Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

El mundo de los unos

El mundo de los unos es un mundo complicado. Y no, no hablo de los hunos, que esos son otros. Por cierto que para los que piensen que la ha no vale para nada ahí tienen un ejemplo. Lo que puede cambiar el significado de todo una letra eh, vamos que no es lo mismo pata, que peta, que pita, que pota, que puta. Nada que ver. Pero bueno, como os iba diciendo el mundo de los unos es complicado. Nadie piensa en los unos, nadie piensa en nosotros.

Los unos somos los que vivimos solos, los que no tenemos pareja, los que no tenemos ni hijos, ni mascotas ni nada similar. De verdad que el mundo no está pensado para nosotros. Lo tengo cada vez más claro. Porque podemos empezar por las festividades. No hemos conseguido superar la época dorada de los niños (esos días llamados Navidad), cuando nos encontramos de lleno con San Valentín. No un poco de piedad, por favor. Y claro, así estamos, algo desquiciados, hablando solos, con nuestras rarezas, nuestras manías… Pero la culpa es del mundo, de vuestro mundo emparejado que nos trata tan mal.

Porque si un uno quiere ir a comer, y tienen que ir a comer a un restaurante él (o ella) solo, lo primera que va a notar son las miradas de pena de los que le rodean. A ver señores, que no somos cachorritos enfermos, que no estamos deseando que nos adoptéis, que solo queremos comer. Nada más. Y eso de comer, bueno ahí también nos lo ponen dificil. Porque los platos que más molan siempre son para dos. La fabada es para dos, el arrozc con bogavante es para dos, el chuletón es para dos…

Pero es que, siguiendo en la idea de comer, tampoco nos lo ponen más sencillo si queremos pedir algo para comer en casa. El propio Burger King nos tiene marginados (si alguien de Burger King me lee que se pronuncie), porque a ver, un pedido mínimo de 15 euros son dos hamburguesas, dos refrescos y dos raciones de patatas fritas… ¿Alguien se come eso? Ah, pero claro ahora veo un montón de campañas diciendo que tiramos un tercio de la comida que compramos. Siéntete culpable Burger King.

Si vamos a un supermercado la cosa no mejora. Las cantidades no están pensadas para el “unismo”, qué va. Y vale que en algunas cosas no importa. Un paquete de pasta lo puedes comer en las dosis que te apetezca. Pero por ejemplo, esas bandejas de queso en lonchas, nunca las compro porque a menos que quiera hacer la dieta del sandwich mixto (que no creo que sea tan efectiva como la de la alcachofa) al final se me acaba poniendo de un tono verde pantano poco apetecible. Pero no, no solo pasa con el queso. Con la leche tres cuartos de lo mismo. Si abro un brick de leche suelo darme cuenta de que, a menos que me tome más cafés que Castle y Beckett, la leche del principio me gusta, pero la de grumos del final no tanto. De nuevo tiramos comida. Culpa de los supermercados.

¿Pensáis que solo comer es un problema para nosotros los unos? Ja, qué va. ¿Qué pasa con los hoteles? Tú llegas y dices… Quiero UNA habitación, para UNA persona. Una persona, una cama ¿fácil no? Pues no ¿qué es lo que te encuentras? Dos camas. Ellos lo llaman “habitación doble de uso individual”, pero en el fondo quieren decir “habitación para un triste que vive pasa los días solo”. Y te metes en la cama, y pasas la noche pensando en la cama libre de al lado y quién podría ocuparla en este momento. Lo que pudo ser y no fue. Es cruel.

¿Que si ya he terminado? Qué va. Hasta las compañías de teléfono están en nuestra contra. Mirad ayer quise cambiarme de compañía, por cierto, que al hacer una portabilidad y luego anularlar mi actual compañía me rebajó 20 euros la cuota mensual y me ha dado muchos más servicios. Eso, al menos a mí, me da que pensar, pero esa es otra historia que debe ser contada en otro lugar. En fin, que en ese proceso de analizar ofertas la mayoría de ellas incluían DOS líneas de teléfono. Pero si soy uno, para qué quiero dos. Reespuesta: bueno, si eso la puede dejar inactiva, no es necesario que la use. Muchas gracias, no lo había pensado ¿le han nominado a usted para el Nobel de la telefonía?

Pero ¿y si viajas solo? Porque os recuerdo que en la mayoría ´normalmente en los trenes, aurobuses y aviones las plazas van de dos en dos, o de tres en tres. Y claro, tú vas a viajar y juegas a la lotería del acompañante. Puedes tener muy buena suerte (que la he tenido con alguien que tenía miedo a las turbulencias), o puedes tener muy mala suerte. Y entiendo que en ese sentido se están haciendo mejoras. Por ejemplo los vagones de silencio. Vale, entiendo que si un niño llora no es culpa del niño ni de su madre… ¡Pero mía mucho menos! También tengo que reconocer que en los autobuses de Autoperiferia o de Alsa tienen una fila de asientos individuales. Pero claro, sólo en la clase VIP (creo que Alsa lo llama Supra) es decir, que si vas de uno por la vida te tienes que poder permitir pagártelo. Pues no es justo oye.

Los unos deberíamos asociarnos, defendernos, apoyarnos. Los unos tenemos nuestros derechos y deberían ser reconocidos. Unos del mundo unámonos.

Quieren que os dejen

Quiero hablaros a todos los que tenéis pareja. Bueno, maticemos, a todos los que tenéis pareja humana, que las mascotas suelene tener mejor carácter y os quiere hagáis lo que hagáis. Mi mensaje es claro, conciso, sin lugar a ningún tipo de dudas… Cuidado. En serio, tened cuidado. Pero mucho eh. Yo tengo la sensación, la sospecha o llámelo usted como quiera, que más de una compañía está empeñada en que rompáis. Oye, que si estáis hartos de vuestra pareja y no sabéis cómo dejarlo, igual os viene hasta bien.

Me explico, que sé que soy difícil de entender (¿será por eso que estoy soltero?), llega el día D para las parejas. O más bien llega el día D para los comercios que se aprovechan de las parejas. Llega San Valentín, ese día en el que más te vale tener un buen regalo para tu novio/a si quiere que lo siga siendo. Y oye, llamadme loco (que ya me lo han dicho muchas veces), pero yo creo que hay algunos regalos que no son los más adecuados. De verdad que no. Hay algunos regalos que pueden acabar con la sugerencia de que os los alojéis en vuestras cabidades menos dignas (vamos, que os los metáis por el culo).

Que no vale cualquier cosa, de verdad que no. Que un vale para la depilación más que un regalo romántico parece una indirecta. Que regalar un alta de fibra óptica parece decir “me aburro tanto contigo, que mejor que tengamos algo que ver en youtube”. Que kilo y medio de panceta no afianza una relación. Y ojo, que acabo de decir algo en contra de la panceta… Yo, que llevo tres días soñando con panceta desde que vi el genial Pancetamol (para los poco informados buscadlo en google. Y no, no es una broma, existe). Que una experiencia de deportes extremos os puede llevar a habitaciones separadas. Concretamente cada uno en una planta del hospital.

La clave para elegir un buen regalo la encontré en la película Love Actually. Cuando un jefe le pregunta a su secretaria putón que qué quiere de regalo, ella responde “algo que quiera, pero no necesite”. Pues esa es la clave para triunfar. De nada a todos.

Entre paraguas

Hoy la verdad es que hace un día malo. Llueve, hace algo de viento y dan pocas ganas de salir a la calle. Y no podemos negarlo, no es que seamos unos románticos que nos gusta ver cómo las lágrimas del cielo languidecen por las aceras… No, lo que somos es un poco cabrones y lo que nos gusta es ver cómo los demás se mojan mientras nosotros estamos tan calentitos en nuestra casa.

En esas estaba yo, feliz mirando por la súper ventana de mi cocina… Por cierto, si una ventana es de suelo a techo ¿sigue siendo una ventana? Porque tiene más pinta de balcón, pero no tiene terraza. ¿Es un quiero y no puedo? ¿Tengo una ventana ciclada a base de estoroides? ¿Tengo aires de grandeza? No sé, pero bueno que estaba yo feliz asomado a… eso y, de repente me ha surgido una duda. De las grandes, enorme. Veréis, hay algo que está claro, si está lloviendo a cántaros, lo que los ingleses llaman cats and dogs (siempre me ha hecho gracia esta expresión y no sé por qué) está claro que abrimos el paraguas. Si no llueve el paraguas lo dejamos cerrado. Bueno, esto para los que son precavidos y tienen el sentido común de llevar paraguas, que creo que alguna vez ya es comentado que en mi desastrismo habitual siempre se me olvida.

Pero, y aquí está la clave, en qué momento hay que abrir el paraguas. Es decir, cuál es la cantidad de lluvia necesaria para que decidamos abrirlo. Está claro que eso depende de cada uno. Cuando son pocas las gotas que caen, eso que los más sofisticados llaman llovizna y los más llanos llaman calabobos, puedes ver paraguas abiertos y cerrados. Porque está en ese momento del sí, pero no, del ni contigo ni sin ti, del perro del hortelano, que ni come, ni deja comer.

Porque hay varias cosas que, si pretenden (porque lo pretenden) que vayamos todos a una y nos portemos todos igual, deberían establecer con unos criterios claros, que no haya dudas. Veamos algunos ejemplos. Hace frío o hace calor. No, así no, eso no aclara las cosas. Porque si un andaluz te dice que hace frío lo mismo están a 15 grados y eso para uno del norte es día de manga corta. Deberían tomar cartas en el asunto. Que publiquen en el BOE la temperatura a partir de la cual se considera frío e igual con la que hace calor. Un poco de consideración.

Otro tema que es bastante complicado, las raciones de los restaurantes (o bares, o tascas, o cafeterías, o…) Si nunca has ido te puedes hacer un lío. Nunca sabes si estás pidiendo mucho o poco. Vale usamos el comodín del público y preguntamos al camarero, pero volvemos a las mismas, igual lo que para ellos es mucho, para ti es un aperitivo. Vale, es verdad que con las hamburguesas y los chuletenos te suelen poner el peso, así que, digo yo eh ¿tanto les cuesta poner el peso de los demás platos? No creo que el gasto en tinta para las cartas sea tan exagerado.

Aunque si hay algo que de verdad crea conflictos, pero muchos, y estamos entrando en unas fechas en los que éste se va convirtiendo en tema estrella, es el tema de las relaciones de pareja. Porque a ver ¿en qué momento se decide que la chica con la que has estado quedando es tu novia? Y lo peor es si los dos miembros no piensan que estén en el mismo punto.Vamos, que pesentas a tus amigos a ese chica como una amiga y puede que pases con una frase de San Valentín a San Ballantines.

Un poquito de orden, el Gobierno debería tomar cartas en el asunto y marcar las pautas que, la verdad, estoy tan harto de verlos discutir sin llegar a acuerdos que valgan la pena, que por lo menos así van a conseguir que nos echemos unas risas.

Pequeños desastres del hogar

Estoy seguro de que a ti te pasa igual que a mí. Seguro que en tu casa hay un cuadro que no has colgado, un grifo que gotea, una puerta que cierra mal, un arañazo en la pared… Y esto puede ser por dos motivos: uno porque nunca se te ha dado bien el bricolaje y otra porque eres algo desastre. En mi caso son las dos. No sé si os he contado que hubo una chica que me gustaba (y bastante la verdad, aunque no me hizo ni caso) que se le daba genial todo este tipo de cosas, vamos que estaba para dar lecciones al vasco de Bricomanía (o eso decía ella). A mí, sin embargo, se me da bien la cocina. Éramos complementarios de una manera poco habitual, pero en pleno siglo XXI ya hay muchos modelos de parejas, de familias… O eso creo yo.

El caso es que todas las casas tienen esas pequeñas taras. Esos defectillos que les da personalidad.Conoces una casa cuando sabes, por ejemplo, que para abrir la puerta tienes que empujar con el culo mientras giras la llave, o para cerrar el grifo hay girar el mando fuerte de izquierda a derecha, o… En fin esos rasgos distintivos. Nuestro desastre personal. Qué aburrido es lo perfecto. Y es que somos vagos. Lo somos. Que vale que ponerse a colgar un cuadro necesita de cierta habilidad, de herramientas, de tiempo… ¿Pero poner una bombilla? Tengo lámparas en mi casa que llevan sin bombilla años, es más, he llegado a mover una lámpara cuando me hacía falta luz en una zona. Y ya no es el ir a comprar la bombilla, que parece como si tuvieras que hacer las doce pruebas de Hércules, porque cuando consigues hacer el esfuerzo titánico de traer la bombilla a casa, vas y la dejas encima de la mesa de la entrada. El ponerla ya si eso otro día, que por hoy ya has tenido bastante.

Eso sí, el gustazo que te da el poner esa bombilla, lo bien que te sientes contigo mismo. Y nadie te entiende, y te miran pensado “tío, has puesto una bombilla (suelen decir puta bombilla, pero eso suena feo)”. No te entienden, es tu bombilla, es tu gran obra. Lo has conseguido y no te dan su apoyo. Son tontos.

 

A-normal

Seguro que a ti también te han insultado, seguro. Porque a todos nos ha pasado alguna vez. No digo que sea bueno ni malo, solo digo que es verdad. Y puede que te lo merecieras, o puede que no, de eso la verdad es que no tengo ni idea, pero no es que me importe mucho para lo que te quiero contar.

La verdad es que insultos hay muchos, de todos los sabores y colores. Los españoles (y supongo que los de otros países también, pero yo conozco más a los españoles por motivos evidentes) cuando estamos enfadados tenemos un máster en crueldad a la hora de “definir” al que se ha cruzado en nuestro camino. Somos tan buenos en eso, va tan dentro de nuestro ADN, que muchas veces te das cuenta de que alguienes amigo tuyo cuando tiene permiso para insultarte. Puede que seamos algo masocas, o algo sádicos, o las dos. Vaya usted a saber, pero de eso que se preocupen los psicólogos que yo, como alguien me dijo algún día, solo soy un “junta letras”.

Lo dicho que te han insultado, y tú has insultado. Y entre los miles de insultos que hay, y los miles que te podrías haber inventado (ya digo que tenemos ese don), puede que alguna vez se te haya pasado por la cabeza, o por la lengua, el llamar a alguien anormal. Anormal, vamos que no es normal. Y es un insulto. ¿Es un insulto? No lo sé, lo dudo, vamos que no lo creo.

Porque si lo pienso con calma creo que el primero que soy un gran anormal soy yo. Porque tengo 37 años y no tengo carnet de conducir. Ni lo tuve, ni lo tengo y creo que no lo voy a tener.

Porque soy hetero, de derechas, de vestir clásico, me gusta el fútbol y los toros, soy más de tasca que de Bistró y además llevo un tatuaje.

Porque lo más parecido a una relación estable que tengo es un dinosauiro de peluche que se llama Eurastio. Y sí, hablo con él, y sí, duermo con él, y sí, vienen conmigo de viaje.

Porque hay días que los paso en pijama, pero luego me lo quito para dormir.

Porque siempre me pongo primero el zapato izquierdo.

Porque soy un hombre, pero lloro, y mucho. Lloro con las películas, lloro con los anuncios de la tele, lloro si me acuerdo de algo o alguien, lloro por que sí. Y lloro, pero lo escondo.

Porque soy tremendamente familiar, pero mi familia en muchos casos no comparte lazos de sangre conmigo.

Porque puedo pasarme dos días con antojo de comerme un whopper, llegar a Burge King y pedirme un Long Chiken.

Porque soy la persona tímida que más putadas se hace a sí mismo.

Porque soy único dando consejo y malísimo siendo coherente con lo que digo.

Porque si estoy en Salamanca digo que soy de Madrid y si estoy en Madrid digo que estoy en Salamanca.

Soy anormal por estas y otras muchas razones. Pero quizá eso es lo que define quién soy, cómo soy… Soy un anormal orgulloso. Decidido, ser anormal no es un insulto. ¿Algún anormal quiere ser mi amigo?

Una canita al aire

Vale, quietos que os conozco. Que ya estáis pensando mal y no. No voy a hablar de la “caidita de Roma”, del “teto”, de “tariro tariro”, de tener “jaleo” o similares. Me refiero a que tengo otra cana metafórica más (metafórica porque cuando me dejo la barba crecer me pregunto si seguirá existiendo el Just for Men…), otro signo que indica que va llegando mi vejez. No es la primera vez que hablo de este tema, pero para que os hagáis una idea os recuerdo los grandes momentos en los que te vas dando cuenta de que ya no eres un teenager, vamos un adolescente. Por cierto, lamento desilusionaros, pero por mucho que tratéis de autoengañaros los 30 no son los nuevos 20. En fin repasemos los puntos clave. Los síntomas que marcan la vejez, o al menos algunos de ellos.

  • Has visto jugar a los que ahora son entrenadores.
  • Ya no te molesta que te traten de usted.
  • Comer y un par de copas por la tarde es un plan maravilloso.
  • Te diviertes recordando “las que has liado”.
  • Si te encuentras a alguien y dices eso de “¡Coño cuánto tiempo!” ya no te refieres a meses, hablas de años.

Hay muchos más, lo sé, pero esto es una muestra. Pues bien, yo he sufrido una más. En mi proceso de transformación a mi viejo interior, todos llevamos uno dentro, he subido un escalón más. Gafas. Vale que son solo para ver de lejos, vale que el oculista me ha pedido que me las ponga solo para ir al fútbol, al teatro, al cine… Pero son gafas al fin y al cabo. Se acabó eso de “yo tengo la vista perfecta”, mi ancianidad me va dejando estragos.

Y claro, cuando uno es un poco cabroncete (y orgulloso de ello), tiende que juntarse que gente que también lo son. Y como suele decirse, mejor una vez rojo que cien colorado. Así que yo me armé de valor (valor como concepto, no la marca de chocolate) y subí una foto con mi nuevo aspecto al querido y odiado a partes iguales CaraLibro… La que me cayó, la que me está cayendo y la que me va a caer. Cabrones, os quiero, pero sois unos cabrones.

En fin, que los años pasa, y pesan y que, os guste o no, os quedan muchos a mi vera. Asumidlo.

Residuos sociales

Lo siento, pero si no lo digo reviento. Y me molesta el hecho de volver a asomarme a éste que era mi rincón de paz para soltar el cabreo que llevo ahora mismo.No puedo, no lo entiendo, se me escapa. Algo que se supone que está ahí para acercarnos, para unirnos, para ponernos a todos al mismo nivel, resulta que saca lo peor de nosotros y consigue que mostremos nuestra cara B.

Hablo de las redes sociales, más concretamente de Twitter, que sin lugar a dudas es la más cabrona de todas. Es un redil de cobardes, de tristes, de pajilleros, de personajes tristes, de buitres que se lanzan a por carroña. Hay de todo, claro, pero destaca lo malo. Porque eso de insultar sin dar la cara les pone, eso de tirar la piedra y esconder la mano se lo toman como una victoria particular, como una muesca en su ridículo revolver porque, aunque no lo quieran reconocer, lo tienen pequeño.

Y es que estamos perdiendo los valores, el respeto, lo que nos dignifica como personas. Bueno, un momento qué narices, lo están perdiendo ellos. Porque lo que hoy me ha hecho tener que sentarme a soltaros esto han sido los tweets que he leído por la muerte de Bimba Bosé. Repito por si no ha quedado claro, la muerte. No hablo de que se haya roto un pie, que le hayan puesto los cuernos, que haya perdido un vuelo. No, se ha muerto. Pues ni eso respetan algunos. No sé quién me dijo un día (y me encantaría acordarme), que todo tiene solución, menos la muerte. Bieno, pues yo creo que todo es criticable, menos la muerte.

He estado tentado de poneros algunos de los tweets que he leído, pero paso. Me niego a copiar esas palabras, yo no voy a pasar por ese aro. Sin embargo lo que más me ha dolido ha sido el comentario desafortunado del periodista Antonio Burgos. Y no, no voy a meterlo en el mismo saco que a los perros anónimos de Twitter que se hartan de ladrar porque saben que no pueden morder. No, no tiene nada que ver una metedura de pata con una carencia de personalidad, entendiendo personalidad como los rasgos que nos definen a las personas. Pero precisamente él, periodista con horas de vuelo, debería haber sido consciente de lo poco oportuno de su comentario. Y seguramente en cualquier otro momento que lo hubiera lanzado habría tenido aplausos, seguidores y loas. Puede que hasta las mías, pero no en el momento de la muerte de una persona y respondiendo al mensaje de despedida de su tío. Así no.

Sólo un día

El día era uno más. Uno de tantos. Unos segundos sumados que van formando el tiempo, que van dejando que todo pase sin que pase nada. Un día como tantos y tantos días como ninguno. Sólo un día, o todo un día, según se mire. Y no voy a decir que era mi día porque siempre he pensado que eso es egoísta, porque tu día no puede ser perfecto si nadie participa. Porque odio a los tontos que quieren ser protagonistas forzados en fechas señaladas. El protagonismo se gana, se trabaja, se consigue a base de personalidad y carácter, no de pataletas y exigencias injustificadas.

Era un día. Gris, sin alardes, sin fiestas ni adornos en las calles. Un día que no estaba marcado en el calendario ni aspiraba a ello. Era un día al que se le podían robar horas y no iba a darse cuenta de ello ni le iba a parecer mal.Hay días en los que el mundo no cambia, en los que lo mejor que puede pasar es que no pase nada, en los que sólo quieres que las horas se escondan y los minutos se deslicen entre tus dedos.

A veces nos angustiamos esperando lo extraordinario y nos perdemos lo ordinario, lo cotidiano, lo que es más real. Porque la vida no se crea a base de fuegos artificiales, la vida se crea en todos esos momentos en los que esperamos esa pirueta del destino que nos deje con la boca abierta. Y no pasa tanto, no nos llega tanto, no tenemos esa cuestionable suerte frecuentemente. Sólo dejamos que pase la vida, que pasen los día, que pase este día.

Hablan del día menos pensado, y pienso que simplemente es el día en el que pensamos menos, en el que no esperamos nada, en el que nos dejamos llevar hasta el segundo siguiente ensimismados en nuestra mismidad sin pretender nada más que una vuelta de tuerca y un ya se verá.

Era un día o es un día, quién sabe. Hoy es ayer con respecto a mañana y a quién le importa lo que yo digo. Un día del que no espero ni aspiro a nada. ¿Quieres cambiar mi día?

Cosillas sueltas

Hay una serie de cosas que me han pasado últimamente que pensaba que no daban para escribir un post por separado. Y es verdad, por separado no, pero juntas pues igual sí que pueden servir. Y claro que hay veces en las que tienes la necesidad de contar según qué cosas, o al menos yo la tengo. A veces pienso que lo que me pasa es que vivo solo, y claro no suelo tener a nadie delante para contarle las cosas que me pasan, o las que pienso.

Bueno aquí os dejo las cosillas de las que os hablo.

El otro día, el domingo, iba camino al Bernabéu e iban delante un padre y su hija. La niña tendría unos 4 años y llevaba una bufanda del Madrid.

Padre: ¿cómo va a quedar el partido?

Niña: Papá no tengo ni idea…

Padre: ¿pero no quieres que gane el Madrid?

Niña: Esa es otra pregunta papá.

Otra cosa.

Las mujeres pseudoembarazadas son peligrosas. Me refiero a mujeres que parece que están embarazadas, pero no. Porque hay muchas opciones que los que estamos bien educados metamos la pata. Y a lo grande. De verdad.

Tercera cosa.

Alguna vez os he contado que eso de las profesiones pretenciosas me llama la atención. Eso de ayudante de dirección en vez de secretaria, de técnico en residuos en vez de barrendero… Hoy he descubierto un nuevo caso, parece que la cosa va a más. Experta en limpieza del hogar en lugar de ama de casa (podía haber sido amo, que nadie me llame sexista, pero yo lo vi en femenino).

Cuarta cosa.

Nunca estamos contentos con el tiempo. Haga lo que haga nos quejamos. Yo el primero. El día que podamos decidir el tiempo que va a hacer… Discutiríamos porque no nos pondríamos de acuerdo. Esto nunca va a tener solución.

 

 

Patinaje sobre hoja

Creo que todos hemos oído muchas veces eso de que Dios hizo el mundo en seis días… Y se nota, pero es que es verdad. Le ha quedado a medias, por rematar, como ese álbum de fotos que empezabas con muchas ganas de pequeño, te currabas las primeras páginas, pegabas las fotos, escribías cosas graciosas y acababas harto. Tan harto que las últimas páginas eran un follón de fotos sin orden ni conexión puestas ahí para rellenar espacio. Bueno al menos esto nos pasaba a los chicos. Ellas siempre han sido más constantes.

Pues eso que el mundo no está bien rematado, que le pasa como a los contratos de los futbolistas, que le quedan flecos. Una de las muchas, pero muchas pruebas, de lo que digo es la mala combinación entre lluvia y hojas secas. Mala por no decir pésima, paupérrima o (como mejor se entiende) mala de cojones.

Que no es normal, que nos jugamos la vida, que cada vez que llueve tienes que ir andando a la velocidad del pingüino en tierra y con los andares ridículos de… Bueno del pingüino en tierra también. Porque las hojas secas en el suelo son el mal, ya hablé en su día del maligno sopla-hojas de mi amiga Blanca, pero en este caso son aún peor. Ellas están ahí esperando, sonriendo poniendo cara de inocente, llamándote para que acudas a ellas. Tienen la atracción del fuego, sabemos que quema, pero nos sentimos atraídos hacia él. Como con las mujeres (u hombres) malos, que sabemos que son mala opción, pero allá vamos sin paracaídas.

Y pisas sobre la hoja, sobre mojada y lo siguiente que tiene contacto con el suelo no es tu pie, es tu culo. Los dos sabemos que darás un salto para ponerte de pie y mirarás hacia los lados, con la esperanza de que nadie te haya visto. Primero mirarás hacia los lados y luego te mirarás a ti mismo a ver si te has hecho daño, porque las personas somos así, nos importa más lo que piensen lo demás de nosotros, que lo que realmente nos pase.

Vale, Dios no ha estado muy fino con esto, pero es que nosotros lo hemos rematado. Somos así. Tenemos el cerebro para hacer sudokus (menos yo, que nunca he hecho uno). Venga, vamos a pensar cómo ponerlo más difícil, cómo hacer de la calle una pista de obstáculos. Para mí que estaban reunidos los que hacen las calles el día de los Santos Inocentes y pensaron ¿qué ponemos para que los peatones crucen? Pues pon pasos de cebra que resbalen y verás qué divertido. Y así han quedado.

Llueve, hay hojas asesinas y los pasos de cebra me dan miedo… Creo que lo mejor es que hoy me quede en casa.