Aire acojonado

por Fer Población

Miedo, tengo miedo… Como decía aquella canción de hace años. Vaya, parece que últimamente me está saliendo mi abuelo interior, no descarto empezar a visitar obras, cruzar los brazos en la espalda a caminar y tirar de repertorio de refranes para que nadie entienda nada, pero sonar muy culto.

Pero sí, que tengo miedo, vamos creo que todos lo tenemos. Tenemos miedo a la que está cayendo. No, ahora no hablo de la crisis, tampoco hablo de l0s políticos (aunque esos nos tienen hartos desde diciembre) y del Brexit mejor ni mu. Tengo miedo por el calor que hace. Y es que ha llegado así, sin avisar, a lo bruto. Los señores primavera y otoño brillan por su ausencia, para mí que son funcionarios y entre cafés, descansos, vacaciones y días de asuntos propios trabajan dos días al año y por los pelos.

Estamos todos atrincherados, metidos en las casas u oficinas combatiendo el calor como mejor podemos. Pero ay, llega el momento en el que tienes que salir a la calle, en el que tienes que jugarte el físico, vamos en el que si estás en la calle a las tres de la tarde y das dos vueltas a lo Bisbal te conviertes en un pollo asado.

Llegas a casa de la calle y lo primero que haces es poner el aire, pones el aire acojonado. Acojonado por el calor que ha pasado y por las mil veces que te han dicho en telediarios y demás que los cambios bruscos de temperatura son malos. Pero te la suda, nunca mejor dicho, y lo pones. Sí, a los tres días estás enfermo con la misma voz que Carmen de Mairena, pero oye fresquito has estado.

Y ahora que lo pienso… ¿Qué les pasa a los telediarios? Llega agosto y tiran de archivo cosa mala, vamos que si repiten uno del año pasado creo que ni nos enteramos. Tenemos noticias estrella del tipo en agosto hace calor, hay mucha gente en la playa, en los San Fermines meten mano, miles de kilos de tomates por las calles… En serio, creo que no podría vivir sin toda esta información.

Calor, hace calor, mucho calor… Sé que lo sabéis, pero yo os lo cuento.

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