El maldito corrector

por Fer Población

Conozco una persona, bueno en realidad conozco muchas personas, pero en este caso me refiero a una en concreto. Por cierto, me niego a considerar a los que cometen actos como los de Bruselas, París, Madrid… Como personas, tampoco como animales, que los animales son seres nobles que van de cara, dejémoslo en despojos. Bien, dejemos este tema, que de eso ya han escrito muchos y seguro que lo han hecho mejor de lo que lo haría yo. Pues eso, que conozco una persona a la que hoy el corrector de su teléfono le ha jugada una mala pasada.

A mí me pasó en su día. Quise preguntar a mi ex (y cuánto me alegro de que sea ex) si quería cenar sopita y al señor corrector le dio por poner so puta. No es lo mismo, vamos que ni se le parece. Pues a esta persona de hoy le ha pasado algo parecido. Ella quiso decirme que estaba estresada, pero lo que a mí me llegó es que estaba estrenada. Y yo, que soy un caballero, o al menos lo intento, me ahorré la broma fácil.

El corrector de hoy es el teléfono escacharrado de antaño. Ese juego que se supone que era divertido, pero al que yo nunca le pillé el punto. Vamos que al final lo único que conseguías era que si tenías a un niño al lado, al hablarte al oído te llenara la oreja de baba. No molaba nada. Me gustaba mucho más cosas del estilo la botella (que me sigue gustando, aunque ahora juego a vaciarla) o beso, verdad o atrevimiento. Aquella edad en la que las hormonas fluían por tu cuerpo en forma de pelo en sitios puntuales, en tu garganta en forma de gallos y en tu cara en forma de granos.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. Eso era antes. Ya no, ahora mantenemos conversaciones por whatsapp con más frecuencia de viva voz. Incluso para los vagos se impone el sistema de notas de voz, que digo yo que eso ya estaba inventado de hace muchos años, es más era un regalo muy socorrido por nuestra primera comunión: los walkie-talkies. Eso, y la caja de caudales. El que no haya perdido su llave de la caja de caudales es que no ha tenido infancia, o que no ha tenido primera comunión, aunque eso (lo de no haber tenido primera comunión) será más propio dentro de unos años, o no, que desde que oí eso del bautizo laico ya cualquier cosa puede ser.

En fin, que el corrector es un podereso aliado y un magnífico enemigo. Que puede salir en nuestra defensa en mil pequeñas escaramuzas, pero hacernos caer en la más cruel de las batallas. Señores, por favor, lo que el amor, la amistad, el compañerismo… Ha unido, que no lo separe el corrector.

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