos en manga corta por la calle, pero eso ya ha cambiado, eso no era lo normal, lo normal es que a finales de noviembre haga frío.

Pues eso, que iba yo por la calle y pasé por delante de una tienda de decoración y me fijé en el escaparate. No es que sea yo muy fan de las tiendas de decoración, tampoco es que fuera buscando algo especial, lo que soy es curioso así que me suelo fijar en las cosas. Y me sorprendí y me enfadé al mismo tiempo. Porque ya había puestos los adornos de la Navidad y todo era blanco, tonos tierra, suaves… ¿Pero qué narices nos pasa? ¿Dónde han metido el rojo chillón?

Las navidades es la época en la que podemos ser horteras y no pasa nada. Nos ponemos gorros de Papá Noel, diademas con cuernos, jerseis con renos, corbatas con luces… ¡Y a la gente no sólo no le molesta, si no que lo celebra!

Pues nada, vienen estos señores y deciden que nos van a quitar esa diversión… ¡No me da la gana! Las navidades es esa época en la que dejamos nuestra casa hecha un payaso. Las navidades para las casas son el carnaval de la decoración, es la fiesta del orgullo gay con colorines, luces de colores, espumillón… Lo siento, pero no pienso renunciar a mi derecho a ser hortera durante dos semanas al año.

Las casas, las pobres casas, ahora van desnudas, todas paliduchas con tonos neutros, con muebles repetidos de nombres dificilísimos y estancias semi vacías. Las casas también tienen derecho a darse un alegrón, vamos, digo yo.

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