Pequeñas grandes cosas

por Fer Población

Cuando era pequeño me encantaba la sopa que hacían en casa de mis abuelos de Madrid. Tenía algo especial, algo diferente, algo que no probaba en ningún otro sitio. Era un sabor que aún a día de hoy recuerdo perfectamente. Siempre he pensado que los sabores y los olores son los recuerdos más fuertes que tenemos.

Un día, pasados muchos años, cuando ya me había hecho menos niño y más capullo, me di cuenta que aquello que antes consideraba tan especial, ese ingrediente que hacía que esa sopa fuese mágica, era simplemente hierbabuena. Solo una hoja de hierbabuena dentro de la sopa. Nada más.

Y la verdad es que me desilusioné bastante. No había ninguna fórmula mágica, ningún secreto guardado bajo llave. Era algo simple, fácil, común y ordinario. Y eso no era lo que yo esperaba, lo que yo quería. Yo esperaba magia y encontré rutina. Qué mal.

Nunca he vuelto a poner hierbabuena en la sopa. No sé el motivo, pero nunca lo he vuelto a hacer. Quizá porque no quiero volver a desilusionarme, no quiero volver a probar la sopa y darme cuenta de que no es tan rica, no es tan mágica.

La sopa es la misma, el que ha cambiado soy yo, pero ya os he dicho que me he hecho menos niño y más capullo.

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