Residuos sociales

por Fer Población

Lo siento, pero si no lo digo reviento. Y me molesta el hecho de volver a asomarme a éste que era mi rincón de paz para soltar el cabreo que llevo ahora mismo.No puedo, no lo entiendo, se me escapa. Algo que se supone que está ahí para acercarnos, para unirnos, para ponernos a todos al mismo nivel, resulta que saca lo peor de nosotros y consigue que mostremos nuestra cara B.

Hablo de las redes sociales, más concretamente de Twitter, que sin lugar a dudas es la más cabrona de todas. Es un redil de cobardes, de tristes, de pajilleros, de personajes tristes, de buitres que se lanzan a por carroña. Hay de todo, claro, pero destaca lo malo. Porque eso de insultar sin dar la cara les pone, eso de tirar la piedra y esconder la mano se lo toman como una victoria particular, como una muesca en su ridículo revolver porque, aunque no lo quieran reconocer, lo tienen pequeño.

Y es que estamos perdiendo los valores, el respeto, lo que nos dignifica como personas. Bueno, un momento qué narices, lo están perdiendo ellos. Porque lo que hoy me ha hecho tener que sentarme a soltaros esto han sido los tweets que he leído por la muerte de Bimba Bosé. Repito por si no ha quedado claro, la muerte. No hablo de que se haya roto un pie, que le hayan puesto los cuernos, que haya perdido un vuelo. No, se ha muerto. Pues ni eso respetan algunos. No sé quién me dijo un día (y me encantaría acordarme), que todo tiene solución, menos la muerte. Bieno, pues yo creo que todo es criticable, menos la muerte.

He estado tentado de poneros algunos de los tweets que he leído, pero paso. Me niego a copiar esas palabras, yo no voy a pasar por ese aro. Sin embargo lo que más me ha dolido ha sido el comentario desafortunado del periodista Antonio Burgos. Y no, no voy a meterlo en el mismo saco que a los perros anónimos de Twitter que se hartan de ladrar porque saben que no pueden morder. No, no tiene nada que ver una metedura de pata con una carencia de personalidad, entendiendo personalidad como los rasgos que nos definen a las personas. Pero precisamente él, periodista con horas de vuelo, debería haber sido consciente de lo poco oportuno de su comentario. Y seguramente en cualquier otro momento que lo hubiera lanzado habría tenido aplausos, seguidores y loas. Puede que hasta las mías, pero no en el momento de la muerte de una persona y respondiendo al mensaje de despedida de su tío. Así no.

Anuncios