Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: julio, 2016

La ventana indiscreta

La confianza da asco. Creo que ya lo sabéis, pero yo os lo repito, que soy muy de repetirme, de insistir, de ser pesado vamos, es lo que hay. Y yo he cogido confianza con una ventana, y eso tiene sus consecuencias. Pero no, no es que me dedique a espiar por la ventana, que yo soy poco cotilla. Bastante me regaña ya Idoia porque no pregunto las cosas, y no es que no tenga interés, todo lo contrario, más bien pienso que si hay algo realmente importante me lo van a contar. Vale que queda raro eso de no preguntar siendo periodista, pero a lo largo de las mil letras que os he soltado aquí, creo que ya ha quedado bastante claro que yo hago las cosas a mi manera (my way). Ni mejor, ni peor, solo a mi manera.

Pues eso, que he cogido confianza con la ventana. Y os explico que hablamos de la ventana de mi cocina. Bueno, ventana, ventanal, porque es un cristal de suelo a techo. Y claro, como vivo en un primero si estoy en la cocina y alguien mira hacia arriba me ve. No es la primera vez que saludo con la mano a alguien que pillo mirando. Es curioso que nadie me ha devuelto el saludo, siempre que hago eso consigo que la gente agache el cuello y ande más deprisa. Una de dos, o se han creído que con encoger el cuello se hacen invisibles, o es que cuando encojes el cuello ganas en velocidad. Anda quizá por eso Alonso ya no gana ni la pedrea… Con el cuello que se le ha puesto…

Y, como decía antes, coger confianza con la ventana es peligroso. Mucho más si añadimos el factor calor, porque claro, tendemos a ir más fresquitos en casa,y yo… Yo vivo solo… Y claro pues ahora eso de estar en calzoncillos en casa es algo que se agradece. Pues nada que estaba yo el otro día en mi cocina mirando mi nevera a ver si de repente, por suerte, por magia o por pena, aparecía algo que me apeteciera, y oigo la voz de una señora mayor desde la calle “¿no te da vergüenza pasearte en paños menores?” Y yo, que soy muy de responder dije “señora, eso le pasa por cotilla, que yo estoy en mi casa y usted en la calle”. La señora agachó la cabeza y se fue andando rápido. La confianza da asco, aunque haya una ventana por medio.

Aire acojonado

Miedo, tengo miedo… Como decía aquella canción de hace años. Vaya, parece que últimamente me está saliendo mi abuelo interior, no descarto empezar a visitar obras, cruzar los brazos en la espalda a caminar y tirar de repertorio de refranes para que nadie entienda nada, pero sonar muy culto.

Pero sí, que tengo miedo, vamos creo que todos lo tenemos. Tenemos miedo a la que está cayendo. No, ahora no hablo de la crisis, tampoco hablo de l0s políticos (aunque esos nos tienen hartos desde diciembre) y del Brexit mejor ni mu. Tengo miedo por el calor que hace. Y es que ha llegado así, sin avisar, a lo bruto. Los señores primavera y otoño brillan por su ausencia, para mí que son funcionarios y entre cafés, descansos, vacaciones y días de asuntos propios trabajan dos días al año y por los pelos.

Estamos todos atrincherados, metidos en las casas u oficinas combatiendo el calor como mejor podemos. Pero ay, llega el momento en el que tienes que salir a la calle, en el que tienes que jugarte el físico, vamos en el que si estás en la calle a las tres de la tarde y das dos vueltas a lo Bisbal te conviertes en un pollo asado.

Llegas a casa de la calle y lo primero que haces es poner el aire, pones el aire acojonado. Acojonado por el calor que ha pasado y por las mil veces que te han dicho en telediarios y demás que los cambios bruscos de temperatura son malos. Pero te la suda, nunca mejor dicho, y lo pones. Sí, a los tres días estás enfermo con la misma voz que Carmen de Mairena, pero oye fresquito has estado.

Y ahora que lo pienso… ¿Qué les pasa a los telediarios? Llega agosto y tiran de archivo cosa mala, vamos que si repiten uno del año pasado creo que ni nos enteramos. Tenemos noticias estrella del tipo en agosto hace calor, hay mucha gente en la playa, en los San Fermines meten mano, miles de kilos de tomates por las calles… En serio, creo que no podría vivir sin toda esta información.

Calor, hace calor, mucho calor… Sé que lo sabéis, pero yo os lo cuento.

Perdón, perdón

Lo siento, de verdad, perdón, de rodillas, con dos libros en los brazos y de cara a la pared. Lo siento. Os he tenido muy abandonados, lo sé, pero he estado algo liado y pensando mucho. Cuando alguien decide empezar un proyecto nuevo tiene el lógico acojone, pero supongo que es normal, que es lo que demuestra que estamos vivos, que sentimos, que no somos alemanes. Por cierto, que yo esta noche prefiero que gane Alemania, más que nada por Kroos, que ya sabéis que yo soy más blanco que lavado con Ariel.

¿Nunca os ha pasado que os reencontráis con alguien que hace mucho tiempo que no véis? Me refiero a un amigo, no a un ex jefe, o compañero o similar. A mí me ha pasado varias veces, y siempre me hace mucha ilusión. Porque parece que no ha pasado el tiempo, que no ha cambiado nada, que todo sigue y fluye. Y te da por pensar que si esa persona se alegra de verte tanto tiempo después, es que algo debiste hacer bien en su día. Y eso te hace sentir bien y te pone contento. El vino también ayuda claro, pero no nos engañemos, no se puede abrir una botella de vino con cualquiera, no todo el mundo se lo merece.

A veces en que pierdes el contacto con alguien. Sin mucho motivo, simplemente por el estar lejos o cambiar de rutinas o qué sé yo. Pero es un error, sin duda es un error. Curiosamente en dos semanas he retomado contaco con varias personas y estoy muy contento por haberlo hecho. La gente suma y los amigos más.

Me encantó hablar con Cris, con la nueva versión de ella persiguiendo por la casa a su hija Jana y su empeño por sembrar zanahorias. Ella quiere estar preparada para cuando lleguen los camellos, no, no del tipo que le gustan a Pocholo, si no de los que vienen de oriente llenos de regalos.

Me gustó tener en casa a Anita y a Stefan. Con risas, goles, lluvia mil cosas que nos contamos, muchas más que nos contaremos. Es agradable saber que en Madrid tengo dos amigos más y es divertido pensar en los planes que podemos hacer juntos.

Y me hizo ilusión la llamada de una pareja tan entrañable como encantadora. Enrique y Concha. Dos personas de maldad divertida, de risa fácil, de trato ameno. Que lo que Da Gavino unió no lo separe el tiempo.

Y ahora estoy pensando en personas con las que hace mucho que no hablo, valorando a quién debo llamar, pensado en qué encuentro debo forzar… Igual te llamo dentro de poco ¿te apetece?