Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: marzo, 2020

Los Quioscos

A mi hermana Maca de pequeña la llamaban Quiosco porque siempre llevaba una bolsa de chuches en el abrigo cuando iba a la guardería o al colegio. Y le siguen gustando, aunque ahora ya compra chuches VIP de una cadena en Madrid que las hace con zumo natural de frutas. Qué cosas.

Pero no es de eso de lo que quería hablaros. De pequeño pensaba que el de mi plazuela (esos sitios maravillosos en los que jugábamos, nos manchábamos y nos despellejábamos las rodillas) era el mejor quiosco del mundo.

Allí estaba al frente Heraclio. Por cierto, creo que siempre que oímos el nombre de Heraclio nos acordamos de Heraclio Fournier. Si las cartas no eran de Heraclio Fournier eran malas, pero muy malas. El señor Fournier hacía cartas para todo el mundo, para bancos, bebidas, fábricas de embutidos… Le debes grandes horas de mus (o similares) a este señor. Gracias.

En fin, que me voy por las ramas. Lo que decía, que yo pensaba que Heraclio regentaba el mejor quiosco del mundo mundial, pero resulta que hay muchos muy buenos, muchos que tienen de todo, como en botica, que puedes comprar los periódicos, pan, chuches (por supuesto), libros, bolis…

Si quieres un condensador de fluzo, pídeselo a Heraclio. Si quieres cuarto y mitad de cancamusa, pídeselo a Heraclio. Si quieres sangre de unicornio albino, pues lo dicho, a Heraclio.

Y resulta que ahora hay muchas cosas que no sabemos dónde podemos conseguir, porque muchos negocios están cerrados. Por eso, como idea, hablad con Heraclio.

Un día más

En esta época confusa, en estos momentos nunca antes vividos en los que vivimos improvisando, en esta pausa obligatoria en nuestra vida, existen dos tipos de días. Hay veces que sientes que es un día menos, que queda un día menos para volver a lo de siempre, a lo que nos gusta. A vernos, a disfrutarnos, a convivir, porque yo no soy yo si no tengo un nosotros.

Pero también hay un día más. Hoy es un día más. Hoy siento que llevo un día más en este laberinto, con un minotauro llamado coronavirus, del que no veo salida.

Hoy me he despertado con un olor de boca desagradable (Kike ha hecho de las suyas), con un mal sabor de boca (ahí Kike no tiene nada que ver), con pocas ganas de salir de la cama (pero tenía que sacar a Kike) y con menos ganas de afrontar todo lo que nos queda.

Hoy me he dejado la sonrisa en la almohada y buscado, con pésimo resultado, pincharme algo de energía positiva (que para eso la insulina no me vale).

En fin, afrontemos el hoy y ya veremos mañana.

Un día más

En esta época confusa, en estos momentos nunca antes vividos en los que vivimos improvisando, en esta pausa obligatoria en nuestra vida, existen dos tipos de días. Hay veces que sientes que es un día menos, que queda un día menos para volver a lo de siempre, a lo que nos gusta. A vernos, a disfrutarnos, a convivir, porque yo no soy yo si no tengo un nosotros.

Pero también hay un día más. Hoy es un día más. Hoy siento que llevo un día más en este laberinto, con un minotauro llamado coronavirus, del que no veo salida.

Hoy me he despertado con un olor de boca desagradable (Kike ha hecho de las suyas), con un mal sabor de boca (ahí Kike no tiene nada que ver), con pocas ganas de salir de la cama (pero tenía que sacar a Kike) y con menos ganas de afrontar todo lo que nos queda.

Hoy me he dejado la sonrisa en la almohada y buscado, con pésimo resultado, pincharme algo de energía positiva (que para eso la insulina no me vale).

En fin, afrontemos el hoy y ya veremos mañana.

Razas de terrazas

Hay que estamos en casa, que la calle es como el sueño de una noche de verano, porque espero que en verano podamos volver a estar en la calle, ahora que el tiempo más que un regalo es una tortura, justo ahora estamos descubriendo rincones de casa que antes, o ignorábamos o despreciábamos.

Pues uno de esos rincones es la terraza. La terraza es la primera sorprendida de ver tanta gente estos días, que no entiende que le den aplausos (todos los días a las ocho), pero la terraza tiene muchas variantes, muchos tipos, muchas razas.

Hay terrazas trastero. Cuando los que tienen su particular síndrome de Diógenes, esos que no tiran ni los cromos de naranjito, se quedan sin espacio, tiran de terraza. Y ahí hay de todo, pero todo lo que hay después de pasar un tiempo con sol y lluvia se convierte en lo mismo: Basura.

Hay terrazas de diseño, con muebles de diseño y lámparas de diseño y dueños de diseño. Que cuando entras en una de esas empiezas a buscar al DJ y la barra, porque piensas que estás en un local chill out de Ibiza o similar.

Hay terrazas que parecen huertos. Que la gente arranca con mucha ilusión, con hierbas aromáticas, tomates, berenjenas… Hasta que se cansan de esperar y se dan cuenta de que es más sencillo bajar al súper. Es en ese momento en el que todas las plantas se convierten en lo mismo, pasan a ser plantas secas. En este ámbito hay una modalidad similar pero distinta, las terrazas jardín, que los dueños suelen cuidar y apreciar y te hablan de sus plantas como si fueran sus hijos. Cierto que las plantas dan menos disgustos porque no tienen que llevar las notas a casa.

Además hay terrazas diáfanas, la mayoría, donde no hay nada. Y todas tienen un proyecto, a todas les hicieron promesas de lo guapas que iban a quedar, pero a todas les sueltan el manido vuelva usted mañana.

Y por último están las mejores, las que más me gustan, las de los bares. Cómo las echo de menos.

Razas de terrazas

Hay que estamos en casa, que la calle es como el sueño de una noche de verano, porque espero que en verano podamos volver a estar en la calle, ahora que el tiempo más que un regalo es una tortura, justo ahora estamos descubriendo rincones de casa que antes, o ignorábamos o despreciábamos.

Pues uno de esos rincones es la terraza. La terraza es la primera sorprendida de ver tanta gente estos días, que no entiende que le den aplausos (todos los días a las ocho), pero la terraza tiene muchas variantes, muchos tipos, muchas razas.

Hay terrazas trastero. Cuando los que tienen su particular síndrome de Diógenes, esos que no tiran ni los cromos de naranjito, se quedan sin espacio, tiran de terraza. Y ahí hay de todo, pero todo lo que hay después de pasar un tiempo con sol y lluvia se convierte en lo mismo: Basura.

Hay terrazas de diseño, con muebles de diseño y lámparas de diseño y dueños de diseño. Que cuando entras en una de esas empiezas a buscar al DJ y la barra, porque piensas que estás en un local chill out de Ibiza o similar.

Hay terrazas que parecen huertos. Que la gente arranca con mucha ilusión, con hierbas aromáticas, tomates, berenjenas… Hasta que se cansan de esperar y se dan cuenta de que es más sencillo bajar al súper. Es en ese momento en el que todas las plantas se convierten en lo mismo, pasan a ser plantas secas. En este ámbito hay una modalidad similar pero distinta, las terrazas jardín, que los dueños suelen cuidar y apreciar y te hablan de sus plantas como si fueran sus hijos. Cierto que las plantas dan menos disgustos porque no tienen que llevar las notas a casa.

Además hay terrazas diáfanas, la mayoría, donde no hay nada. Y todas tienen un proyecto, a todas les hicieron promesas de lo guapas que iban a quedar, pero a todas les sueltan el manido vuelva usted mañana.

Y por último están las mejores, las que más me gustan, las de los bares. Cómo las echo de menos.

Pan para todos

Mucho se ha hablado de los mil y un gintonics, con sus mil y una ginebras que existen. Y es verdad, porque a menos que tuvieras muy claro lo que querías (seagrams con suepes) acababas desesperado diciéndole al camarero eso de “lo que tú veas”. Eso sí, como consejo, si recurres a ese truco pon a punto tu paciencia y tu cartera, porque el barman (que los subiditos ahora quieren que se les llame así) te va a tener un ratito esperando (buen momento para ir al baño) y te va a subir mínimo tres euros el precio normal de la copa.

Pero no, no es de eso de lo que quiero hablar. De lo que quiero hablar es del pan. El pan que ahora se ha puesto de moda porque es uno de los motivos (o excusas) para poder salir a la calle a dar un paseo. Hay barras de pan que llegan mareadas a casa, y otras que tienen dureza similar a un bate de béisbol, pero siguen saliendo día tras día a la calle.

Cuando yo era pequeño había tres tipos de pan, o al menos eso era lo que yo pensaba. Estaba el pan de hoy, el de ayer y el pan de molde (que siempre lo hemos llamado pan Bimbo). Y ya, no había más. Vale que como muy poco de pan porque mi hermana Maca se comía el suyo y el mío (y yo soy el mayor), pero ahora me he dado cuenta del despliegue de panes que existen.

Hay panes duros, blandos, grandes, pequeños, de trigo, de maíz, multicereales, más tostado, menos… Un follón.

Porque llegas a la panadería y tú, que como yo siempre has sido ingenuo, piensas que es un trámite sencillo. Error. Hola quería una barra de pan ¿Pero una barra, un colón, una chapata, una baguette…? Una barra ¿Pero de trigo, integral…? Uf no sé, normal, de trigo ¿Pero de leña? No sé, normal, una barra ¿Pero más tostada o más blanquita? Y chico ya te desesperas, que te dan ganas de hacerle al panadero ¡pan, pan! Y que te deje en paz. Con tantos tipos de pan al final acabas llevándote lo que quiere el camarero, como con el barman.

Hay picos, regañá, grisinis, pan de leche, tortos, arepas… Hay un mundo, hay hasta pandemia, pero de esa no quiero hablar.

Kike, mi nuevo compañero

Seguro que la mayoría de vosotros ya lo sabéis, pero para los no iniciados, os comento que desde hace dos meses comparto piso con un perro, más en concreto un cachorro, bueno más bien un cacharro. Se llama Kike y tiene tres meses. El nombre viene por algo que no se me da mal del todo: venganza. Porque en su día ya os conté que un amigo le había puesto a su perro de nombre Fercho (buscad el post aquí) así que… ¿Adivináis cómo se llama mi amigo? Pues eso.

Kike tiene solo tres meses y estamos en proceso de adiestramiento y de enseñarle modales. Es cierto que con el tiempo libre que tenemos por el bicho le he pedido tantas veces la pata que ya él de vez en cuando me la da solo a ver si cae chuche (true story). Pero hay una serie de cosas de las que me he dado cuenta que paso a relataros con mi carácter dicharachero habitual.

He escuchado muchas veces eso de “los perros tienen dueño, los gatos sirvientes”, pero vamos a ver, qué digo yo que si tengo que ponerle l comida, la bebida, sacarlo de paseo, llevarlo al médico, comprarle juguetes… ¿Quién es el que manda? Que no, que no os engañen, que el jefe de prensa de los perros se lo ha currado y nos l ha colado, que es todo un complot para que no nos demos cuenta de la supremacía del perro. Los perros son el poder en la sombra, son Hydra para los Vengadores, son el Patriarca para Los Caballeros del Zodiaco, son Irene Montero para Pablo Iglesias.

Y sí, he dejado de lado la más grande de las humillaciones, lo que de verdad nos convierte en mayordomos y mayordomas (toma lenguaje inclusivo). Las cacas. Bueno, recoger las cacas.

En este sentido hay dos opciones, la buena y la mala. Bueno, mejor dicho, la mala y la peor. Porque ya vemos cómo algo natural eso de ir por la calle y tener que sacar una bolsa para coger la caca de nuestro perro. Esa caca calentita y maloliente que introducimos en la bolsa mientras nuestro perro nos mira pensando… Me acabo de cagar y lo has limpiado tú. Que de pequeño llevaba chuches en el abrigo, luego dejé los bolsillos vacíos y ahora… Ahors llevo bolsas de cacas y chuches, pero para perros (de chuches a chuches, el ciclo de la vida).

Pero está la otra opción, la que es peor, la que gusta mucho menos. Porque Kike tiene tres meses y eso de dentro y fuera todavía está en proceso. Y de repente estás en casa y te llega un pestilente hedor que te avisa de una reciente deposición. Vamos que se ha cagado el perro. Y vas, y contienes la respiración, recoges el “regalo”, friegas el suelo (porque yo en casa suelo ir descalzo y en caso de despiste…) y abres la ventana y tiras de ambientador. El ambientador en casa de alguien que tiene perro es similar al botafumeiro en la Catedral De Santiago, sirve para enmascarar los malos olores.

Pero yo, ahora que tengo perro, tengo dudas, muchas dudas. Si el perro me lo han regalado (adopta no compres) ¿Es un candado? Si quieres ser artistas ¿Será cantante? Si quieres algún extra en la hamburguesa ¿Pedirá cancamusa? Si le compro chorizo ¿Tiene que ser de cantimpalos? Si nos vamos de viaje ¿Querrá ir a Canadá?

Vivo en un mar de dudas. En el cantábrico, claro.