Ellas y sus cosas

por Fer Población

Soy muy mujeriego. Y no, no me refiero a que vaya de cama en cama, no va por ahí la cosa. Me refiero a que soy muy fan de las mujeres. Tienen muchos rasgos que las hace especiales, gladiadoras, que nosotros tenemos las nuestras, pero como siempre, es más fácil ver y admirar (o envidiar) lo de los demás. Y a mí me gustan ellas, sus cosas.

Me gusta cómo su multitarea, bueno, la mayoría, que yo me sé de algunas que sólo una cosa a la vez. Pero en general me gusta que vean la tele, mientras miran telas para tapizar el salón y vigilen que el perro no se coma las patatas fritas. Me gusta que sean ejecutivas, madres y amigas. Todo a la vez, que no se lo ponen (o se lo ponemos fácil), pero lo consiguen.

Me gusta cómo pueden estar preciosas con un vaquero y una camiseta. Y ya. Sin alardes, sin pasarse. ¿Que hay que ponerse tacón y vestido largo? Pues se pone, pero no les hace falta. La belleza no la visten, la tienen.

Me gusta cómo de los más siemple son capaces de hacer algo elegante. Una mujer tomando un botellín de cerveza es algo VIP, las habrá que pidan un vaso, desconfía de esas, las mujeres de verdad, las que valen la pena, beben del botellí o de la lata (y comen farinato, por supuesto). Porque una mujer tiene la capacidad de transformar algo cotidiano en algo de domingo. Botellín y pincho de panceta en un hombre es algo cutre, en una mujer no.

Me gusta cómo juegan al tetris con sus casas. Cómo van colocando sus cuadros, sus muebles, sus alfombras… Cómo eligen cada cosa para cada sitio, todo tiene un sentido, obedece a un plan, nada es porque sí. Quizá nosotros no lo veamos, pero es así.

Y me gusta cuando no se gustan. Cuando dudan, cuando temen, cuando se sienten inseguras, frágiles, tímidas. Cuando tienen ganas de esconderse en el armario y taparse con aquella mantita antibalas que teníamos de pequeños. Me gusta porque ellas siempre, siempre, van a dar un paso más.

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