Charcos

por Fer Población

Dicen que a los niños les encantan los charcos. Que sufren una especie de atracción irremediable, que no pueden resistirse a caer, revolverse y disfrutar en ellos. Es parecido al momento en el que sueltas tu caballo limpito en un prado. Se va a revocar, lo sabes, rezas para que no lo haga, pero lo va a hacer.

La verdad es que yo no recuerdo si de pequeño me gustaba meterme en los charcos, en serio, no lo recuerdo, sé que Aina lo disfrutaba, que lo sigue haciendo. En cierto modo creo que de pequeño era muy adulto, y ahora que me hago mayor soy cada vez más niño. Un extraño caso de Fer Button que no tiene sentido, ni ganas de tenerlo. Quizá extraño sea un eufemismo, quizá sea más apropiado decir raro. Más raro que un perro verde, como me dijo hace más de veinte años una niña que se llamaba Sandra. ¿Qué habrá sido de ella? ¿No os pasa que a veces de repente te viene a la memoria alguien de hace años y te apetece saber cómo está? Y es verdad que ahora con Facebook es más sencillo, pero es que no recuerdo sus apellidos. Si por aquellas casualidades de la vida llegas a leer esto Sandra te mando un abrazo. Cosas más raras han pasado.

Los charcos en las ciudades es el pequeño acto de rebeldía que tiene la naturaleza en nuestro forma cuadriculada de pensar. Unas cuántas gotas de más y la ciudad se colapsa. Unas cuántas copas de más y nuestra mente se colapsa. Parecido. Quizá por eso cuando al día siguiente nos cuesta recordar decimos que tenemos lagunas, que no son otra cosa que charcos grandes.

Y deberíamos meternos más en charcos, en los charcos de la vida, en los que apuestas, te manchas, te implicas. Sin botas de aguas, sin muda de recambio, a pelo, puede que sea de las pocas cosas que debamos hacer a pelo. Ser más de verdad y menos un espejo en el que se refleja el de enfrente. Que no quiero ser como tú, que no quiero que tú sas como yo. Que yo soy Fer Button y veo Kung Fu Panda 3 en el tren camino a Madrid mientras el señor de al lado mío no da crédito, escucho el dúo dinámico mientras curo mi resaca en el chalet de Villanueva de la Cañada, quiero poner a Mazinger Z al lado de la tele de “mi casa”… Soy así.

Dicen que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar. Menos ríos y más charcos.

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