Nunca quise

Nunca quise destacar, ni ser diferente. Quería ser como todos, pero nadie era como yo. Luego descubría que es que nadie es como nadie. No hay dos personas iguales. Si somos capaces de mirar un poco más adentro de las personas podremos apreciar los matices, lo que les distingue a cada uno, lo que les diferencia. Es lo contrario a aquello de no dejes que los árboles no te dejen ver el bosque. En este caso se traro de que el rebaño no te confunda, que no permitas no poder diferenciar cada una de las personas. El buen pastor diferencia a sus ovejas, y que nadie busque en este referncias religiosas porque no voy por ahí. Solo digo que del mismo modo las personas debemos difernciar a los demás, saber lo que piden, lo que necesitan, lo que buscan. Porque no todos somos iguales y no se nos puede tratar igual.

Nunca quise cansarme de esperar que los demás hicieran por demás lo mismo que hago yo por ellos, pero lo he hecho. De verdad que lo he hecho. Es mejor no esperar nada, dejarse sorprender. Es como los regalos, todos esperamos algo por el día de nuestro cumpleaños, pero seguro que nos hace más ilusión que alguien nos traiga algo un día cualquiera, un día que, por algún motivo que ni viene al caso ni importa, se han acordado de nosotros.

Nunca quise creer en la Navidad y empiezo a hacerlo. No sé que coño me pasa, pero cada vez me ilusiono más que cosas pequeñas, con fechas concretas, con pequeños viajes, con grandes reencuentros. Parece que sigo viviendo mi caso de Benjamin Button, pero en vez de curarme voy a peor. Y lo malo es que no me disgusta, y lo mejor es que me sigo sorprendiendo a mí mismo. Tengo que hablar seriamente conmigo, pero siempre lo dejo para mañana, aunque no tenga nada que hacer.

Nunca quise conocer más gente, porque me habían hecho daño, porque estaba harto de disimular lo que no era, de fingir ser otro. Y de repente me veo lanzando globos sonda en mil direcciones y casi a diario con un mensaje tan pueril como ¿quieres ser mi amigo?

Nunca quise contar estas cosas, prefería tenerlas dentro, escondidas bajo llave y, sin avisarme, me he convertido en alguien que tiene cosas que piensa y a pesar de ello las dice.

 

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