Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: abril, 2016

La pila compartida

Yo creo que todos lo hemos hecho, o que a todos nos ha pasado. Todos en algún momento nos hemos vuelto locos por casa buscando pilas porque lo que teníamos que usar se ha quedado sin ellas. Normalmente el mando de la tele suele ser el que más pilas acapara de la casa. No importa que la pila sea de la cámara de fotos, del ventilador, de algún juguete… Que tiene muchas opciones de acabar siendo la pila del mando de la tele. Porque es evidente que podemos vivir sin hacer fotos, pero eso de no hacer zapping está considerado como crimen contra la humanidad.

Pero no, no ha sido este el caso. Es más, yo, que soy mucho de ir a mi bola y estoy muy loco (aunque eso ya lo sabéis), le he quitado la pila al mando de la tele. Los tengo cuadrados eh. El caso es que el teclado de mi ordenador es inalámbrico, es decir, que va por pilas, y mientras estaba escribiendo mi columna de mañana para el periódico de Salamanca me he dado cuenta de algo curioso. Yo le daba a las teclas, pero no salía nada en la pantalla… En ese momento es cuando he empezado a sospechar que ese boton con un dibujo de una pila tachada que tintineaba en el teclado desde hace un par de meses igual quería decirme algo. Pero es que chico yo no soy como Gila, a mí no se me detiene con indirectas. A mí hasta que el teclado no se ha plantado y ha dejado de hacerme caso, no se me ha ocurrido tomar cartas en el asunto.

Y la verdad, cuando he visto que la pila se había agotado, he pensado en ponerme una chaqueta y salir a la calle a comprar otras. Pero no, era demasiado formal, demasiado germánico… No me pegaba. Así que me he entretenido buscando víctimas para un expolio, en este caso el mando de la tele, como ya he dicho antes.

Aunque sí debo confesaros algo, en cuanto termine de escribir esto el mando volverá a tener el poder. No es humando estar sin poder cambiar de canal sin levantarse.

 

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No toques, por qué tocas

Pues sí, me gusta esa serie. No es ni culta, ni profunda, ni americana, ni enseña, ni aporta… Pero a mí me gusta. Porque me divierte, me entretiene y me hace reír. ¿Hay algo más bonito que decir a alguien que cuando me acuerdo de ti sonrío? Yo creo que no. A veces infravaloramos la risa, craso error.

Pero es que la frase es una verdad como un castillo. Si algo funciona ¿para qué lo tocas? De verdad, qué manía. Con lo que protestamos cuando las cosas no funcionan, y justo en el momento en el que todo parece arreglado, ya estamos metiendo mano pensando en qué pasaría si. Somos tocones por naturaleza. Y la vida no tiene el botón de deshacer. No, no lo tiene.

Seguro que habéis oído, o habéis dicho eso de ¿no podemos empezar de cero? No, no podemos. Porque yo no soy el mismo que hace diez minutos, y tú, bueno, tú tampoco lo eres. No nos engañemos. Pedir empezar de cero es tan absurdo como aquellos que aseguran que han vuelto a nacer. Mentira Puedes haber pegado un giro brusco en tu camino, pero no has cambiado de carretera, ni de ruta, ni de vehículo.

Somos inconformistas y buscamos optimizar resultados. Ordeñamos la vaca hasta que la dejamos seca, y claro cuando la vaca no da leche, tenemos que ordeñar la soja, aunque esto es otro tema.

Soy fan de las cosas sencillas, simples, pequeñas. De los guiños a escondidas, de las medias sonrisas, de las medias verdades, de las mujeres sin medias. Creo que lo bueno no tiene que ser breve, vivo en el aprobado raspado y confío a ciegas en los que me rodean. Porque así las cosas funcionan. No busco grandes emociones, ni grandes revelaciones, ni fuegos artificiales cuando te encuentre.

Porque si algo funciona, no lo toques.

Ellas y sus cosas

Soy muy mujeriego. Y no, no me refiero a que vaya de cama en cama, no va por ahí la cosa. Me refiero a que soy muy fan de las mujeres. Tienen muchos rasgos que las hace especiales, gladiadoras, que nosotros tenemos las nuestras, pero como siempre, es más fácil ver y admirar (o envidiar) lo de los demás. Y a mí me gustan ellas, sus cosas.

Me gusta cómo su multitarea, bueno, la mayoría, que yo me sé de algunas que sólo una cosa a la vez. Pero en general me gusta que vean la tele, mientras miran telas para tapizar el salón y vigilen que el perro no se coma las patatas fritas. Me gusta que sean ejecutivas, madres y amigas. Todo a la vez, que no se lo ponen (o se lo ponemos fácil), pero lo consiguen.

Me gusta cómo pueden estar preciosas con un vaquero y una camiseta. Y ya. Sin alardes, sin pasarse. ¿Que hay que ponerse tacón y vestido largo? Pues se pone, pero no les hace falta. La belleza no la visten, la tienen.

Me gusta cómo de los más siemple son capaces de hacer algo elegante. Una mujer tomando un botellín de cerveza es algo VIP, las habrá que pidan un vaso, desconfía de esas, las mujeres de verdad, las que valen la pena, beben del botellí o de la lata (y comen farinato, por supuesto). Porque una mujer tiene la capacidad de transformar algo cotidiano en algo de domingo. Botellín y pincho de panceta en un hombre es algo cutre, en una mujer no.

Me gusta cómo juegan al tetris con sus casas. Cómo van colocando sus cuadros, sus muebles, sus alfombras… Cómo eligen cada cosa para cada sitio, todo tiene un sentido, obedece a un plan, nada es porque sí. Quizá nosotros no lo veamos, pero es así.

Y me gusta cuando no se gustan. Cuando dudan, cuando temen, cuando se sienten inseguras, frágiles, tímidas. Cuando tienen ganas de esconderse en el armario y taparse con aquella mantita antibalas que teníamos de pequeños. Me gusta porque ellas siempre, siempre, van a dar un paso más.

Al mal tiempo…

No lo consigo, quizá es que no lo he intentado con muchas fuerzas, pero el caso es que no lo consigo. No soy capaz de salir de casa preparado para el clima que hace fuera. Oye y no debería ser muy complicado. Te asomas por la ventana, miras el tiempo que hace y decides. Que no vivo en un búnker (ahora ya no), que todas mis ventanas dan a la calle… Pues nada.

Ya no me refiero sólo al tema del paraguas, que parece que le tengo alergia, y no es que los tenga escondidos bajo llave en algún lugar de la Mancha, qué va. Los tengo al ladito de la puerta. Es más preocupante el tema de los zapatos. Si llueve me pongo zapatos de ante. Ya no sé si es que me gusta sufrir, o que en el fondo, pero muy fondo, es que los zapatos de ante no me gustan y pretendo acabar con ellos. Pero de verdad que no falla, vamos que no he fallado hoy, es llover fuera y salir sin paraguas y con zapatos de ante. Es más, la versión premium de esta vestimenta (iba a poner outfit, pero eso se lo dejo a las blogueras de moda) es cuando decido sumar al conjunto la cazadora de ante. Ahí ya lo bordo.

Eso si llueve, pero cuando hace un día de estos de sol en todo lo alto no soy mucho más listo. Vale, tampoco que nadie me imagine en agosto con plumas y foro polar, pero hay un tema en el que siempre meto la pata. A ver, para los que somos escasos de pelo. Mejor especifico, que soy escaso de pelo en la cabeza, pero de pelo en pecho (no sólo la riqueza está mal repartida en el mundo). El sitio en el que más nos da el sol es ahí mismo, en todo lo alto, en la cabeza. Y me quemo y quedo con el ridículo moreno de pecho camionero con moreno a medio brazo y cabeza roja como un semáforo.

Y tras todo esto (sí, le doy muchas vueltas a todo), llegamos al punto que le estoy dando vueltas hoy. Porque ya con 36 llevar gorra creo que no es lo que me pega por edad, pero ¿puedo llevar sombrero? Porque claro tampoco hay que tirar piedras contra mi propio tejado y no sé si ponerme el sombrero me va a llevar a tener un aspecto de maduro interesante rollo Indiana Jones, o sumando el sombrero a la barba blanca voy a parecer Papá Noel. Y si me pongo sombrero ¿cuál, cómo, de qué tipo, de qué color? Soy un auténtico inexperto en el mundo sombrero. Help I need somebody.

Las sábanas impermeables

Vale, que nadie piense mal, que nadie piense nada raro. Y no, no me hago pis en la cama. No va por ahí la cosa. Tengo mil defectos pero ése no, lo juro por Snoopy, las bragas de Mafalda, el cocodrilo de Lacoste o similares (que hace poco me han llamado pijo y me estoy metiendo en el papel). A lo que me refiero es que no sé a vosotros, pero al menos a mí sí que me pasa, que cuando veo que fuera está lloviendo la cama me parece un sitio mucho mejor en el que estar.

Creo que la combinación perfecta para dormir (aparte de estar cansado listillos) es sábanas limpias, pijama limpio, colonia Nenuco y llovia intensa fuera. Ojo, lluvia, que no tormenta, que eso hace mucho ruido. Oye y ya con eso pegas un salto a los brazos del dios Morfeo que el pobre hombre prefiere apuntarse a un ironman antes que tener que sujetarte una noche más.

Porque en el fondo somos un poco malos, un poco cabroncetes. Sólo un poco eh (algunos, que otros llevan el cabronismo a nivel olímpico) y nos gusta pensar eso de “aquí estoy yo tan calentito mientras otros están en la calle mojándose y dando carreritas” y ya, si además de pensarlo, podemos verlos por la ventana, nuestra felicidad se dispara. Se nos pone sonrisa de joker.

Por eso hablo de las sábanas impermeables, porque, sin ningún tipo de duda, lo mejor para resguardarse de la lluvia no es un paraguas. Además, todos los que usamos paraguas nos ha pasado lo mismo. Acabamos medios secos, por ahí bien, pero por otro lado también acabamos medio mojados. Vamos que los zapatos sirven de pecera y los pantalones pesan dos kilos más del agua. Que oye puede ser una excusa para ir a pesarse… Has engordado, no, es que llovía.

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán es que lo unten con mantequilla, lo mejor que te puede pasar si llueve es quedarte en la cama. Buenas noches.