Cosas que nunca he hecho

por Fer Población

Parece que hay algunas cosas que todos damos por hecho, por cumplidas, que todos tenemos en nuestro debe y nadie duda de que no es una asignatura pendiente. O al menos todo el mundo dice que están en páginas pasadas del calendario de su vida. Pues no, al menos yo no, yo tengo flaquezas, tengo taras, tengo metas por cumplir y apuestas que aún no he hecho. Tengo facturas pendientes conmigo, contigo y con todos mis compañeros.

Porque nunca me he bañado de noche en el mar, en una piscina sí, pero creo que no es lo mismo. Y hablan de la magia de bañarse viendo las estrellas, sí que he dormido al raso, varias veces, aunque quizá en ese momento no supe apreciarlo, no me paré a mirar. No le dediqué esos tres segundos que predico a ver el espectáculo. Y es algo que creo que nos pasa mucho, valoramos las cosas antes o después, pero no en el momento en que nos suceden. Y es una pena.

Nunca he visto Casablanca, ni Lo que el viento se llevó, ni… Bueno hay muchas películas de las que se consideran grandes clásicos que no he visto. No me han llamado la atención, tampoco nadie me ha dicho que las viéramos juntos. Quizá con estas películas pasa como cuando un amigo se va a vivir cerca de tu casa. Haces mil planes para verle, pero como lo tienes tan a mano, como es tan sencillo quedar, pues lo vas dejando. Pasan los días y lo vas dejando. Lo malo es que a veces la gente se muda, y ya no es tan sencillo, ya no es tan fácil, ya no vive a la vuelta de la esquina. Y te arrepientes, claro que te arrepientes, en la vida sueles arrepentirte más de las cosas que no haces. Al menos a mí me pasa.

Nunca he probado la quinoa. No tengo ni idea de a qué sabe. Pero ni idea. Y claro que sé lo que es, porque ahora tienes quinoa hasta en la sopa, bueno en realidad no sé si se hace sopa de quinoa, pero vamos que es otra de esas modas que de repente tienen un boom y vamos todos como borregos. Pues yo no, al menos de momento no. Mañana puede ser que sí, pero ahora no.

Nunca he pedido un  menú para dos. Porque casi siempre he sido uno. Y vale, se puede pedir un menú para dos con amigos, familias o mascotas. Pero no se ha dado el caso. Y yo quería el mío, o la otra persona quería el suyo. Y no sé si esto es de independiente, de egoísta o sólo ha sido casualidad. Ni idea. Curiosamente sí que he pedido menú para tres. En muchas cenas por mí hemos sido tres, o cinco, o siete. Es lo que tenemos los solteros, a cierta edad convertimos las cenas en impares. Somo el plato que aparece en la cabecera de la mesa, donde nadie quiere sentarse.

Nunca he podido hacer algo con mis manos de lo que sentirme orgulloso. Ni pintar, ni construir ni nada similar. No fui capaz de montar una mesilla de Ikea, no puedo colgar un cuadro, no puedo dibujar un mapa… Todas esas cosas quedan fuera de mi alcance. Y me da envidia ver a la gente que lo hacen con tanta facilidad. Suelo quedarme mirando impresionado, admiro todo lo que yo no soy capaz de hacer.

Nunca he plantado un árbol, ni tenido un hijo, sí que he montado en globo, una vez hace muchos años y la verdad que me decepcionó un poco. Vale que las vistas merecían la pena, pero apenas sentí cómo subía o bajaba. No sé, hay algunas cosas en la vida que tendemos a mitificar tanto, que cuando suceden nos saben a poco, se nos quedan cortas.

Nunca he hecho ninguna de esas cosas, hay muchas que tampoco. No sé si es bueno o malo, sólo sé que es verdad.

 

 

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