Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Cositas

No sé si os pasa a vosotros, pero a mí sí y claro como me pasa a mí pues os lo cuento, a fin de cuentas para eso es un blog ¿no? Yo os suelto una chapa y vosotros, pobres de vosotros, pues me escucháis. Chincha rabiña. Bueno, el caso es que cada vez que visito la casa de mis padres o hermanas veo que todo está lleno de cositas. De objetos pequeños colocados por los rincones con una mera función estética. Seguro que a vosotros os pasa lo mismo con las casas donde y vive (y por tanto manda) una mujer, es más, estoy por aportar que si vives en pareja al terminar de montar la mesa de enfrente de la tele, parpadeas y ya tiene encima dos cajas, una vela, un cenicero (pero no uno cualquiera eh, uno de esos que pone “recuerdo de…”) y alguna revista de decoración. Por cierto, el nombre de revista de decoración está muy bien puesto, y es que sirven para eso, para decorar.

Lo de la vela tiene delito. Porque está mal pensado, no es práctico. Se supone que una vela sirve para dar luz, pero vamos, digo yo que si es para eso mejor pon una linterna. Oye o si te empeñas en lo de la vela, qué menos que dejar un mechero al lado, que si no a oscuras lo vas a tener complicado para encontrarlo. Todo el mundo sabe que los mecheros son como los bolis, si miras despistado los ves en todos lados, pero como necesites uno urgente lo normal es que, o no aparezca, o no funcione. Vamos que creo que todos hemos hecho eso de escribir fuerte con un boli que no pinta en un papel, para ver las marcas luego y leerlo.

Pues no, te ponen una vela. Y a las velas ahora les pasa como a los perros, que antes eran delgaditas y estiradas, y ahora las hay de todos los colores, formas y hasta olores. Pero claro es que las velas sirven para decorar. Y tú, iluso de ti, piensas que si se trata de decorar la mesa podías poner ahí encima el trofeo del torneo de mus de la fiestas del pueblo del que estás tan orgulloso. Pues no, tu precioso trofeo va a ir pasando por tres ubicaciones, primero irá a la repisa del cuarto de invitados, después al trastero y más tarde a la basura. Porque claro, es que tus cosas no pegan. Y tú ves todo tipo de trastos, zaleos, apechusques por todos lados, pero tus cosas no pegan.

Porque yo creo que una casa para una mujer es como un puzzle, hasta que no ha conseguido poner todas las piezas no está terminada. Y tú que lo que quieres es poner los pies encima de la mesa para estar cómodo viendo la tele te das cuenta de que tienes dos problemas: ni tienes sitio para ponerlos, ni tienes permiso.

Pero no te quejes, digas lo que digas nunca tendrás razón porque, a fin de cuentas tú elegiste la tele.

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El orinal de lo original

Muchos quieren ser guays, o chachis (¿os acordáis del gato Chachito?), o molomes o similar. Pero muchos eh. Vamos que de un tiempo para acá todo el mundo está encantado de ser una “rara avis” y de que no haya quien le entienda. Y la verdad, desde mi punto de vista y como siempre, todo en su justa medida. Porque vale, es verdad que puedes salir a la calle con los pelos de colores estilo loro, con ropa estridente y dando saltito y, a menos que seas Agatha Ruíz de la Prada, es muy probable que no te quede bien o, si lo prefieres, que a mí no me guste. Y también es probable que te dé igual que me guste o no, pero oye si me preguntas tan libre eres tú de hacerlo, como yo de opinar.

Y es que ves cada cosa que hace temblar al SS, y no me refiero a aquellas fuerzas alemanas tan malignas, hablo del sentido común, por cierto que el kilo de sentido común se debe haber puesto al precio de la sangre de unicornio, de las angulas o del metro cuadrado de playa en Benidorm en verano. Hay rumores de que nacemos sin sentido común porque la hipoteca que tendrían que soportar nuestros padres para comprárnoslo es tan grande que Matusalén, que vivió casi mil años, se la vería justito para pagarla.

Y así vamos, como ñus por el mundo, a lo loco, sin criterio. Y una cosa es ser y otra aparentar o forzar. No es lo mismo. Una cosa es ser una persona y otra crear un personaje. Tampoco es lo mismo. Vamos tan a bandazos y tan perdidos que lo que ayer era la panacea hoy es para meter bien en el fondo del baúl de los recuerdos (los que somos de cierta edad ahora acabamos de pensar en un uh uh uuuuh). ¿Un ejemplo? Ponte a ver fotos de cuando tenías quince años menos. Qué vergüenza eh, vaya pintas.

Lo más divertido de todo esto es que las diferentes marcas, las que más nos animan a ser nosotros mismos, a ser originales… Son las que quieren que vayamos todos con sus productos, es decir, todos iguales. Dadle una vuelta al tema.

¿Por qué te vas?

¿Por qué te vas? ¿por qué te has ido? ¿Por qué has dejado la puerta entreabierta sin fecha de regreso ni de caducidad? ¿Por qué saltas por mis recuerdos y lo pones todo patas arriba sin intención de ser, y mucho menos de estar? ¿Por qué?

Pensar, pensar sin hacer es uno de los mil absurdos que vivimos a diario. Sueños quebrados antes de nacer en la penumbra del cuarto. Luz que se cuela por debajo de lo que otros llaman vida. Y te huelo, te siento, te noto a un centímetro que se torna en dos si decido recorrer el primero. Casi, pero no. Puede, pero no. Quizás, pero no. Estás en el debe de la lista de sueños imposibles. Y te vas.

Te vas sin apenas haber llegado. Eres aquella estación de metro cerrada ansiando ser descubierta, pero inmersa en las profundidades de lo que pudo haber sido. Te veo irte, te huelo irte, te oigo irte y apenas te rozo dejando en la yema de mis dedos el recuerdo del calor que algún día me diste o me quisiste dar.

Yo me quedo. Me quedo con mis cadenas, con mis miedos, con mis ansias insatisfechas, con mis andares y maneras. Con mi yo en entredicho y redicho. Con mis lágrimas a flor de piel y mi sonrisa tatuada para que no se desdibuje. Tú te vas y yo me quedo. Y el aquí y el ahora es una mezcla de hiel e ironía que escuece y llena la sala de últimos suspiros.

¿Por qué no te quedas? Porque no.

 

Todo pasa

Conocí a una chica hace muchos años que solía decir esa frase. Todo pasa. Y digo conocí no porque haya muerto, creo que no, lo digo simplemente porque de la persona que yo conocí a la que es ahora hay un giro de 180 grados (cuántas veces la gente se confunde y dice 360). Y eso pasa muchas veces, que la gente lleva el mismo nombre, pero no es la misma persona. En fin, esto es otro tema.

El caso es que ella siempre me decía esta frase. Siempre que había un problema, que pasaba algo, que la vida no le daba, o no me daba lo que esperaba, salía con esa frase. Y la verdad es que no me gustaba nada. Me ponía muy nervioso. Y se lo decía, claro que se lo decía. Ella dibujaba en su cara una sonrisa triste (que las hay), se encogía de hombros y agachaba la mirada. Porque ella era así, ella quería ser así. No había pedido mi ayuda, ni mi consuelo y las ganas que yo tenía de protegerla o cuidarla simplemente no era culpa suya. Ella solo quería hacer eso, esperar a que todo pasara.

Ella siempre tuvo un brillo especial en los ojos. Había algo especial en ellos que me llamaron la atención desde el primer momento que la vi. Y tardé mucho tiempo en darme cuenta de que realmente ese brillo era una lágrima que estaba a punto de caer. Una lágrima que llevaba siempre atada a su mirada, que le daba luz a su cara y punzadas a su corazón.

Porque no quería ser feliz. Era simple. Me negué, peleé, pataleé como el niño al que acaban de quitan su juguete nuevo. Yo quería que soltara esa lágrima y se olvidara de ella. Que la dejara ir, que pudiera disfrutar de las pequeñas cosas, que pudiéramos hacerlo juntos. Pero es que ella no quería, o no podía, no lo sé.

Cuando lo entendí, cuando supe que nuestro futuro es que no había futuro entonces fui yo el que me puse triste. Y pensé que a lo mejor era verdad eso de que todo pasa. Pero no, al menos a mí no. Y decidí que no es lo mismo superar que asumir. Se parecen, pero no es lo mismo. Yo no podía con esa carga, por eso descubrí que realmente ella era la fuerte de los dos. La imaginé como una gran presa sujetando un gran caudal de sentimientos y jirones de alma. Con la fuerza presente e invisible del que hace todo para que parezca que no hace nada. Ella plantada en frente del mundo y luchando contra sí misma.

Todo pasa. O más bien pasó lo que tenía que pasar, así que pasado un tiempo decidí que tenía que pasar de ella. Y huí, lo reconozco, huí. Puse terreno de por medio y traté de plantar raíces en otro lugar. No todo fue culpa suya, aunque ella no ayudó. Y ella volvió a aparecer, al menos se llamaba igual que ella. Y sí, había soltado la lágrima, pero al romper el dique de su cara había quedado con una grita en la boca de ironía y resquemor.

Ya no brillaban los ojos, ya no agachaba la cabeza, ahora sólo dejaba manar sin control las aguas putrefactas que tanto tiempo había dejado estancadas por la apertura de su boca. Y pensé que igual esto se le pasaba. Más bien deseé que así fuera. Pero no, no todo pasa, no siempre pasa. Y ahora fue ella la que pasó de mí y, paso a paso, pues rumbo a otra vida. Debió remontar su río interior, volver a los orígenes, acercarse a las nubes, al aire puro, a la sencillez. No, no fue lo que hizo. Prefirió dejarse llevar por sus aguas fecales y emponzoñarse en las cloacas de su vida. No he vuelto a saber nada de ella. Paso de hacerlo.

Academias Opening

En España, en general, hablamos inglés de una forma que va entre fatal y como el culo. Y solemos estar orgullosos de eso, pero vamos que del orgullo absurdo que a muchos les produce la falta de conocimientos ya hablamos otro día. Y es que es así, siempre se nos ha dado mal eso del inglés, y claro, nosotros que somos muy así, nos lo hemos traído a nuestro terreno. Porque también es muy español eso de pretender que el mundo se adapte a nosotros, y no ser nosotros los que nos adaptamos al mundo.

Que de repente se cerraran todas las academias Opening debería habernos dado alguna pista. Y no, no es que fuera un timo, no es que hayan robado el dinero a los españoles sin darles los cursos que habían prometido. Qué va, lo que pasa es que los pobre nos podían más. Los profesores de las academias llevaron el caso al Tribunal de la Haya porque defendían que tratar de dar clases de inglés a los españoles iba en contra de los Derechos Humanos. Y no les quito yo razón eh.

Vale que las nuevas generaciones poco a poco le van cogiendo el gusto, van aprendiendo por dónde van las cosas y ya no son tan brutitos, pero los de mi quinta para atrás… Vaya tela. Y hay pistas, hay señales que nos recuerdan lo brutos que somos. Por ejemplo yo, que soy algo friki, veo varias. Primer ejemplo, a mí siempre me gustó la peli de El retorno del yedi (ya sé que se escribe con j, simplemente lo pongo como suena), pues no, ahora resulta que son los caballeros yedai. A mí me gustaban los comics de espiderman, pero ahora resulta que ahora ha cambiado de nombre y se llama espaiderman. Esto me recuerda una una broma que suele hacer mi madre que siempre dice que Maikel Daglas es el hijo de Kirk Duglas.

Y yo sí sé inglés, más que la media de mi generación al menos, pero como era lo que yo oía pues al final lo haces tuyo. Es como la red Güi Fi, nosotros lo decimos así y nos quedamos tan anchos. Intenta pedir la clave de la güifi en cualquier país de habla hispana, o se descojonan, o te miran raro, o las dos. Porque ellos hablan del guaifai, y tienen razón, pero claro nosotros somos de ir a nuestra bola.

Pero sí es verdad algo que leí el otro día a Fernando López Mirones (si no lo seguís es FB hacedlo, merece la pena lo que suele opinar). Vamos a ver, una vez que se ha producido el Brexit, ¿qué país de habla inglesa queda en la UE? NINGUNO. Y si ningún país tiene este idioma como lenguaje oficial no tiene sentido que lo siga siendo de la UE. Y por mucho que no les guste a alemanes, franceses o italianos, el idioma con más peso específico en este momento en la UE es el español. Pero vamos, que como siempre haremos en nuestras casas lo que nos dé la gana y agacharemos la cabeza cuando salgamos fuera. España es así. Spain is different.

 

 

 

lopez mirone español

 

Cosas que nunca he hecho

Parece que hay algunas cosas que todos damos por hecho, por cumplidas, que todos tenemos en nuestro debe y nadie duda de que no es una asignatura pendiente. O al menos todo el mundo dice que están en páginas pasadas del calendario de su vida. Pues no, al menos yo no, yo tengo flaquezas, tengo taras, tengo metas por cumplir y apuestas que aún no he hecho. Tengo facturas pendientes conmigo, contigo y con todos mis compañeros.

Porque nunca me he bañado de noche en el mar, en una piscina sí, pero creo que no es lo mismo. Y hablan de la magia de bañarse viendo las estrellas, sí que he dormido al raso, varias veces, aunque quizá en ese momento no supe apreciarlo, no me paré a mirar. No le dediqué esos tres segundos que predico a ver el espectáculo. Y es algo que creo que nos pasa mucho, valoramos las cosas antes o después, pero no en el momento en que nos suceden. Y es una pena.

Nunca he visto Casablanca, ni Lo que el viento se llevó, ni… Bueno hay muchas películas de las que se consideran grandes clásicos que no he visto. No me han llamado la atención, tampoco nadie me ha dicho que las viéramos juntos. Quizá con estas películas pasa como cuando un amigo se va a vivir cerca de tu casa. Haces mil planes para verle, pero como lo tienes tan a mano, como es tan sencillo quedar, pues lo vas dejando. Pasan los días y lo vas dejando. Lo malo es que a veces la gente se muda, y ya no es tan sencillo, ya no es tan fácil, ya no vive a la vuelta de la esquina. Y te arrepientes, claro que te arrepientes, en la vida sueles arrepentirte más de las cosas que no haces. Al menos a mí me pasa.

Nunca he probado la quinoa. No tengo ni idea de a qué sabe. Pero ni idea. Y claro que sé lo que es, porque ahora tienes quinoa hasta en la sopa, bueno en realidad no sé si se hace sopa de quinoa, pero vamos que es otra de esas modas que de repente tienen un boom y vamos todos como borregos. Pues yo no, al menos de momento no. Mañana puede ser que sí, pero ahora no.

Nunca he pedido un  menú para dos. Porque casi siempre he sido uno. Y vale, se puede pedir un menú para dos con amigos, familias o mascotas. Pero no se ha dado el caso. Y yo quería el mío, o la otra persona quería el suyo. Y no sé si esto es de independiente, de egoísta o sólo ha sido casualidad. Ni idea. Curiosamente sí que he pedido menú para tres. En muchas cenas por mí hemos sido tres, o cinco, o siete. Es lo que tenemos los solteros, a cierta edad convertimos las cenas en impares. Somo el plato que aparece en la cabecera de la mesa, donde nadie quiere sentarse.

Nunca he podido hacer algo con mis manos de lo que sentirme orgulloso. Ni pintar, ni construir ni nada similar. No fui capaz de montar una mesilla de Ikea, no puedo colgar un cuadro, no puedo dibujar un mapa… Todas esas cosas quedan fuera de mi alcance. Y me da envidia ver a la gente que lo hacen con tanta facilidad. Suelo quedarme mirando impresionado, admiro todo lo que yo no soy capaz de hacer.

Nunca he plantado un árbol, ni tenido un hijo, sí que he montado en globo, una vez hace muchos años y la verdad que me decepcionó un poco. Vale que las vistas merecían la pena, pero apenas sentí cómo subía o bajaba. No sé, hay algunas cosas en la vida que tendemos a mitificar tanto, que cuando suceden nos saben a poco, se nos quedan cortas.

Nunca he hecho ninguna de esas cosas, hay muchas que tampoco. No sé si es bueno o malo, sólo sé que es verdad.

 

 

Los peligrosos chalecos de colores

No sé si pasa en todas las ciudades, al menos en Madrid sí. Por la zona centro cada vez ves a más gente con chalecos de colores. Pero de colores llamativos eh, de rojo, de rosa, de azul… Nada de esos tonos tierra que le gustan tanto a mi madre, qué va, cuanto más se vean mucho mejor.

Y todos esos que llevan chaleco suelen tener algo en común, llevan una carpeta. Parece raro, pero todos la llevan. Y no, no es que sea el nuevo uniforme de los colegios, qué va, es mucho peor, mucho más incómodo, mucho más peligroso. Porque estos seres enchalecados son los representantes de las nuevas sectas, las ONG. Y quieren introducirte en su mundo, quieren captarte, dominarte, llevarte a su lado oscuro. Y te sonríen para esconder sus oscuras intenciones, pero desconfía, ten miedo, huye si puedes.

Y los ves ahí, parados en la calle, situados estrategicamente en los semáforos para que no tengas escapatoria, para que no puedas huir. Y dudas entre dejarte caer en sus garras o lanzarte al tráfico y que sea lo que dios quiera.

Pero yo he aprendido a lidiar con ellos, a esquivarlos, a sobrevivir en ese mundo de depredadores con chaleco. Por eso os voy a dar unas normas, unas pistas, unos métodos para conseguir llegar a mañana.

Nada de contacto visual. No se te ocurra. Notarás cómo ellos tratan de buscar tu mirada, cómo giran la cabeza para buscar tus ojos. Son de otra raza, su cuello gira más de lo que puedas imaginar. La niña del exorcista era un miebro de una ONG con un mal día.

Ten la excusa preparada. Unos segundos de duda pueden ser tu perdición. Nada de tardar dos segundos, pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte. Una frase clara, seca concisa.

Nada de pararse, nada de dejar de andar. Huye, corre, sálvate. La naturaleza es sabia, la gacela, el ñu, el conejo, huyen de los depredadores.

Cascos y gafas de sol. Escóndete, haz que no oyes, que no ves, que no pueden tratar de chupar tu alma.

Y si todo eso falla… Señores ir pensando el color que más os gusta para ser un enchalecado más.

Objetos infrautilizados

Hay muchos objetos que nos rodean que están infrautilizados, pero claramente. Que no les sacamos todo el jugo, que no aprovechamos todo el rendimiento que podrían tener. Y lo sabemos, y lo curioso es que el día que los vamos a comprar nos engañamos a nosotros mismos pensando en lo mucho que los vamos a usar.

Y esta infrautilización se puede dar de dos modos. Por un lado puede ser que no empleemos todos los usos que el objeto tiene. Se me viene a la mente la clásica navaja suiza, con sus mil accesorios y que cuando la compramos nos encanta despegar. Y después, como mucho alguna vez usamos la navaja, pero las tijeras, destornillador, sierra… No vuelven a ver la luz (si eres  Mac Gyber  que sepas que tú no cuentas).

También está la otra forma de infrautilización… Vamos lo que es usarlo poco. Ahora me viene a la cabeza otro objeto, la yogurtera. Los que fuimos a EGB seguro que alguna vez hemos visto una de esas yogurteras en nuestras casas. Seguro que hemos oído esa frase de “ya verás qué bien, podemos hacer nuestros propios yogures” y seguro que nos olvidamos de ella en cosa de una semana y pasó a formar parte de esa fauna escondida en el armario del final de la estantería arriba. Siempre he pensado que ese armario es el Guantánamo de la cocina. Entrar en él es entrar en el olvido, no poder ver la luz de nuevo en años. En ese armario es donde se esconden las velas de cumpleaños usadas, y todos, todos sabemos que la próxima vez que te hagan falta comprarás otras.

Pues bien, hay varios objetos que son claramente infrautilizados. El primero es el microondas. Lo usamos para calentar  y punto. Y mira que nos han comentado que puede valer para mucho más, que se puede usar para cocinar un montón de cosas, incluso creo recordar que había un programa en Canal Cocina (Canal Huevo Frito que lo llama mi hermana) que hablaba de recetas usando el microondas (sí, veo Canal Cocina), pero al final lo usamos para calentar y ya. Y lo usamos eh, la vida sin microondas hoy en día sería diferente, sobre todo en los bares que los pinchos pasan a tu boca después de treinta segundos en el aparato.

Otro objeto que usamos poco o nada es el cacharro de la batidora que vale para picar. ¿Alguien lo ha usado alguna vez? Yo creo que es lo típico que sacas de la caja de la batidora y lo pones en un cajón con las instrucciones. Ahora que lo pienso, no hay nada usado que las instrucciones de los electrodomésticos. Yo creo que si pusieran la portada escrita y todas las páginas interiores en blanco, no nos daríamos cuenta. Pero eso sí, todos las guardamos. Ni idea de por qué, pero las guardamos.

Las bicicletas estáticas. Nos da el punto de “quiero ponerme en forma, pero no quiero que los demás en el gimnasio vean mis desgracias”, así que comprabas la bicicleta, o te ibas al sótano y subías esa de color azul clarito que tuvo su padre en su día. Y te pones morado, pero no de hacer deporte, si no de darte golpes con el bicho ese que siempre está en medio.

Los discos duros reproductores tienen el mismo sino, ya hemos llegado a la fase en la que, poco a poco, van desapareciendo de las casas, pero antes estaban ahí, orgullosos entre el DVD y el descodificador del satélite. Más cacharros de esos, más despliegue de poder, de estar a la última, de no privarse de nada. Además siempre me pareció curioso que cuando la gente te decía lo que era ese cacharro, no te contaba que tenía pelis o series muy buenas, te decía que tenía muchas. Daba igual que fueran pelis de Pajares, de Esteso o las que le gustan a mi primo Jose, el caso es que hubiera muchas.

Y estoy seguro que hay mucho objetos más que sufren este mismo fenómeno, pero por hoy ya es suficiente.

Charcos a mí

Hacía mucho que no me metía en un charco metafóricamente hablando, bueno, mi hermana Reyes decía que temía por mi salud por la última columna que he escrito para La Gaceta de Salamanca, pero oye, aquí sigo sano y salvo. Creo que las personas a las que nos pagan por opinar no podemos escribir pensando en quedar bien con todo el mundo. Eso no es opinar, eso es un bienquedismo zafio y rastrero que busca embolsar unos euros.

Pues eso, que hacía mucho que no me metía en charcos por aquí, y me vais a permitir que hoy me ponga más en plan periodista que en plan loco pensador (algunos lo llaman libre pensador, pero creo que mi término me pega más). Porque me apetece decirlo, porque tengo que soltarlo y porque yo lo valgo.

Hoy es el Día de la Mujer. Vale, lo primero que quiero señalar es el cambio de nombre. Vamos, que hasta el año pasado, era el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y ahora se ha acortado, pero no creo que haya sido por economía del lenguaje. Y la verdad es que este matiz me parece correcto. El apellido de trabajadora que llevaba el Día de la Mujer, daba entender que las mujeres que trabajaban eran una excepción, que no era la habitual. Es verdad que hay trabajos remunerados y otros que no lo son, pero no por el hecho de ser no remunerados, no quiere decir que no sea un trabajo. Sí, estoy hablando de las mujeres que se hacen cargo de sus casas y de sus hijos. Hay que tener muy en cuenta que es precisamente el hecho de que la mujer se haga cargo de estas tareas, lo que permite a su pareja poder salir de casa a desempeñar su labor profesional. Si hay gente que cobra por hacer lo mismo que tú, es que es un trabajo, y las empleadas del hogar llevan en nuestra sociedad muchos siglos.

Vale, en la primera parte de acuerdo, pero vamos al charco que es a lo que hemos venido. Una exaltación del feminismo es lo más alejado a buscar la igualdad que pretenden y, por supuesto, merecen.Es verdad que queda camino por recorrer, pero ésta no me parece la mejor fórmula de conseguirlo. Y hay algo en concreto que me da rabia, que no lo entiendo. Ya hoy, desde primera hora de la mañana, me he encontrado mensajes del tipo “las mujeres somos mejores” en las redes sociales. Y no, lo siento, pero no lo sois, no sois mejores que yo. Sois diferentes, nos complementáis y tenéis el mismo valor que nosotros. Pero no sois superiores, no me voy a sentir inferior delante de una mujer y tengo muy claro que no somos iguales. El manido recurso de infravalorar lo mío, para exaltar lo tuyo ya cansa. Es una muestra de falta de argumentos. Ojito que no estoy generalizando, si no que, en este momento, estoy retratando a las feminazis que apuestan por la muerte del pene. Poco respeto puedes exigir, cuando lo primero que haces es falta al mismo. Una estrategia similar a la de los podemitas, que exigen la libertad de expresión, pero amenazan y atacan a los periodistas que no son afines a ellos, como ha denunciado la APM (Asociación de la Prensa de Madrid).

Por desgracia no es en el único ámbito en el que se emplea esta estrategia. Estoy harto de ver a determinados nacionalistas faltando al respeto a España (ojo, vuelvo a lo mismo, estoy hablando de radicales con poco cerebro y muchas ganas de atacar, pero son bastantes). No creo que Cataluña mejore en nada, diciendo que el resto de España (querido amigo, te guste o no tú eres español) es una mierda. En nada. Defiende lo tuyo, exalta lo tuyo, di todo lo bueno que tenéis (que es mucho), pero no exijas libertades cuando lo primero que haces es faltarme al respeto.

Es absurdo, pero todo esto viene de largo. Viene de ni más, ni menos que de una guerra. A ver, que parece que en esta parte alguien se debe haber perdido, pero en las guerras muere gente, y muere gente de los dos lados. Que sí, que los nazis eran muy malos, pero no creo que a los nazis se les derrotara a base de poner flores en los cañones de sus armas como soñaban los hippies en Woodstock (soñaban despiertos con varias ayudas). Cuando una guerra llega a producirse es evidente que la sociedad en su conjunto está en un error, pero cuando la guerra termina es necesario olvidar, perdonar y avanzar.

Y hay otro matiz que hay que recordar, en las guerras hay vencedores y vencidos, y son los vencedores los que imponen su modelo de sociedad, de gobierno, de economía… Es similar, salvando las distancias, a las elecciones al Gobierno. Y es curioso que aquellos que perdieron la guerra y aquellos que han perdido las elecciones pretendan marcar el ritmo de nuestro país. Porque ahora les ha dado por borrar todo aquello que recuerda aquella guerra, desde estatuas, calles, plazas… Siempre se ha dicho que el que olvida su pasado tiene el riesgo de repetirlo. Y hubo víctimas, pero las hubo por los dos lados, hubo héroes, por los dos lados y hubo momentos históricos, por los dos lados. Y todos ellos deberían tener el derecho de perdurar en el tiempo con su reconocimiento, los de los dos lados, por supuesto.

En fin suficientes charcos por hoy. Seguro que muchos no estáis de acuerdo con algunas de las cosas que he dicho, puede que algunos no estéis de acuerdo con ninguna. Al menos por mi parte tenéis la opción de hablar de todas ella conmigo, puede que no lleguemos a un acuerdo, pero no hay que estar de acuerdo en todo para respetarse y llevarse bien.

Y qué

¿Y qué si dicen que no podemos? Si nos cosen a leches, si nos traban las piernas. Si nos cuelgan pesos de los pies, si nos cortan las alas, si nos minan la moral, si nos miran mal, si nos pierden el respeto, si nos dan de lado o nos dan la espalda. ¿Y qué?

¿Y qué si no creen en nosotros? Si nos marcan con el no puedes, si nos gritan al oído las mil verdades a medias, que son las mayores de las mentiras. Si se ríen de nuestras caídas, si nos quieren hacer sentir pequeños.

¿Y qué si no es sencillo? Nadie dijo que lo fuera, nadie pensó que se podría, nadie nos dio un voto de confianza, ni una palmada en la espalda, ni un guiño cómplice.

¿Y qué? Porque los dos lo sabemos, porque yo lo valgo, porque tú lo vales, porque los dos podemos.