Mutaciones y otros fenómenos

por Fer Población

Ya está, se acabó. Ya no podía ser. Lo he intentado, pero me he dado cuenta de que lo nuestro era imposible. Hoy ha sido el día en el que me he tenido que despedir de Susa. Y es que Susa ya era muy grande y cada vez se traía más amigos, y claro al final poco a poco me estaban arrinconando y me hacía sentir incómodo. Hasta aquí hemos llegado. Susa era la pelusa que vivía debajo de mi mesa.

Empezó cual lindo cachorrillo blanquito y pizpireto correanto bajo las mesas, pero, con el paso del tiempo, fue ganando peso y mal humor y estaba cada vez más negra y molesta. Para mí que Susa tenía un pacto con la señora de la limpieza de la oficina. Un pacto mutuo de no agresión en plan vive y deja vivir. En este caso lo de señora de la limpieza está igual de mal puesto que llamar al día de San José día del padre, porque si está claro que hay algo que no era San José era padre de la criatura (o eso nos han contado).

Pues ya está Susa no está, Susa se fue, Susa se escapa de mi vida. Me vio llegar, escoba en mano, suplicó perdón, pero no. No podía ser. Susa se ha ido con su amigo  el moho del vaso de coca cola del viernes, otro amigo de la señora de la limpieza del que nos hemos tenido que despedir.

Hoy ha sido un día duro en la oficina. Ya somos menos, pero bien avenidos. Susa, descansa en paz.

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