Detector de últimas veces

por Fer Población

Hace poco alguien ha comentado en Facebook que estaría bien que existiera un detector de últimas veces. Que hubiera una bombillita que se enciendiera cuando fueras a hacer algo, o ver a alguien, por última vez. Porque yo estoy seguro que cambiaría mucho nuestra forma de actuar, porque creo que todos tenemos una espinita clavada por esa última vez poco apropiada, porque las últimas veces son las pruebas de fuego a las que nos enfrentamos sin saberlo.

Y todos, pero todos, hemos visto alguna película o serie en la que uno de los protagonistas comentan eso de “lo último que le dije antes de morirse fue…”, o “me habría gustado decirle…”. Y todos, pero todos, le hemos dado una vuelta en silencio, y hemos pensado en las palabras pendientes.

Las palabras pendientes son las que más duelen. Las que no hemos dicho, las que se enquistan en el alma y la cabeza, las que nos marean a base de darles vueltas, pese a saber que ya no van a salir. Porque cada situación, cada experiencia, representa en sí una última vez de decir aquello que nos sale del corazón y no la caricatura que al final expulsamos por la boca.

Hay últimas veces profundas, sobretodo cuando tienen que ver con los seres queridos, pero también las hay más pequeñas, pero no por ello menos importantes. Soy fan de lo pequeño.

Seguro que han cerrado un bar donde solías ir a encontrarte con tus amigos (el Medievo, el Ojú), puede que ya no exista esa heladería donde ibas de pequeño, quizá ya no se fabrique una colonia que te gustaba… Y lo malo de estos recuerdos que no se apoyan tanto en la vista, es que se te clavan mucho más, los tienes mucho más presentes.

La bombilla de la última vez sería un gran invento, una gran idea. Pero tendría que ser de verdad, que no hubiera prórrogas ni pasos atrás. Que no fuera como esos viejos cantantes que se retiran una vez al año tratando de estirar su carrera. Que fuera definitivo para que pudiera ser definitorio. Y así, y sólo de esa manera, podríamos decidir qué hacer, cómo actuar, cómo afrontar esta última vez. Y meteríamos la pata, porque la metemos, porque somos así, pero no tendríamos la excusa de no saber que era la última vez.

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