La ventana indiscreta

por Fer Población

La confianza da asco. Creo que ya lo sabéis, pero yo os lo repito, que soy muy de repetirme, de insistir, de ser pesado vamos, es lo que hay. Y yo he cogido confianza con una ventana, y eso tiene sus consecuencias. Pero no, no es que me dedique a espiar por la ventana, que yo soy poco cotilla. Bastante me regaña ya Idoia porque no pregunto las cosas, y no es que no tenga interés, todo lo contrario, más bien pienso que si hay algo realmente importante me lo van a contar. Vale que queda raro eso de no preguntar siendo periodista, pero a lo largo de las mil letras que os he soltado aquí, creo que ya ha quedado bastante claro que yo hago las cosas a mi manera (my way). Ni mejor, ni peor, solo a mi manera.

Pues eso, que he cogido confianza con la ventana. Y os explico que hablamos de la ventana de mi cocina. Bueno, ventana, ventanal, porque es un cristal de suelo a techo. Y claro, como vivo en un primero si estoy en la cocina y alguien mira hacia arriba me ve. No es la primera vez que saludo con la mano a alguien que pillo mirando. Es curioso que nadie me ha devuelto el saludo, siempre que hago eso consigo que la gente agache el cuello y ande más deprisa. Una de dos, o se han creído que con encoger el cuello se hacen invisibles, o es que cuando encojes el cuello ganas en velocidad. Anda quizá por eso Alonso ya no gana ni la pedrea… Con el cuello que se le ha puesto…

Y, como decía antes, coger confianza con la ventana es peligroso. Mucho más si añadimos el factor calor, porque claro, tendemos a ir más fresquitos en casa,y yo… Yo vivo solo… Y claro pues ahora eso de estar en calzoncillos en casa es algo que se agradece. Pues nada que estaba yo el otro día en mi cocina mirando mi nevera a ver si de repente, por suerte, por magia o por pena, aparecía algo que me apeteciera, y oigo la voz de una señora mayor desde la calle “¿no te da vergüenza pasearte en paños menores?” Y yo, que soy muy de responder dije “señora, eso le pasa por cotilla, que yo estoy en mi casa y usted en la calle”. La señora agachó la cabeza y se fue andando rápido. La confianza da asco, aunque haya una ventana por medio.

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