En el fondo del mar

por Fer Población

Cuando somos pequeños tendemos a pensar que lo que vemos en casa es lo único que existe. Normal, porque es que no conocemos más. Por ejemplo, en mi casa los macarrones se hacían con tomate, bechamel, queso por encima y gratinados, vamos como nos los hizo el otro día Sergio (ricos eh). Qué sorpresa me di al descubrir que se podían hacer de otra forma. Todo un universo de probabilidades. El día que junté los macarrones al chorizo, para mí fue algo así como cuando Barbie conoció a Ken. Es más, yo creo que muchas veces lo que nos hacía ilusión de verdad al dormir en casa de un añigo, no era usar otra cama que ya se sabe que como la cama de uno… (igual esto es algo que nos nace ya con cierta edad) lo que nos gustaba es descubrir las rarezas de otras casas. Para mí comer viendo la tele fue toda una novedad.

Y a mí, desde aquellos años en los que era joven e inocente (sobretodo inocente) hay algo que siempre me ha extrañado, que siempre he visto raro: los hombres que llevan anillos. A ver, no digo los hombres que llevan muchos anillos en la mano tipo El Cigala, que creo que eso más o menos nos llama un poco la atención a todos, me refiero a hombres que llevaran anillo, aunque fuera sólo uno. Un hombre con anillo es algo que siempre me ha parecido que no pega, me parece como una mujer con corbata, no es lo suyo (ojo que es mi opinión).

Mira que hay muchos hombres anillados, concretamente los casados. Y más ahora que he pasado una epidemia de bodas a mi alrededor. Es más, de aquellos barros viene estos lodos, es decir, de aquellas bodas van llegando los hijos. Vale referirse a los hijos como lodo igual queda algo feo, pero mejor pensemos en la metáfora como algo que se debe moldear con el tiempo (a eso se le llama tirar de “bienquedismo”).

Para los que tengas mentes perversas les voy diciendo que no, que no me he críado en ningún burdel, en Las Vegas, en ningún bar de copas… Vamos en ningún sitio en el que los hombres se quiten el anillo para tomarse un Kit Kat y poner un paréntesis en su matrimonio. Y me sigue extrañando ver a los hombre con anillo.

Pero oye, ayer lo entendí, mira que no estaba pensando en ello, ni dándole vueltas ni nada. Que muchas veces pasa eso, cuando menos te lo esperas se te enciende la bombilla y entiendes algo que llevabas tiempo en la mochila, quizá algún día entenderé a mi ex, aunque lo veo difícil. Pues eso, que lo entendí, lo que pasa es que mi padre no lleva anillo. El adulto en el que más me he fijado y más he visto nunca ha llevado anillo, por eso se me hace raro ver a los que lo llevan porque mi padre, en su luna de miel, perdió su anillo en el fondo del mar.

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