Sonrisas desde el cielo

Todos las tenemos. Puede que no todos seamos capaces de notarlas, de sentirlas, de notar el calor que nos provocan, porque sí, una sonrisa es algo que calienta. Pero todos las tenemos, y las tenemos ahí, encima, sobre nuestros hombros como una amiga siempre dispuesta a darnos esa palmadita en la espalda, ese empujón cariñoso, o ese abrazo para que sepamos, sin duda alguna, que todo va a salir bien.

Todos las tenemos, porque todos tenemos alguien que nos mira, que nos cuida, que nos lleva entre algodones y que hace de parapeto de nuestra vida para que los golpes duelan menos, y las penas se encojan como la ropa después de Navidad.

Siempre hay alguien que pensamos que no está, pero que simplemente se ha mudado, como los buenos amigos que se van a vivir lejos, si los necesitas solo tienes que llamarlos, pues a ellos, a los que no están, solo tienes que pensar en ellos para notar cómo su mirada vuela desde arriba a centrarse en ti.

Siempre he pensado que una de las mejores cosas que te pueden decir en la vida es “cuando me acuerdo de ti sonrío”, a mí me pasa con muchas personas, tengo mucha suerte en eso, quizá no todos lo sepan, quizá soy algo cerrado a expresar según qué cosas y las guardo a fondo fijo, sabedor de que este depósito no me va a dar rendimiento alguno, pero ahí están. Y pienso que los que no están buscan lo mismo, quieren que sonriamos al pensar en ellos, porque quieren aportar, ayudar, sumar, hacer que nuestra vida sea mejor y cogernos de la manos para subir el siguiente escalón.

Sonríe, por ti y por todos tus compañeros, lo que ves a diario, los que apenas ves, los que tienes cerca, los que ya se han ido e incluso por aquellos que sabes que no van a hacerlo por ti. Sonríe como rutina, como ejercicio del buen vivir, como promesa a ti mismo y a los que te miran desde arriba porque te lo mereces y se lo merecen. Sonríe.

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