Charcos a mí

por Fer Población

Hacía mucho que no me metía en un charco metafóricamente hablando, bueno, mi hermana Reyes decía que temía por mi salud por la última columna que he escrito para La Gaceta de Salamanca, pero oye, aquí sigo sano y salvo. Creo que las personas a las que nos pagan por opinar no podemos escribir pensando en quedar bien con todo el mundo. Eso no es opinar, eso es un bienquedismo zafio y rastrero que busca embolsar unos euros.

Pues eso, que hacía mucho que no me metía en charcos por aquí, y me vais a permitir que hoy me ponga más en plan periodista que en plan loco pensador (algunos lo llaman libre pensador, pero creo que mi término me pega más). Porque me apetece decirlo, porque tengo que soltarlo y porque yo lo valgo.

Hoy es el Día de la Mujer. Vale, lo primero que quiero señalar es el cambio de nombre. Vamos, que hasta el año pasado, era el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y ahora se ha acortado, pero no creo que haya sido por economía del lenguaje. Y la verdad es que este matiz me parece correcto. El apellido de trabajadora que llevaba el Día de la Mujer, daba entender que las mujeres que trabajaban eran una excepción, que no era la habitual. Es verdad que hay trabajos remunerados y otros que no lo son, pero no por el hecho de ser no remunerados, no quiere decir que no sea un trabajo. Sí, estoy hablando de las mujeres que se hacen cargo de sus casas y de sus hijos. Hay que tener muy en cuenta que es precisamente el hecho de que la mujer se haga cargo de estas tareas, lo que permite a su pareja poder salir de casa a desempeñar su labor profesional. Si hay gente que cobra por hacer lo mismo que tú, es que es un trabajo, y las empleadas del hogar llevan en nuestra sociedad muchos siglos.

Vale, en la primera parte de acuerdo, pero vamos al charco que es a lo que hemos venido. Una exaltación del feminismo es lo más alejado a buscar la igualdad que pretenden y, por supuesto, merecen.Es verdad que queda camino por recorrer, pero ésta no me parece la mejor fórmula de conseguirlo. Y hay algo en concreto que me da rabia, que no lo entiendo. Ya hoy, desde primera hora de la mañana, me he encontrado mensajes del tipo “las mujeres somos mejores” en las redes sociales. Y no, lo siento, pero no lo sois, no sois mejores que yo. Sois diferentes, nos complementáis y tenéis el mismo valor que nosotros. Pero no sois superiores, no me voy a sentir inferior delante de una mujer y tengo muy claro que no somos iguales. El manido recurso de infravalorar lo mío, para exaltar lo tuyo ya cansa. Es una muestra de falta de argumentos. Ojito que no estoy generalizando, si no que, en este momento, estoy retratando a las feminazis que apuestan por la muerte del pene. Poco respeto puedes exigir, cuando lo primero que haces es falta al mismo. Una estrategia similar a la de los podemitas, que exigen la libertad de expresión, pero amenazan y atacan a los periodistas que no son afines a ellos, como ha denunciado la APM (Asociación de la Prensa de Madrid).

Por desgracia no es en el único ámbito en el que se emplea esta estrategia. Estoy harto de ver a determinados nacionalistas faltando al respeto a España (ojo, vuelvo a lo mismo, estoy hablando de radicales con poco cerebro y muchas ganas de atacar, pero son bastantes). No creo que Cataluña mejore en nada, diciendo que el resto de España (querido amigo, te guste o no tú eres español) es una mierda. En nada. Defiende lo tuyo, exalta lo tuyo, di todo lo bueno que tenéis (que es mucho), pero no exijas libertades cuando lo primero que haces es faltarme al respeto.

Es absurdo, pero todo esto viene de largo. Viene de ni más, ni menos que de una guerra. A ver, que parece que en esta parte alguien se debe haber perdido, pero en las guerras muere gente, y muere gente de los dos lados. Que sí, que los nazis eran muy malos, pero no creo que a los nazis se les derrotara a base de poner flores en los cañones de sus armas como soñaban los hippies en Woodstock (soñaban despiertos con varias ayudas). Cuando una guerra llega a producirse es evidente que la sociedad en su conjunto está en un error, pero cuando la guerra termina es necesario olvidar, perdonar y avanzar.

Y hay otro matiz que hay que recordar, en las guerras hay vencedores y vencidos, y son los vencedores los que imponen su modelo de sociedad, de gobierno, de economía… Es similar, salvando las distancias, a las elecciones al Gobierno. Y es curioso que aquellos que perdieron la guerra y aquellos que han perdido las elecciones pretendan marcar el ritmo de nuestro país. Porque ahora les ha dado por borrar todo aquello que recuerda aquella guerra, desde estatuas, calles, plazas… Siempre se ha dicho que el que olvida su pasado tiene el riesgo de repetirlo. Y hubo víctimas, pero las hubo por los dos lados, hubo héroes, por los dos lados y hubo momentos históricos, por los dos lados. Y todos ellos deberían tener el derecho de perdurar en el tiempo con su reconocimiento, los de los dos lados, por supuesto.

En fin suficientes charcos por hoy. Seguro que muchos no estáis de acuerdo con algunas de las cosas que he dicho, puede que algunos no estéis de acuerdo con ninguna. Al menos por mi parte tenéis la opción de hablar de todas ella conmigo, puede que no lleguemos a un acuerdo, pero no hay que estar de acuerdo en todo para respetarse y llevarse bien.

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